Sámara, nicoya. Mientras Guanacaste se maquilla con los tintes del paraíso verde y bañado por mar y arena, hay familias que no tienen ni qué comer.

Preocupada por esta realidad, Laura Ellington, de nacionalidad suiza, decidió aportar suerte e ingenio a un proyecto que busca generar fuentes de empleo a los vecinos de playa Sámara, en Nicoya.
La iniciativa fue bautizada “Intercultura” y lo que busca es que estudiantes extranjeros hagan programas de voluntariado en casas de los guanacastecos.
“Guanacaste crece en una brecha enorme, y principalmente entre la educación que se recibe en la capital y quienes están acá. ”Lo que más me molesta es que hayan regidores que bostezan mientras uno explica un proyecto”, criticó Ellington.
En la institución de idiomas que fundó, esta extranjera abrió 30 plazas para docentes oriundos de la zona. Ellos enseñan español.

“Este proyecto ha ayudado muchísimo a sostener la economía de mucho pescador pobre que sufrió las secuelas del terremoto”, agregó Narcisa Díaz, quien administra una soda en Sámara.
