
La ilusión de ingresar a la escuela se transforma en un tormento para un número significativo de niños de primer grado, cuando se enfrentan al reto de aprender a leer y escribir en un solo año.
Una vez que los pequeños empiezan a escudriñar en el mundo de las palabras, salen a relucir la deficiente formación que recibieron en la etapa preescolar, la mala preparación de sus educadores y la falta de apoyo de sus padres.
Además, los escolares se enfrentan a un programa rígido que les exige saber leer y escribir al final del curso lectivo, sin importar que no hayan desarrollado habilidades previas o que necesiten aprender a diferente ritmo.
Todas estas fallas han convertido al nivel de primer grado en uno de los principales dolores de cabeza del Ministerio de Educación Pública (MEP).
Cada año, reprueba hasta un 14% de los alumnos de primero en Español. Dicho porcentaje al menos duplica el fracaso escolar registrado en los demás niveles de la escuela.
Los números son tan alarmantes que diferentes especialistas ya claman por cambios que abarcan desde los métodos de enseñanza hasta el tiempo que se dedica a impartir esa materia.
El propio ministro de Educación, Leonardo Garnier, comentó que ya se encargó un estudio para buscar soluciones que se puedan incorporar en los salones de clase a partir del 2013.
“No estamos enseñando bien Español. Deberíamos ser de los que más fácil enseñamos a leer (porque el idioma es muy fonético) y no lo estamos logrando. No solo nos pasa a nosotros, también a otros países de Iberoamérica”, admitió Garnier.
“Que se haga un ciclo de kínder a segundo grado, que se trabaje con abordajes de preescolar, pues permite que el niño aprenda lectoescritura en forma más progresiva y continua”, opina Ana Teresa León, del Instituto Nacional de Estudios de la Niñez y la Adolescencia de la Universidad Nacional (UNA).
El mismo Garnier consideró un “error” que no se flexibilice el primer grado, aunque recalcó que no hay una propuesta en ese sentido.
Para evitar un mayor descalabro, Marielos Murillo, catedrática de la Universidad de Costa Rica (UCR), sostuvo que los maestros deben tener más tiempo para enseñar a leer, escribir y abordar los contenidos en Matemática.
“Ahora también tienen que dar Ciencias y Estudios Sociales y evaluarlos con dos pruebas cada trimestre, cuando deberían enseñar esas materias, pero como pretexto para leer y escribir, sin exámenes ”, manifestó Murillo.
Para la especialista, las clases actuales de Ciencias y Estudios Sociales son distractores para el educador. A modo de ejemplo, señaló que el docente debe leerle a los alumnos cada pregunta de los exámenes durante los primeros meses mientras aprenden a leer.
Hoy, los maestros dedican 10 lecciones semanales de 40 minutos para Español, ocho para Matemática, cuatro para Ciencias e igual cantidad para Estudios Sociales.
“No hay una verdadera transición (de preescolar a primaria) sino una ruptura. Los niños vienen de un ambiente fundamentalmente lúdico, sin ningún tipo de evaluación, y caen en primer grado casi en escolaridad plena, con un ambiente más rígido, estricto, sentados en un pupitre”, aseguró Rodino.
Entre tanto, Ana María Hernández y Luz Emilia Flores, especialistas de la Universidad Nacional (UNA), advirtieron que hay docentes que no cuentan con la preparación o interés suficiente para guiar al pequeño en el aprendizaje.
“Hay maestros cuya formación no va en la línea que debe ir o ni siquiera recibe cursos, entonces enseñan con lo que medio saben. Algunos desde junio dicen ‘este se quedará’”, apuntó Hernández.
Por su parte, Flores insistió en que la solución no es buscar una sola forma para la lectoescritura.
“El problema de los métodos es que el docente se centra en llevarlo y no en cómo la persona aprende. Si uno de los estudiantes no le lleva el ritmo entonces queda rezagado. Los niños están en diferentes niveles (conocimiento previo)”, dijo.