
Además, la Cruz Roja y Bomberos reforzaron su personal en la zona para intervenir en caso de un desbordamiento.
Entre tanto, el buen tiempo de ayer, por momentos con sol, permitió a muchos lugareños limpiar sus casas, llenas de lodo y agua achocolatada, y secar desde sábanas hasta colchones y ropa.
Sin embargo, eso no es garantía de que haya mejoría, ya que ese río se desborda con el mínimo aguacero.
Los lugareños, temerosos, viven en los barrios de Pueblo Nuevo, Sitradique, La Julieta y Las Luisas, donde, todos los años, las autoridades deben acudir para sacar a hombres, mujeres y niños con “el agua hasta el cuello”.
Quienes seguían en los dos albergues habilitados desde la noche del martes dijeron estar agradecidos por la atención recibida, y solo esperaban una mejoría en las condiciones climáticas para regresar a sus casas.
Entre ellos, hay 22 ancianos a los que, la noche del martes, sacaron del centro para adultos mayores, donde se encontraban en peligro debido a las inundaciones.
El buen tiempo tampoco fue sinónimo de felicidad en Parrita.
Vecinos que se quedaron en sus casas, pese a ser anegadas y al peligro de ser arrastrados por una cabeza de agua, se quejaron porque nadie vino a verlos ni les dieron “comida o ropa seca”.
“Si dejamos la casita sola, se roban todo. Dormimos incómodos, pero, gracias a Dios, tenemos nuestras cositas. Nadie nos ha dado nada”, afirmó Milena Ordóñez Valle, del barrio Imas de Pueblo Nuevo.
Similar era la situación de personas que viven en El Dique, a la orilla del río Parrita, donde el agua subió hasta un metro y medio de altura, según narraron ayer.
Otros, como Doris Mora Badilla, de 32 años, y Carolina Mora Zurca, de 17, lo hicieron en tiendas de campaña que instalaron en un camino pedregoso, adonde no llegó el río.
A las 10 a. m. de ayer, desayunaron un pedazo de pan con un refresco comprado en una pulpería.
“No nos han traído comida”, dijo Doris Mora. Ella esperaba que dejara de llover para sacar el barro de su casa.
La situación de Silvino Campos Rojas y Flor Cascante Arias era aún más acongojante. A las 11 a. m. de ayer, el agua achocolatada del río Parrita les llegaba hasta las rodillas en la sala de su vivienda.
“Pasamos malas noches, casi no dormimos, pero, si nos vamos, nos roban todo. Pagamos ¢20.000 por mes de alquiler y nadie nos ha preguntado ni cómo estamos”, se lamentó Campos.
Xinia Guerrero y Jeannette Valverde, líderes del comité de emergencia de Parrita, aseguraron haber distribuido gran cantidad de cobijas y alimentos entre cientos de damnificados, y prometieron buscar casos pendientes.
En este sector de El Dique, unas 40 familias que viven junto al río sufren cada año el mismo problema, y, aunque les han ofrecido el trasladarlas a un sitio más seguro, las promesas no se han cumplido, según dijeron.