
Fue en el 2003 cuando Adelaida (se reserva la identidad completa a pedido de la paciente) notó que algo no andaba bien en su pecho izquierdo: el pezón se le hundió y la piel alrededor cambió de color. También empezó a supurar.
A pesar de tener todos los síntomas de un cáncer de mama, los médicos en Siquirres y en el Hospital Tony Facio, de Limón, incluido un especialista en ginecología oncológica, le dijeron que no era nada.
En el hospital limonense, una funcionaria –conocida por los pacientes como “matacitas” por su trato a los pacientes–, se enojó con ella porque no estaba cuando la llamó para la mamografía.
“Andaba comiéndome un puntalito y cuando llegué me dijo que llevaba horas llamándome. Que me tenía que esperar. ¿Y adivine? Me dejó de última. Me atendió de mal modo”, contó Adelaida. La mamografía mostró que “no había tumor”, aunque el pezón supuraba y la mama dolía.
Esta miscelánea de oficio, esposa de un peón bananero y mamá de seis hijos, culminó su relato diciendo que en diciembre del año pasado, cuando el cáncer pasó al otro pecho, un médico nuevo del Ebais de Cimarrones de Siquirres la envió de urgencia a un hospital de San José... cuatro años después de la aparición de los primeros síntomas.
Otras historias. Más de 40.000 enfermos como esta limonense acuden cada día a Ebais, clínicas y hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Los servicios de salud cubren casi al ciento por ciento de la población, convirtiendo la seguridad social costarricense en un sistema único en el mundo.
Sin embargo, los problemas de gestión de la mayoría de los hospitales de la seguridad social –origen de las largas listas de espera en cirugía, exámenes, diagnósticos y citas con especialistas– continúan golpeando la salud de cientos de asegurados.
La historia de Adelaida es una de las encontradas en un recorrido de La Nación por cuatro hospitales nacionales (Calderón, México, San Juan de Dios y San Rafael, en Alajuela) el jueves anterior.
Los asegurados reconocen las ventajas de tener servicios de salud, pero lamentan que algunos funcionarios de la Caja no tengan claro que se deben a los pacientes.
Xinia Mora, vecina de Calle Blancos de Goicoechea y paciente del San Juan de Dios, lo resume así: “Las malas caras vienen de secretarias o guardas, porque cuando una logra internarse las enfermeras y los asistentes son muy dulces. Pero los otros no saludan. Casi siempre es el primer grito que recibimos al entrar a un hospital”.
Espera prolongada. Pero las largas esperas también dañan la salud de las personas, sobre todo en casos como el de Adelaida, considerados como urgentes.
Esta limonense tuvo que esperar hasta febrero del 2007 para que le ordenaran la operación. Se la hicieron el 28 de ese mes.
“Me diagnosticaron un carcinoma invasor de mama. Necesitaba la quimio inmediatamente, pero no había campo hasta mayo. Inicié el tratamiento el 15 de mayo”, contó.
La paciente narró cómo el médico que la vio en Limón la primera vez ni siquiera le dedicó 15 minutos a la consulta.
Tampoco la ayudó el especialista en oncología ginecológica que se encontró en el pasillo del Calderón Guardia, cuando fue referida a San José.
Fue el mismo que la vio en Limón y le dijo que no tenía nada. Cuando ella le contó que tenía cáncer, que necesitaba una operación urgente y le pidió ayuda, le respondió que él no podía brincarse las jerarquías y debía esperar la llegada de la fecha programada.
La hija menor de Adelaida tiene 13 años, el mayor 33. “Ya se pueden ver solos, por dicha. Pero yo estoy con la fe en Dios de que voy a ganar a este cáncer”, dijo el jueves.
Perdidos. El hospital San Juan de Dios es de por sí un enorme laberinto en el centro de la capital.
Allí, los pacientes se pierden fácilmente. El jueves por la mañana aquello parecía un hervidero de gente sin brújula.
La mayoría eran ancianos que se perdían fácil entre los pasillos de la consulta externa.
Los guardas, con su porte policial, contestaban las preguntas de manera automática, casi sin hacer contacto visual y dando por entendido que aquel señor de chonete o la señora con la larga trenza conocían las direcciones que les daban.
Cuando por fin llegó a la fila correcta después de mucho preguntar, una mujer entrada en edad contó cómo a su hermano de 75 años le dijeron en el hospital de Limón que llamara en enero para ver si en el 2010 le daban cita.
Esto sucedió a pesar de que allí los médicos saben que este hombre lleva nueve meses con la orina trancada y usa una sonda
Vecino de Batán, fue trasladado por su familia a Atenas, en Alajuela, donde lo vio un médico privado. Diagnóstico: cáncer de próstata.
Esta familia –por temor a “represalias” la señora no quiso dar su nombre– recurrió a “contactos” en el hospital de Alajuela, donde está internado su hermano. “Si no nos valemos de contactos, estaría muerto”, expresó.
