
En promedio, cada guardaparques en Costa Rica debe cuidar un promedio de 18 kilómetros cuadrados (km²) de áreas protegidas, una extensión que supera el tamaño del cantón de Montes de Oca, que mide 15,78 km², o bien, el equivalente a 25 veces el Parque Metropolitano La Sabana, en San José.
Esta media parte del supuesto de que los 541 guardaparques que tiene el país cuiden en simultáneo, las 24 horas del día, los 9.703 km² que conforman el patrimonio natural del Estado, excluyendo las áreas marítimas. Sin embargo, trabajan por turnos.
La situación es más crítica en 14 áreas protegidas que están muy por encima del promedio de los 18 km². Por ejemplo, en la zona de protección Arenal-Monteverde, solo hay un guardaparques y a su cargo tiene 283 km².
En la Reserva Nacional de Vida Silvestre Barra del Colorado hay cuatro vigilantes forestales y cada uno, en promedio, debe supervisar 203 km². Algo similar ocurre en el Parque Internacional La Amistad, donde hay 11 guardaparques a cargo de 1.991 km²: cada uno al resguardo de una media de 181 km².
A esa conclusión llegó un equipo de La Nación luego de analizar la cantidad de guardaparques nombrados y activos en el país, contra la superficie de cada área protegida que deben resguardar. Ambos datos son del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).
No obstante, para acceder a los primeros datos, fue necesario interponer un recurso de amparo ante la Sala Constitucional. De previo, la oficina de prensa del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), al cual está adscrito el Sinac, se negó a entregar esa información.
Dentro de los parques nacionales y demás áreas protegidas, los guardaparques tienen la autoridad de un policía y son los responsables de evitar que haya, entre otros delitos, tala ilegal, caza, recolección de especies protegidas y portación de armas.
Además, deben evitar actividades de pastoreo, contaminación y construcción u actividades comerciales no reguladas, de acuerdo con la Ley del Servicio de Parques Nacionales (Ley N.° 6084). La ausencia de estos funcionarios, en consecuencia, incrementa la posibilidad de que ocurra ese tipo de delitos.
Este diario envió consultas al Sinac sobre el escaso número de guardaparques y la repercusión que ese hecho tiene en la protección de las áreas protegidas, sin que se obtuviera una respuesta a la hora de publicar este artículo.
Menos presupuesto, más visitación
A esta problemática se suma una disminución paulatina en el presupuesto del Sinac del 37,8% en los últimos cinco años.
Si bien en el 2025, creció un 3,6% con respecto al 2024 y cerró en ¢27.370 millones, lo cierto es que no logró igualar la cifra del 2020 cuando ascendió a ¢44.029 millones. Los datos son muy inferiores a los reportados en la prepandemia.
Esa merma dificulta aún más la situación de los guardaparques, pues cada vez es más grande el número de personas que visita alguna área protegida. Solo el año pasado, la visitación creció un 14% con respecto a un año antes, hasta llegar a los casi tres millones; según las propias estadísticas de Sinac.
Esa situación fue lamentada por el Estado de la Nación en su último informe del 2025, debido a que constantemente se amplían las zonas protegidas y cada vez hay menos recursos y personal para su atención.
“El país no solo no logró crear las capacidades institucionales necesarias para cumplir las expectativas plasmadas en la normativa ambiental, sino que disminuyó los recursos para la atención de un territorio protegido que ahora es más amplio. El presupuesto del Sinac se redujo un 40% en el último lustro.
”En consecuencia, se realizaron menos actividades de control, monitoreo y fiscalización en las áreas de conservación. Esta situación se agrava por la progresiva transformación de la estructura de gobernanza hacia una mayor concentración de poderes en detrimento de la participación y el criterio técnico”, se consignó en el capítulo denominado “Armonía con la naturaleza”.
Otro tipo de carencia consiste en que los guardaparques se jubilan y no se reponen sus puestos, cuestionó Óscar Herrera, quien ocupó uno de esos cargos y se pensionó luego de 37 años de servicio.
“El problema no es solo que los guardaparques se vayan, es que hacen más área (protegida) y no traen nuevos. En un puesto de guardaparque donde hay seis personas, la salida de uno ya es un problemón”, recalcó Herrera.
Guardaparques pensionado: ‘Hay más funcionarios en oficinas que en tres o cinco parques’
Con él coincidió Rónald Sánchez Porras, guardaparque pensionado, biólogo y docente universitario. “Hay más funcionarios en las oficinas que en tres o cinco parques”, aseguró.
Joxin Pérez, guardaparque del Parque Nacional Marino Ballena −y quien estuvo en Corcovado más de 20 años−, añadió que a veces las plazas se congelan, aunque él tiene la impresión de que desaparecen con el tiempo y los compañeros que ingresan no necesariamente lo hacen con la mística requerida.
“Hemos visto que ahora los guardaparques caminan hasta donde llega la señal de wifi y se devuelven. Pero también, ¿quién va querer trabajar más de ocho horas sin que le paguen horas extra?”, insistió Pérez.
Según el informe Sistema de Evaluación del Mejoramiento Continuo de la Calidad del Sinac, correspondiente al 2025, 38% del personal activo, supera los 50 años de edad.
¿Un perfil adecuado?
Además, Pérez explicó que cuando él ingresó a trabajar como guardaparques en Corcovado, en el año 2000, lo hizo mediante un programa de capacitación del Gobierno.
Contó que en aquel momento acudió a una reunión junto a otras 12 personas y varias no sabían ni por qué estaban ahí.
“Nos hicieron una evaluación psicológica y un examen teórico-práctico de uso de armas, eso fue todo. Estuve 22 años en Corcovado y en el 2022 pedí el traslado a Marino Ballena porque Corcovado es demasiado cansado”, detalló.
En la actualidad, esos nombramientos son por completo diferentes.
Un guardaparques no solo necesita un permiso de portación de armas vigente, sino también un título universitario de Administración de Áreas Protegidas, Agroecología, Agroecoturismo, Gestión de Recursos Naturales, Ingeniería en Ciencias Forestales, Manejo de Vida Silvestre u otra carrera similar.
Además, si el puesto es en un territorio indígena, en ocasiones, debe cumplir con el dominio de la cultura y del idioma originario. Ante el Servicio Civil ostenta una plaza de Técnico 3.
“Gente con esos títulos no se va a querer meter cinco días sin bañarse en la selva y menos con salarios de ¢435.000 que están congelados desde el año 2020”, concluyó Pérez.
