César Bona fue reconocido en el 2014 como uno de los cincuenta mejores maestros del mundo según el Global Teacher Prize, el llamado Premio Nobel de los profesores.
Según cuenta este español, el reconocimiento le ha permitido conocer personas alrededor del mundo y ver cómo trabajan la docencia. Considera un ‘máster en Educación’ todas las experiencias aprendidas.
Bona está de visita en Costa Rica para compartir las recomendaciones que considera clave para mejorar la enseñanza. Este sábado está impartiendo una Jornada de Educación en el Hotel Irazú, en San José, dirigida a docentes y padres. Su principal mensaje es: "las puertas de las escuelas deben estar abiertas, no solo para que entren los niños, sino para que sus ideas salgan y transformen el mundo”.
La actividad fue declarada de interés educativo por el Ministerio de Educación Pública (MEP).
Al docente lo trajo Fundameco, una organización sin fines de lucro que tiene por objetivo poner a disposición de la sociedad programas y herramientas de educación, en materia de inclusión social de personas con discapacidad.
Bona nació en Zaragoza, España, y tiene 16 años de experiencia en la docencia. Es licenciado en Filología Inglesa y diplomado en Magisterio en Lengua Extranjera por la Universidad de Zaragoza.
Por sus múltiples proyectos vinculados a la participación infantil recibió el Premio Magister de Honor por la Plataforma de la Escuela Pública, el Premio Crearte del Ministerio de Cultura en dos ocasiones por su estímulo de la creatividad, y la Cruz José de Calasanz, máxima distinción en la educación aragonesa.
Además, obtuvo la Mención de Honor en el International Children Film Festival of India, por la película de cine mudo ‘The importance of being an Applewhite’ que hizo para unir a dos familias que no se hablaban.
A continuación un extracto de la entrevista.
-¿Por qué usted cree que lo nombraron uno de los mejores profesores del mundo?
Me gusta mucho moverme por escuelas. Fui maestro en una escuela en la que había un alto porcentaje de niños gitanos. Muchos no iban a clase y había mucho ausentismo. Con diez años, muchos no sabían leer. Yo pensé: ¿cómo puedo hacer para que esto cambie? Un día les dije: ‘mirá, yo soy maestro pero no sé todo, ¿ustedes me pueden enseñar a mí?’ Eso dio un giro. Me empezaron a decir ‘yo te enseño a tocar las palmas’, ‘yo sé tocar el cajón’. Venían a clases porque tenían algo para dar, ya no venían porque ‘tengo que ir allá a escuchar cosas que no me interesan’. Ellos venían y compartían. Entonces, bajó el ausentismo.
"En otro pueblo, hice una protectora virtual de animales dirigida por niños y ahí y contagiamos a miles el respeto a los animales y hablamos de empatía y sensibilidad hacia el medio ambiente. Había muchos matices en las escuelas y eso me importaba. Las puertas de las escuelas tienen que estar abiertas, no solo para que entren niños sino para que sus ideas salgan para que transformen el mundo. Tenemos que escuchar a los niños mucho más de lo que lo hacemos”.
-Para usted, como maestro, ¿qué significan los niños, sus alumnos?
El niño es el objetivo primero y último de cualquier maestro. Si tú te haces maestro, debes preguntarte ya no por qué eres maestro, si no para qué sí. Es para caminar con nuestros niños, para dibujarles puertas que ellos algún día abrirán. Les debemos dar herramientas, no para el futuro, eso no tiene sentido. Hay que darles herramientas para ahora. Y en esas herramientas están los contenidos que tienen que aprender, pero tampoco se puede aprender todo.
"Podríamos, como docentes, sentirnos felices si los niños salieran del aula diciendo: ‘esto, ¿por qué sucede, voy a investigar?’ Se les debe estimular la curiosidad, la creatividad, la ilusión, la imaginación porque eso es la esencia de un niño. El objetivo de un maestro de ser qué puedes aportar tú como maestro; los maestros son los verdaderos influencer porque marcan vidas, a veces para mal pero muchas veces para bien”.
-¿Cómo es una clase típica de César Bona?
Yo me divierto. Aquel que no se divierte en su trabajo, que cambie de trabajo. Es importantísimo que el maestro sienta que está hecho para ese trabajo. Yo soy un niño más en el aula y disfruto siendo así. Pienso que debemos hacer viajes continuos a nuestra infancia para entender a los niños mejor. No podemos pretender enviar a los niños a la adultez para que nos entiendan si nunca han estado aquí.
