Nadie esperaba que Lucía (nombre ficticio a pedido de la familia) naciera antes de tiempo. Mucho menos, que muriera con tan solo cinco días de vida.
Esta bebé nació prematuramente el sábado 14 de octubre en el hospital Enrique Baltodano, de Liberia, Guanacaste.
La suerte no estuvo de su lado desde el primer momento.
Según contó su papá, Jefry Chavarría Chaves, a su esposa (quien pidió reservar su identidad) le provocaron el parto con escasos centímetros de dilatación.
“Otro médico nos dijo después que pudieron haber sostenido al bebé más tiempo (no provocar el parto)”, contó el progenitor.
Pero Lucía nació. Y como toda bebé prematura sus pulmones aún no estaban totalmente desarrollados.
Por su inmadurez, desde sus primeros minutos de vida la niña requirió de un ventilador (aparato para dar asistencia respiratoria) que no sirvió.
Tampoco sirvió ninguna de las incubadoras de cuidados intensivos neonatales que probó durante su corta estadía en el hospital.
Como días más tarde admitieron médicos de ese hospital a La Nación , los ventiladores fallan allí constantemente y las incubadoras ya no calientan.
Por eso, el domingo 15 de octubre Lucía tuvo que ser trasladada en ambulancia a través de 220 kilómetros de mala carretera al Hospital de Niños, en San José.
“Atípico”. Otros tres niños tuvieron menos suerte que ella. Lucía era la bebé que estaba en condiciones más estables para ser trasladada.
El estado de los otros bebés era tan delicado que fallecieron ese mismo fin de semana, calificado de “atípico” (debido a la cantidad de muertes de recién nacidos) por el único neonatólogo del hospital liberiano, Olman Pérez.
Aun así, el papá de la niña se pregunta por qué, si era un caso delicado, la mandaron por tierra. “¿Por qué no contrataron una avioneta?”, se cuestionó.
La respuesta a esta pregunta la escuchó su esposa mientras se recuperaba del parto: el hospital no tenía plata para contratar un viaje por aire.
La situación se hizo más desesperante cuando se supo que no había una ambulancia disponible. Su bebé, entonces, tuvo que esperar varias horas a que llegara una desde Santa Cruz (a 56 kilómetros) para ser transportada a San José.
Ya de camino a la capital, la niña soportó las malas condiciones de la vía. Su papá contó cómo varias veces las agujas y las sondas que llevaba su hija se querían salir del cuerpecito al pasar por cada hueco de la calle.
Sin oxígeno. Para acabar de complicar la situación, se terminó el oxígeno que alimentaba el tanque con el cual le daban asistencia manual a Lucía en la ambulancia. Esto sucedió por San Ramón, en Alajuela, a 60 kilómetros de San José.
De emergencia, la ambulancia tuvo que pasar al hospital ramonense a cargar oxígeno y a estabilizar de nuevo a la bebé.
Lucía permaneció en San Ramón hasta la mañana del lunes, cuando continuó su camino.
Ya en el Nacional de Niños poco pudieron hacer por ella.
Aunque luchaba fuertemente por superar su problema respiratorio, la bebé murió por una hemorragia intracraneana.
Eso es lo que apunta como causa de muerte el acta de defunción que su papá mostró todavía sin creer que Lucía no estará más con ellos.
Familiares de esta bebé aseguran que en el hospital nacional un funcionario les dijo que el caso de Lucía no era el primero que atendían con esas características.
Oficialmente, la información que envió el Hospital de Niños revela que no hay un cambio en las estadísticas de los casos referidos desde los hospitales guanacastecos.
Pero los padres de esta niña no dan crédito a lo que vivieron.
Todavía la tarde-noche del 19 de octubre, cuando enterraban a su hija en el cementerio de Liberia, entró el féretro de otro bebé.
El recién nacido también había muerto en el hospital de Liberia.
Colaboró Oliver Pérez (Nicoya).
