
Dos autobuses fueron incendiados la madrugada del 9 de enero de 1976 en Tibás.
Los vehículos prendieron fuego justo cuando los bomberos sofocaban las llamas que amenazaban a otra unidad en Guadalupe.
La acción fue cometida, al parecer, por una banda que distribuyó a sus miembros por varios sectores de la capital. Intentaron hacer lo mismo con buses en Hatillo y Aserrí, pero los policías los descubrieron y provocaron su huida.
Las pérdidas mayores fueron causadas a la empresa de Tibás, que perdió aproximadamente ¢175.000, según su gerente, Enrique Clare.
A las 3 a. m., las sirenas de varias unidades de bomberos y radiopatrullas sorprendieron a la ciudad de San José, en camino a distintas localidades afectadas por la pandilla. No obstante, algunas de las llamadas recibidas por las autoridades eran falsas, posiblemente con la intención de generar más descontrol y que el fuego consumiera más unidades.
A esa hora, dos reporteros de La Nación se movilizaron a los lugares de los hechos. En El Alto de Guadalupe, dos individuos fueron observados cuando lanzaron un tarro con resistol y una mecha de tela debajo de un autobús, sin embargo, uno de los guardas del garaje logró sofocar el fuego, que solo quemó unas partes inferiores del vehículo.
Patrulleros se presentaron al sitio y continuaron vigilando la zona.
Mientras que en Tibás, la acción del fuego fue tan rápida, que los guardas apenas tuvieron chance de correr varias unidades más y evitar que fueran alcanzadas por las llamas.
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