La situación se da en pueblos como Crucitas de San Carlos y Escaleras de Los Chiles, Alajuela, donde claman al ICE para que coloque más torres de antenas celulares.
Ayer se consultó al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) si tiene planes para mejorar la cobertura en esa zona. José Pablo Blotta, director de la División de Negocio Móvil, respondió: “Vamos a revisar y estamos informando”.
Alfredo Arias, un pequeño ganadero vecino de Crucitas de Cutris, contó que cada vez que tiene necesidad de hacer una llamada debe caminar a pie dos horas o viajar 45 minutos en carro hasta la vecina localidad de Chamorro de Cutris.
Una vez que llega a ese pueblo debe subir a una loma y vigilar la pantalla del teléfono hasta ver las “rayitas” que evidencian la señal.
Igual le sucede al agricultor José Antonio Espinosa, quien habita en el poblado de Chamorro.
Él invirtió ¢250.000 en un celular de tercera generación, pero para llamar debe viajar a caballo 90 minutos hasta Moravia de Cutris y buscar una parte alta hasta lograr la comunicación.
Wálter Arce, dueño de una pulpería en Moravia de Cutris, afirma que la debilidad de la señal celular es la queja de todos los días por parte de los habitantes de caseríos aledaños como Tiricias, Jocote, El Carmen, Río Tico y El Jardín de Cutris de San Carlos.
“Un amigo de Río Tico me comentaba con cierta indignación que los celulares en esta zona solo sirven para verlos, como si se trataran de un juguete”, señaló.
Entre tanto, Danilo Solís, vecino de Chamorro, dijo que su sueño es poder usar el aparato en la casa. Hoy debe viajar kilómetros para enterarse de la salud de sus familiares que viven en Ciudad Quesada.
“Entre más nos acerquemos a la frontera con Nicaragua menos posibilidades tenemos de lograr señal”, manifestó Solís, quien culpa al ICE por no poner más radiobases para telefonía móvil.
A los problemas con el celular se une la falta de teléfonos públicos de tarjeta en estas comunidades. Los pocos que existen son dañados regularmente por vándalos.