
La Fortuna, San Carlos. Hace 11 años, cuando Carlos Leitón terminó su romería a la basílica de los Ángeles –en la ciudad de Cartago–, se topó de frente a José Sandoval y sus cinco hijos.
A diferencia de Leitón, quien hacía el peregrinaje desde Tierra Blanca, Cartago, ellos tenían los pies hinchados y estaban extenuados. Para los Sandoval, el peregrinaje implicaba una agotadora caminata desde Tres Esquinas de La Fortuna, San Carlos.
“Ellos me hablaron de la dureza y las peripecias que implica una romería de 200 kilómetros”, que es la distancia que separa la tranquila comunidad agrícola sancarleña de Tres Esquinas de la antigua capital.
”Me contaron que la primera vez emprendieron la prolongada y peligrosa caminata para agradecer a La Negrita haber sanado a Shirley, la más pequeña de la familia, de una infección en el ojo derecho que padeció durante dos años. Me dijeron que lo seguirían haciendo por fe”, recordó Leitón.
El año siguiente, a finales de julio, Leitón hizo un viaje de cinco horas en bus para llegar a Tres Esquinas de La Fortuna, San Carlos.
Pasó una noche allí y la próxima mañana se levantó a las 4 a. m. para comenzar a caminar como acompañante de la familia Sandoval Morales hasta llegar a la basílica justo un día antes de la celebración del día de la Patrona de los costarricenses, el 2 de agosto.
Tradición. Este miércoles, el brumoso retornó a Tres Esquinas por décima vez y ayer ya caminaba nuevamente al lado de los Sandoval, con rumbo al santuario cartaginés, adonde esperan llegar el domingo.
Leitón, especialista en construcción de estructuras metálicas, dijo que el relato y la dedicación de los Sandoval lo conmovieron tanto, que al escuchar su historia tomó la decisión de acompañarlos a partir del año siguiente.
“Quería experimentar en carne propia todas las vivencias que don José y sus hijos me narraron, y la verdad es que la experiencia me ha resultado cansada, sí, pero muy gratificante en lo espiritual. Por ello, que hoy me siento un mejor católico”, expresó el peregrino.
Leitón afirmó que antes de hacer la romería padecía de asma, pero ese padecimiento se corrigió cuando emprendió la caminata desde la zona norte.
Agregó: “La Virgencita escuchó mis súplicas y hoy estoy libre de esa enfermedad. Mi fe en la Virgen es inquebrantable y mientras ella me dé buena salud, seguiré caminando desde San Carlos hasta mi querido Cartago”.
El caminante atribuyó a su fe en la Virgen la desaparición de problemas físicos. Según expresó ayer, anteriormente padecía dolores constantes en las piernas que le desaparecieron después de hacer la romería por primera vez.