Silvia Artavia. 20 mayo, 2018
Fred Herrera, director del Teatro Nacional, continuará en el cargo por los próximos cuatro años. Foto: Melissa Fernández.
Fred Herrera, director del Teatro Nacional, continuará en el cargo por los próximos cuatro años. Foto: Melissa Fernández.

El Teatro Nacional está de moda. Así lo confirmaron las 7.000 almas que hicieron largas filas el fin de semana anterior para conocer, gratuitamente, hasta el último rincón del majestuoso edificio.

Haber acogido en un coctel a los líderes internacionales que asistieron al traspaso de poderes el pasado 8 de mayo, puso a la entidad cultural en el ojo público y despertó la curiosidad de los ciudadanos por adentrarse en los pasillos de esta joya arquitectónica.

A propósito de los cambios realizados a esta estructura con motivo del traspaso de poderes, sus puertas se abrieron para que los costarricenses lo contemplaran como pocas veces lo habían hecho: con su sala principal convertida en un gran salón con piso de madera, sin butacas: escenario y luneta vueltos uno.

Esa transformación se logró gracias a un procedimiento mecánico que funciona desde la edificación del inmueble –hace casi 121 años, en 1897– y que permite subir el piso de la luneta a la altura del escenario, de manera que se junten ambas partes en un mismo nivel.

Las acciones en favor del Teatro no han sido aisladas. Por ejemplo, el 5 de febrero pasado se convirtió en el primer inmueble en ser declarado símbolo nacional.

Así se ha ido arando el terreno para impulsar una intervención arquitectónica por $31,6 (más de ¢17.000 millones), cuyo fin es convertir el edificio es un sitio más seguro para los visitantes– totalmente adaptado contra incendios o cualquier desastre– y con una mecánica teatral moderna. Esto se llevaría a cabo entre el 2019 y el 2021.

Fred Herrera, director de la entidad durante la gestión anterior y quien se mantendrá para este nuevo período, ha sido el abanderado de la causa por la remodelación de la estructura.

Así como ha encontrado aliados en esa peregrinación, ha tenido que prestar oídos a voces opositoras provenientes de distintas trincheras del sector cultural.

¿Cómo seguirá haciéndole frente a los cuestionamientos? ¿Qué viene para el Teatro en los próximos cuatro años? El jerarca del ente cultural conversó con La Nación al respecto.

–La apertura de los ciudadanos por "vivir" la arquitectura del Teatro se hizo evidente el fin de semana anterior. ¿A qué atribuye que se vaya desvaneciendo la concepción del "teatro para ricos" y que, en estos tiempos, la gente lo sienta más cercano?

–El Teatro se ha ido moviendo, históricamente hablando, de ser el gran teatro de la sociedad refinada de San José, al teatro de la nación, con toda la formalidad y el peso simbólico que eso tiene.

"Acaban de ocurrir dos eventos de resonancia simbólica y jurídica: la declaratoria como símbolo; ese no es un acto banal. Estar en el mismo rango que la bandera, que el escudo, que el himno de nuestra República, es alcanzar un rango muy alto y nos obliga a tener esa pasta.

El expresidente, don Luis Guillermo Solís, firmó un decreto ejecutivo en el que se ordena que el Teatro Nacional sea aliado estratégico del Ministerio de Educación Pública (MEP). (Esto en incentivo al programa entre ambas entidades, Érase una vez, que lleva a escolares y colegiales a disfrutar de puestas en escena de danza, teatro y música en las instalaciones de este monumento).

En este momento, el principal usuario del Teatro ya no es la Orquesta Sinfónica, sino el MEP. Eso encierra la respuesta a la pregunta: sociológicamente, ahora estamos recibiendo miles de estudiantes de todo el territorio, gente de todas las provincias, de todas las comunidades, de colegios privados y públicos.

Ha hecho un movimiento (la entidad), y reafirmado de un modo contundente, con cifras, que el Teatro es, cada vez más, el teatro de todos los costarricenses".

–Ese viraje de acercar el Teatro al ciudadano común se ha intensificado durante su gestión como director. ¿Por qué?

–Me parece que hay tres razones. La primera es por una obligación de renovar los públicos; no siempre podemos tener los mismos públicos.

