
Cartago. Kendall, que va para noveno año en el Liceo Danilo Jiménez Veiga, y José Luis, que cursará sexto grado en la Escuela Manuel Padilla Ureña, son los dos hijos de Ileana Calderón y Hugo Jiménez, matrimonio vecino de Río Conejo de Corralillo, en Cartago.
Aunque queda menos de una semana para que comience el curso lectivo, esta familia confiesa que no se ha preparado lo suficiente.
“Estamos esperando que nos avisen de la escuela y el colegio para ver cómo van a trabajar y qué van a necesitar. Hemos comprado algunas cosas (muy pocas), espero que me indiquen. Los mismos uniformes del año pasado son los que van a utilizar aunque los pantalones ya casi no les quedan”, explicó doña Ileana.
Según cuenta, la pandemia golpeó la economía del hogar porque a su esposo le redujeron la jornada.
“La verdad no estamos preparados del todo para la entrada a clases. A ellos (los menores) les gustaría regresar a clases presenciales pero a la vez sienten temor... “, comentó.
Con las mismas dudas y desafíos está Ana Rodríguez Brenes, vecina de Tobosi, en El Guarco. Ella tiene 3 hijos que estudian: Steven entrará a noveno año y Selena a octavo, ambos al Liceo de Tobosi; mientras que su hermanita Ashley va para tercer grado en la Escuela Juan Ramírez.
Todos tienen ganas de volver, pero, según dice doña Ana, para ella es una lucha como jefa de hogar. Definitivamente, se van a reutilizar cuadernos y si necesitaran uniformes, también serán los del 2020.
“En este momento, económicamente yo no estoy preparada para el regreso a clases. He hablado con ellos y prefieren la modalidad virtual y recibir las lecciones en casa, por los gastos que la presencialidad implica, porque soy padre y madre y también debo pagar alquiler de casa”, narró.
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Como lo ha informado el Ministerio de Educación Pública (MEP), las clases presenciales se reanudarán de forma paulatina a partir del 8 de febrero y bajo una serie de protocolos para evitar contagios de covid-19. Además, los padres pueden decidir si envían a sus hijos a las aulas o si estos solo recibirán clases virtuales, como ocurrió durante el 2020.
Será esta semana cuando los maestros comiencen a informar a los padres la dinámica y los horarios de las clases.
El MEP sí ha sido claro en que los útiles serán muy básicos y, en cuanto a uniformes, si una familia no pudo costearlos, no serán una exigencia. Eso sí, piden informar al centro educativo.
La recomendación ha sido enviarlos a las aulas, ante las necesidades no solo pedagógicas sino de socialización.
Decisión familiar
En el hogar de Monserrath Sánchez Núñez, en La Lima de San Nicolás, son cuatro los que vuelven a clases. Sebastián que va a décimo año y Sofía a octavo, mientras que Luis Daniel comenzará sexto grado y Sara, la menor de todos, a kinder (Transición).
Los dos mayores van al Colegio Seráfico San Francisco y los menores a la escuela y Jardín de Niños Ascensión Esquivel Ibarra.
“Mi esposo, Alejandro Torres, y yo estamos con mucha incertidumbre porque hay muchas dudas de cómo van a entrar. En uniformes no hemos hecho inversión, hemos comprado solo cuadernos y lapiceros, vamos a reutilizar uniformes del año pasado de ser necesario, porque no sabemos si van a usarlos o van con ropa particular, es parte de las dudas que como papás tenemos a una semana de entrar a clases”, comentó la madre.

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A su esposo también le disminuyó el trabajo con la pandemia y por lo tanto los ingresos, aunque no les faltó comida.
“Si de mí dependiera, reutilizarían los libros, pero lastimosamente en los colegios y escuelas no hay posibilidad de darlo a los hermanos menores porque todos los años los cambian.
“Económicamente, siempre pega muy duro la entrada a clases, en especial para nosotros que tenemos 4 hijos y el monto en la compra en libros es bastante alto, solo en los dos del colegio son ¢120.000 y falta ver qué les van a pedir a los otros dos”, compartió.
Según dice, como familia se han sentado a conversar y analizar todas las posibilidades. Llegaron a la conclusión de que se mantengan en la modalidad virtualidad, aunque reconoce que el ambiente se pone pesado a veces.
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“Es duro porque se trabaja bajo presión. El año pasado contábamos solo con un dispositivo que debían compartir entre los cuatro. En diciembre hicimos una pequeña inversión para que por lo menos los de colegio estén un poco más acomodados.
“Mi esposo es el único que trabaja (fuera de la casa), yo soy ama de casa y estoy acompañando a mis hijos, especialmente a los dos menores porque los dos mayores ya se desenvuelven y ven sus cosas solos”, añadió.
Como para estas familias, lo único que está claro es que el regreso trae mucha incertidumbre, aunque todos tienen la esperanza de que comience a resolverse conforme avance el curso lectivo.