La vida de José Manuel Ureña transcurría sin mayores sobresaltos hasta que a su teléfono celular empezaron a llegar mensajes del ICE diciéndole que tenía facturas pendientes de pago.
Según contó este periodista, vecino de Montelimar de Goicoechea, al principio él no le dio crédito a los avisos.
Creía que se trataba de un error, pues paga sus recibos telefónicos mediante un sistema de rebaja automática de su tarjeta de crédito.
“Un día me llamaron y me dijeron que tenía 48 horas para pagar, y, si no, me pasaban a cobro judicial. Cuando fui al ICE, me enteré de que había dos números a mi nombre y dos celulares que nunca compré”, dijo.
A partir de ese momento perdió la tranquilidad. En el ICE aparece que Ureña adquirió en enero de este año dos paquetes Kölbi, los cuales incluyen teléfonos celulares Samsung Omnia.
Luego de tres meses de consumo, quien cometió el fraude dejó de pagar la mensualidad. En uno de los servicios los pagos pendientes suman ¢488.002 y en el otro, ¢601.063, para un total de ¢1.089.055.
En su caso, dice, no se le ha extraviado ni le han robado los documentos personales, por lo que desconoce cuál fue el mecanismo utilizado por los delincuentes para suplantar su identidad.
El 25 de junio, Ureña planteó la denuncia ante el OIJ, luego pidió al ICE suspender el cobro.
Aunque en el Instituto le dijeron que sería exonerado del pago, hasta hace dos semanas le seguían llegando mensajes de texto con el cobro.
“Esto me ha robado la paz. Ellos me siguen cobrando por un servicio que no adquirí, Creo que el ICE, en su afán de vender, no protege al cliente”, comentó.
César Alpízar, de Detección de Fraudes del Instituto, afirmó que el cobro a Ureña estaba suspendido, pero por un error interno se le habían enviado los mensajes pidiéndole pagar.