"Y además de estos dos documentos de valor jurídico (la ley del símbolo nacional y el decreto del programa Érase una vez), se agrega el uso que el nuevo presidente de la República (Carlos Alvarado) le ha dado al Teatro Nacional, como la casa en la que se recibe, con toda dignidad y majestad, a los presidentes y los embajadores invitados a la toma de posesión”.

–¿Le dijo el presidente, Carlos Alvarado, por qué había escogido el Teatro para el coctel posterior al acto oficial del traspaso de poderes?

–Yo recibí a don Carlos y a doña Claudia (la primera dama) cuando todavía estaban en campaña electoral. Yo invité a todos los candidatos y vinieron con otros de ellos.

“Luego tuve la oportunidad de verlos, por separado, a ambos (al presidente y a la primera dama). Les di un tour a cada uno; me dieron como tres horas de su tiempo. Tuve la oportunidad de pasearlos por todo el Teatro y, de algún modo, de enamorarlos de lo que es este lugar.

"Siento que ellos, después de haberlo conocido tan fresco, de todas las imágenes que pudieron tener en sus mentes, dijeron: 'es el Teatro' (el sitio adecuado para el evento posterior al traspaso)".

El presidente, Carlos Alvarado, y su esposa, Claudia Dobles, en 8 me mayo, día del traspaso de poderes, en el Teatro Nacional. Foto: Diana Méndez.
El presidente, Carlos Alvarado, y su esposa, Claudia Dobles, en 8 me mayo, día del traspaso de poderes, en el Teatro Nacional. Foto: Diana Méndez.

–¿De qué manera caló en los costarricenses ese guiño que le hicieron al Teatro el presidente y la primera dama?

–Tuvimos la anuencia del presidente electo de venir a subir el piso del Teatro con la primera dama y los vicepresidentes.

“Fue un acto casi físico, de apoyo a la entidad, moviendo la máquina y, muy simbólicamente, levantando el piso de la luneta –que es el piso de la realidad, donde está el público– e igualando el espacio de esa realidad con el espacio de la escena (el escenario), que es el espacio de los sueños, del tabú y de la metáfora poética.

"O sea, es lindísimo decir 'yo apoyo para levantar la realidad' y que se empate un poquito más, aunque fuera por unas horas, con el espacio de los sueños, de las utopías y de lo que todos queremos para Costa Rica. Creo que ese mensaje fue potentísimo y el público lo percibió así".

–Volviendo al asunto de los públicos actuales, ¿este 2018 se van a reforzar los programas para este tipo de espectadores?

–Se está variando la composición del público meta. 111 espectáculos (la cantidad de funciones de Érase una vez en el 2017) es una cifra enorme. Les estoy haciendo una serie de propuestas a los ministros de Educación (Édgar Mora) y de Cultura (Sylvie Durán), pero yo creo que ellos van a sorprendernos con Érase una vez.

"Tal vez ahí viene lo más importante para los dos años que siguen. El escenario, esperamos, será intervenido el año entrante, cuando el préstamo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) sea aprobado, y cuando salgan todos los carteles para la empresa que tendrá que realizar esas obras…

"Lo que estamos sugiriendo es poner una pared que separe el escenario de la sala principal, para que el polvo, el ruido y una serie de cosas que van a estar ocurriendo en ese sitio no ensucien los muebles de la sala principal. Que esa pared sirva como fondo, detrás del telón… Se agregaría una tarima, de modo que podamos poner ahí, por ejemplo, a la Orquesta Sinfónica Nacional…

"Tendría el encanto de seguir haciendo música, canto, teatro y danza en el Teatro Nacional, en la majestad de la sala principal, pero no en el escenario, porque va a estar ocupado por los ingenieros (quienes trabajarán en la intervención arquitectónico del inmueble). Tendría, también, la cosa muy linda de tener muy cerca a los artistas.

"Ofreceríamos una relación espacial entre el público y el escenario nunca antes explorada y que, probablemente, nunca antes se va a volver a producir”.

–Pero esa experiencia de tener los espectáculos teatrales de cerca ya la vive el espectador en el Vargas Calvo, el teatro de cámara del Teatro Nacional...

–Cuando se reconstruya el Centro Cultural José Joaquín Vargas Calvo (en el espacio donde actualmente se encuentra el Teatro Vargas Calvo), por supuesto que habrá un teatro de cámara que permitirá seguir haciendo teatro.

