María Isabel Solís, colaboradora. 29 octubre
Enfermedades presentes en la población tica como hipertensión y obesidad ya representan un gran desafío para el sistema de salud, al cual se suman las eventuales secuelas de la covid-19. Foto: Archivo/Rafael Pacheco
Enfermedades presentes en la población tica como hipertensión y obesidad ya representan un gran desafío para el sistema de salud, al cual se suman las eventuales secuelas de la covid-19. Foto: Archivo/Rafael Pacheco

Se desconoce su magnitud, pero se teme que el “coletazo” de la pandemia de covid-19 eleve la carga de enfermedad, la mortalidad y hasta reduzca la esperanza de vida no solo de Costa Rica, sino del resto de países de América Latina.

El tema fue planteado en el foro ¿Puede una pandemia impulsar a Costa Rica al primer mundo? organizado por el periódico La Nación como un espacio de discusión donde representantes de la academia, la ciencia, la industria farmacéutica y de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) debatieron sobre las opciones que tiene el país para salir avante después de la pandemia.

La actividad es presentada por los laboratorios farmacéuticos Roche y Janssen, y patrocinada por Sanofi.

El foro congregó a ocho especialistas de Costa Rica, Colombia y Argentina con la finalidad de analizar los desafíos y aprovechar la ventana de oportunidades que se abren, tras el paso de la pandemia de la covid-19.

En ese marco, los expertos Miguel Amézquita y Roberto Debbag, aseguraron que, adicionalmente a los estragos sociales y económicos que ha producido la pandemia, los pacientes abandonarán tratamientos de enfermedades como el asma, la diabetes, las cardiopatías y el cáncer.

Amézquita es farmacéutico, especialista en epidemiología y evaluaciones económicas en salud, gerente general de la firma Invalue y docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, Colombia, mientras que Debbag es infectólogo pediatra y vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Esta situación, a juicio de los expertos, incrementará los índices de morbilidad y mortalidad.

Debbag aportó datos que demuestran cómo la pandemia empujó a la población infantil en Argentina a reducir la ingesta de alimentos y cómo el temor, la depresión, la angustia y el miedo se apoderó de la población adolescente, lo que eleva la vulnerabilidad a trastornos y eventos más serios como el suicidio.

Este especialista argentino expuso con preocupación cómo los grupos antivacunas han crecido en una coyuntura en la que se están cifrando grandes esperanzas en ese biológico para controlar la pandemia.

Sobre las preocupaciones de Debbag y Mézquita, el presidente ejecutivo de la CCSS, Román Macaya Hayes, advirtió que perfila dos “coletazos”: uno de ellos que ya está en el radar institucional, tiene que ver con todos los procedimientos que se dejaron de hacer por atender la pandemia. El otro, cuya magnitud se desconoce, está relacionado con las complicaciones que puede generar el virus SARS-CoV-2.

El jerarca de la Caja y especialista en bioquímica, sostuvo que es posible que se presenten a mediano y largo plazo secuelas que pueden sumarse a la morbilidad actual como ha ocurrido con otros virus como el zika, la hepatitis B y C, el virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH/sida) y la varicela.

A su juicio es posible que esta situación pueda mover la aguja de la esperanza de vida de Costa Rica.

Para el primer “coletazo”, dijo, la CCSS ya está preparada para enfrentarlo una vez que se supere la pandemia, mediante la ejecución de unos 200 proyectos que pretenden atender la demanda postergada, especialmente, en lo que se refiere a procedimientos médicos y quirúrgicos.

La atención del segundo “coletazo” es más compleja porque se desconoce su magnitud.

Ante ese panorama, dijo Macaya, es preciso que la población eleve su responsabilidad de autocuidado, el Estado pague la deuda histórica con la CCSS, empiece el análisis para que la institución no solo dependa para su sostenimiento de las cuotas obreras y patronales, sino de otros recursos frescos, y haya un mayor aporte del sector privado; por ejemplo, en procesos formativos y de producción de insumos.

“Si algo ha quedado claro con esta pandemia es que sin salud no hay país”, sentenció Macaya.

Ciencia y la tecnología

Antes ese panorama, los especialistas sostienen que se debe aprovechar la adversidad para innovar y articularse a fin de promover el bien común y salir avante, tras la pandemia.

Amézquita recomendó la reconfiguración de los sistemas de salud mediante una caja de herramientas que incorpore criterios de priorización, la modulación del acceso, la evaluación económica y de tecnologías, y terapias que permitan al sistema tomar las mejores decisiones para ofrecer a la población las opciones más ventajosas a un costo razonable que el sistema pueda pagar.

Otras voces como Virginia Cozzi Víchez, innmunóloga y gerente de operaciones clínicas de la empresa Roche, Álvaro Soto de la Federación Centroamericana de Laboratorios Farmacéuticos (Fedefarma), y Vanessa Gibson, de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), apostaron al establecimiento de un gran hub o conector que permita integrar a todos los sectores para el desarrollo de proyectos innovadores.

Coincidieron en que este momento es urgente una mayor cohesión de los diferentes sectores para impulsar el desarrollo científico y tecnológico del país que permita crear empleo, transferir conocimientos, así como inversión, encadenamientos sociales y emprendedurismos.

“Podemos más unidos que individuales”, dijo Soto.

Gibson destacó que el país tiene los ingredientes, lo que falta es la creación de la fórmula y la visión que permita trabajar en esa dirección.

Carlos Araya Leandro, rector de la Universidad de Costa Rica (UCR) y representante del Consejo Nacional de Rectores (Conare), considera pertinente reducir la dependencia externa en el tema de insumos y elevar la inversión en investigación científica, pues en este momento es de apenas el 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB).

Más alianzas

La autoridad académica planteó la necesidad de estimular alianzas públicas-públicas y público- privadas, para trabajar en la generación y transferencia de conocimientos.

En esta misma línea, Roberto Artavia Loría, exrector del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae) advierte de la urgencia de establecer alianzas públicas y privadas para atender las necesidades de salud de la población, que son tan grandes que el Estado no tiene capacidad para dar una respuesta adecuada.

Para el experto, la velocidad y la magnitud de problemas como la obesidad, el cáncer, la hipertensión… sumado al desafío que representa la atención de la pandemia para el sistema estatal de salud elevan la urgencia de trabajar en propuestas que complementen los servicios estatales.