“En la clase, yo los invito a participar, a cuestionarse cosas, hasta las que yo digo. Les digo que se cuestionen todo y no se deje llevar por la inercia”.
-¿Cree usted que se ha perdido el respeto por la autoridad docente?
El respeto es parte esencial de cualquier relación humana y convivencia. Respeto en positivo, no impuesto, un respeto mutuo. La profesión docente se tiene que valorar por la sociedad. La sociedad incluye a las familias. Hace falta más diálogo entre familias y docentes.
“Hay una frase que le ha hecho bastante daño a la relación familia-docente: ‘en la casa se educa y en la escuela se enseña’. Esa frase ha levantado muros muy altos entre familia y escuela. Cada parte dice ‘esto no es nuestro, no nos incumbe a nosotros’”.
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-Hoy, en Costa Rica, la gente está dolida con los docentes porque dejaron sin clases a miles de estudiantes para apoyar una huelga.
Sé el maestro que quisieras para tus hijos. Me gustaría que esto lo aplicáramos en Costa Rica, en España, en todo sitio. Yo te preguntaría siendo maestra: ‘Tú, ¿para quién trabajas?’ Algunos van a decir ‘para esta persona que me contrata o para el ministerio’. No, los maestros trabajamos para los niños. Cada día que pasa, no vuelve, no se recupera. El diálogo es la solución; la única solución. Los que pagan la falta de entendimiento entre adultos son los niños. Los maestros pueden luchar por sus derechos pero sin olvidarse de sus deberes”.
¿Es responsabilidad solo del docente la educación de un niño o un joven?
La familia es el primer órgano educativo; también tiene sus responsabilidades con la escuela y la sociedad. La escuela tiene su responsabilidad con la familia y la sociedad; la sociedad también tiene responsabilidad con la familia y con la escuela. La sociedad tiene que valorar el trabajo que hacen los docentes.
"Todo el mundo educa. Una persona que va por la calle y tira un chicle y tu hija lo ve, está educando. Un deportista de élite que hace un mal gesto, educa o maleduca a miles de niños, pero los que más influyen son las familias y la escuela. Tenemos que ser conscientes de que nuestro ejemplo es fundamental”.
-¿Qué prácticas deben dejar de hacer los docente en el aula?
Queremos que los niños y niñas sean educados, respetuosos, que tengan ilusión, que estén atentos, que no griten, que controlen sus emociones. Todo eso debes tenerlo tú como maestro porque solo puedes exigir aquello que puedas dar en cuanto a actitudes. Debemos preguntarnos si tenemos las herramientas que exigimos a los niños. Ahí viajamos a las universidades.
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"Hoy estoy en Costa Rica para hablar de algo que a mí no me enseñaron, que es entender las diferencias: ¿cómo voy a educar a lo niños a entender las diferencias si a mí eso no me lo enseñaron? Todos los años, salen miles de maestros nuevos de las universidades con los mismos conocimientos, pero también con las mismas carencias; también hay que cambiar cosas en la universidad”.
-Hay miles de estudiantes que llegan al colegio y no saben comprender lo que leen. ¿Qué falló en el sistema educativo?
El gusto por la lectura se pierde muy temprano. La lectura ha de ser un placer y la sociedad la transformó en una obligación. A mí de niño me encantaba leer. Llegaba a la escuela y me decían: ahora tienes que leerte este libro y de aquí debes sacar personajes, localizaciones... yo lo odiaba y es paradójico porque me encantaba leer y odiaba eso. No debemos transformar la lectura en una obligación sino en un placer. Hay miles de trucos para estimular la lectura.
-¿Qué es lo principal que debe tener un docente para impartir lecciones?
Lo esencial es recordar que somos ejemplo para los niños. También pensar que cada día tenemos que dar nuestra mejor versión para sacar la mejor versión de niños y niñas. No hablo de tecnologías ni de infraestructura. Yo siempre hablo de lo que uno puede ofrecer. También puedo exigir, pero tampoco puedo olvidar lo que yo tengo que dar.
-En Costa Rica, la vocación y las capacidades para enseñar no se toman en cuenta a la hora de elegir un docente.
Nosotros abogamos para que las administraciones se den cuenta de que la elección de un maestro no debe basarse en la nota que saque si no, sobretodo, si entiende a los niños. Yo les preguntaría a los maestros en el proceso de selección: ‘¿Haz hecho algo de compromiso con la naturaleza? ¿Algún compromiso social? ¿Eres curioso, creativo? ¿Te importa la sociedad?’ Si responden que no, les diría 'vete y cuando adquieras esto, vuelves, porque no puedes como maestro exigir algo que tú no puedes dar”.
