
Yo esperaría que el Ministerio sea de negociación y no de conflictos, no de confrontación; debe ser
En los últimos años estuvo vinculada con el sector privado. ¿Por qué vuelve al sector público y con un salario menos atractivo?
Por dos razones: porque tengo vocación de servicio público, las mayores alegrías profesionales las he tenido en la función pública al ver que se logra hacer algo o impulsar cosas en las que uno cree. Segundo, vuelvo con la ilusión de acompañar a Laura Chinchilla; ella fue mi compañera de nuestra época de alumnas de don Pepe; ella representa los ideales, luchas y sueños de estudiantes en la Escuela de Ciencias Políticas; y de ser parte de la historia que marca la primera mujer presidenta.
Es un ministerio difícil. No podría calificarlo de una manera tan dura como ustedes, pero sí es necesario levantarle su perfil.
El Ministerio debe ser mucho más activo en el diseño de una política de empleo de cara a la globalización; debe tener un papel importante, dirigir, sostener, apoyar una política de empleo que permita fomentar una fuerte competitividad en el país y que, a la vez, defienda los derechos de los trabajadores.
El área de resolución alternativa de conflictos entre patronos y trabajadores, que es relativamente débil, pero con buenos resultados. Es una alternativa más ágil y viable que un tribunal ordinario, donde el problema de los trabajadores se resuelve en dos o tres años.
Le puedo garantizar que el despacho de la ministra y los viceministros nunca cerrará sus puertas a las 4 p. m. El ritmo del trabajo lo impone el ministro.
Para eso está la inspección laboral, que debe estar orientada a que el salario mínimo se esté pagando, a evitar el trabajo infantil, a que no haya diferencia de salarios entre hombres y mujeres, a evitar el trabajo esclavo.
Hay pequeñas empresas que no lo pagan. ¿Qué hago?, ¿les cierro el local y queda todo el mundo sin empleo? O ¿cómo ayudarlos para que sean más productivos?
”La posición fácil para mí es vamos a ser absolutamente estrictos, que todo el mundo pague el mínimo, y esa es mi aspiración indiscutiblemente, pero me parece que debe ir aparejado al empuje en las pequeñas empresas, de manera que no caigamos en el extremo de cerrar fuentes de trabajo pequeñas.
”Cuando se trate de empresas muy pequeñas, valoraremos que, a la par de la prevención y el castigo del Ministerio de Trabajo, vaya una acción positiva que permita que esas pequeñas subsistan, mejoren y puedan seguir dándoles trabajo a quienes vivan de ellas”.
El tema de pensiones es una prioridad; ahí me dicen que hay unas 20.000 personas en presa. Eso es un incendio que tenemos que apagar a la brevedad posible, no solo por un asunto de justicia, sino porque estamos lidiando con un segmento de la población vulnerable, que se puede morir sin recibir su pensión.
El último año ha sido una política salarial creciente, y yo pienso que vamos a mantener una política de salarios crecientes.
Tenemos que ser sumamente realistas. Cuando estamos hablando del sector público (que es el referente para fijar salarios), yo no puedo comprometer recursos inexistentes. Sería muy demagógico ofrecer incrementos salariales si no hay contenido presupuestario.
Pienso que en Limón hay que seguir apoyando el proyecto de Limón-Ciudad Puerto, que tiene un componente laboral.
El trabajo informal es competencia desleal para los que están instalados. La informalidad no paga patentes, ni local ni seguro social. Pero, si existe, es por una necesidad social y porque la formalidad no puede absorberlos a todos. Tenemos que darles instrumentos, créditos, para que puedan formalizarse, pero no pienso perseguir a nadie porque esté en la informalidad.