
¿Por qué decidió denunciar la convención, en lugar de renovarla sin cambios?
Porque el planteamiento de modernización de los puertos implica quitar amarras.
¿La convención es una amarra para la modernización?
No es una amarra, es un nudo gordiano con cadenas y candados escondidos y tirados al mar.
¿A quién consultó para proponer la reforma?
Con la junta directiva, con el presidente Arias y don Rodrigo (Arias) porque no podemos atender las necesidades de exportadores e importadores cuando hay coadministración entre Japdeva y el sindicato.
¿Por qué se llegó a esa coadministración?
Por culpa de renovaciones pasadas de la convención, que se hicieron en medio de huelgas y que con la idea de tener paz social terminaron entrabando los puertos. Tanto pellizcaron al burro que lo mataron.
¿La reforma implica eliminar derechos adquiridos?
Ese es el temor de los trabajadores, pero al ver la reforma todos los derechos adquiridos se mantienen: carrera portuaria, dedicación exclusiva o bonificaciones por riesgos inherentes al empleo. La convención sigue costando ¢4.800 millones.