Manzanillo, Limón. La voz de Maribel Fernández se escuchaba fácilmente en los alrededores de playa Manzanillo en Limón. Con sus filtros solares en mano y luego de colocarlos cuidadosamente en sus ojos, antes de ver al cielo, gritaba para animar a quienes tenía a su alrededor.
“¡Uy, vea, vea, vea cómo va avanzando!”, repetía constantemente desde que comenzó la fase parcial del eclipse solar anular. “Quiero que todos vean esta maravilla que nos da Dios en su creación”, dijo posteriormente a La Nación.
En sus planes iniciales no estaba ver el fenómeno celeste en esa playa del Caribe costarricense, considerada como uno de los mejores lugares para observar el espectáculo. Esta escazuceña pensaba ver el eclipse desde su hogar. Era su hija quien iría con sus nietos y hermanas. Sin embargo, ella no pudo asistir y Fernández, sin dudarlo, tomó su lugar.
“Es mi forma de celebrar mis 61 años, que los cumplo ahora el 6 de noviembre”, subrayó, no sin antes precisar que desde el 2012 celebra sus cumpleaños con más empeño, agradeciendo que está viva.
Ese año, le diagnosticaron un linfoma No Hodking, un tipo de cáncer en el que las células malignas se desarrollan en el tejido linfático. Aunado a eso, en el proceso se contagió de malaria.
“La vi fea, pero mi Dios es más grande”, recordó esta funcionaria pensionada del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT). Desde entonces, aprovecha más cada momento y trata de asegurarse de que los demás lo hagan también.
Por eso, ella se convirtió, sin quererlo, en una cronista que narraba minuto a minuto el proceso del eclipse hasta llegar al “anillo de fuego”. Es consciente de que la nueva oportunidad que tuvo hace 11 años le permitió ver un segundo eclipse solar “de los grandes”.

El primer eclipse
Maribel era corredora aficionada de grandes distancias para aquel eclipse solar total del 11 de julio de 1991. Ese día no corrió, era consciente de que aquel espectáculo, cuyo punto máximo llegó aproximadamente a las 2 p. m., era digno de dedicarle el día.
“Yo estaba en Escazú, las gallinas se fueron a dormir, las luces se encendieron. Era una sensación de estar de noche cuando uno acababa de almorzar”, rememoró.
“Este de ahora es muy diferente. Ese anillo tan lindo yo no lo recordaba. ¿Verdad que este es otro tipo de eclipse? Seguro es por eso”, agregó.
Este 14 de octubre, en su segunda oportunidad de vida, Maribel alzaba su voz para animar a los demás a disfrutar de lo que ella, con ilusión de quien aprecia lo pequeño y lo grande de la vida, vivía.
En la fase total su algarabía estalló, pero esta no se fue cuando el fenómeno celeste pasó el punto máximo y siguió su camino. Ella siguió siendo cronista del fenómeno conforme la Luna se iba alejando y dando paso a más luz solar.
“Es como vivir el eclipse otra vez, pero al revés”, enfatizó.
Hacia las 2 p. m., el eclipse iba llegando a su fin, pero Maribel seguía de fiesta de precelebración de sus 61 años, en compañía de su familia y de los nuevos amigos que cultivó mientras los animaba a ver a hacia al cielo, para que vivieran con ella el segundo eclipse solar “de los grandes”.