“Entre el 2020 y el 2021, el Teatro Nacional está planteando hacer una convocatoria en espacios escénicos no convencionales. Esto quiere decir que el espacio convencional para hacer espectáculos es, por supuesto, el escenario del Teatro Nacional. Pero como va a estar cerrado durante cierto tiempo (no por largos períodos), vamos a propiciar hacer espectáculos para menor cantidad de público. Queremos crear una oferta cultural más diversificada, más de punta, por el interés que han mostrado los artistas…".

En el Teatro Vargas Calvo funcionan actualmente la mayoría de oficinas administrativas del Teatro Nacional. Cuando se lleve a cabo la intervención arquitectónica del monumento histórico, el Vargas Calvo pasará a ser un centro cultural. Foto: Diana Méndez.
En el Teatro Vargas Calvo funcionan actualmente la mayoría de oficinas administrativas del Teatro Nacional. Cuando se lleve a cabo la intervención arquitectónica del monumento histórico, el Vargas Calvo pasará a ser un centro cultural. Foto: Diana Méndez.

–Respecto a la intervención arquitectónica del Teatro Nacional y a la serie de coloquios que se han convocado para escuchar la opinión de los habitantes y de los distintos sectores al respecto, ¿qué ha surgido de estos?

–Hemos logrado, poco a poco, oyendo las observaciones y las críticas constructivas que las distintas personas nos han hecho, ir corrigiendo y afinando las metas y los alcances del proyecto, para ser cada vez más finos y atentos a todas las sensibilidades.

“Por ejemplo, ya no estamos contemplando abrir salidas de emergencia en la sala principal. Lo primero que se planteó, por el problema del movimiento en esa sala, fue abrir dos salidas de emergencia en los palcos número dos (del lado izquierdo y derecho de la sala), porque ambos tienen salidas directas a la calle. Pero después de valorar esa propuesta, hemos descartado esa hipótesis. Ya no habrá salidas de emergencia. Lo que estamos proponiendo es reubicar las butacas para espaciar más las líneas entre los asientos, abrir dos corredores laterales y ensanchar el pasillo principal”.

–¿Y sigue en pie la idea de eliminar 80 butacas de las 750 que constituyen la sala principal del Teatro?

–Sí, exacto.

–¿Eso no afectaría la taquilla?

–Tenemos el desafío de compensar el número de butacas por un mayor porcentaje de asistencia y de llenazo de cada espectáculo. Ese es otro dato que tenemos que pedir. ¿Cuál es el porcentaje de utilización de la capacidad instalada? No estamos al 80%, estamos por debajo.

"La eliminación de espacios no necesariamente se traduciría en una reducción de ingresos si logramos mejorar la preventa y la convocatoria para cada espectáculo y cada sala. Pero eso sería cuando ya volvamos abrir el escenario. El proyecto (de intervención arquitectónica) va a durar tres años (2019-2021)".

–¿Por qué, a pesar de los coloquios y de la comunicación que se ha originado en torno a la adaptación arquitectónica del edificio, sigue habiendo detractores?

–Le tengo una gran noticia: ayer (jueves 17 de mayo) me reuní con toda la Junta Directiva del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), y yo siento que esta nueva Junta está mucho más afinada con el Teatro Nacional... Siento que es la primera vez que oyen, con más claridad, y de mi propia voz, los alcances, y que ellos mismos ahora están cambiando de opinión.

"Muy probablemente –así lo espero– como me lo propusieron ayer, Icomos va a organizar tertulias (para informar sobre la intervención del Teatro) en su propio local, y me van a invitar”.

–¿Pero cuál es su lectura de que el proyecto de adaptación del edificio siga teniendo tanta resistencia?

–Yo pienso que el proyecto, porque es complejo, necesita una serie de explicaciones detalladas, que es la que yo le anuncio a la ciudadanía que estoy en la mejor disposición de hacer. A partir de ahora, dedico una parte enorme de mi tiempo a explicar el proyecto a los grupos de interés.

–¿Por qué sigue siendo tan cuestionado lo que se hará con la tramoya (una histórica estructura desde la cual pende la mecánica teatral, o sea, la indumentaria para las presentaciones artísticas)?

–Porque, tal vez, las explicaciones no han sido tan detalladas como se necesite, porque es necesario venir a ver, en el lugar, más precisamente, lo que se está proponiendo. Es un edificio con muchos detalles, y toda la complejidad y los matices no se pueden captar sin visitar el teatro.