Educación

Clases a distancia del MEP recargan labor docente en las madres

Poco contacto con educadores obliga a mujeres a asumir la función de maestras ante dudas de sus hijos; investigaciones exploraron efectos de educación en pandemia

Google se convirtió el mejor aliado de María Calderón, vecina de Paraíso de Cartago, quien debe explicar la materia que sus tres hijos no entienden.

El mayor, de 15 años, estudia en el Liceo de Paraíso y los dos menores, de 11 y 9, en la Escuela Fray José Antonio de Liendo y Goicoechea. Actualmente, el colegial va una semana al mes a clases presenciales, las otras tres semanas estudia desde el hogar.

Los dos niños ―uno de ellos con factor de riesgo ante la covid-19― estudian a distancia desde marzo del año pasado, cuando comenzó la pandemia de covid-19 en el país. Desde entonces, a Calderón se le juntaron las labores de sus dos trabajos y las labores domésticas, con la ayuda que debe dar a sus hijos cuando no entienden un tema.

“Algunos de sus maestros explican, pero otros toman la virtualidad como si fuera la UNED (Universidad Estatal a Distancia) y solo se conectan para ver si hay dudas de las guías (Guías de Trabajo Autónomo que se envían al hogar) que ya resolvieron, no las resuelven en conjunto con ellos. Hay algunos temas que a uno con los años se le olvidan y busco en Google o le pregunto a un amigo del Tec (Instituto Tecnológico de Costa Rica) para mayor seguridad”, explicó Calderón.

En San Nicolás de Cartago, a Sandra Pérez le pasa lo mismo. Tiene que apoyar a sus hijos menores en la educación a distancia.

Juan Pablo, de 9 años, y su hermana, Isabella, de 6, asisten a la Escuela Ascensión Esquivel, en el centro de Cartago; van dos veces a la semana a clases presenciales.

“Trato de apurarme con lo del hogar para que ya en la tarde los podamos ayudar. Mi hija mayor me ayuda con Isabella y yo a Juan Pablo. A veces es mucho lo que les envían y uno no tiene la capacidad para que ellos te entiendan. Hemos pasado a ser maestras al tener que explicarles materia que no ven, ya que virtualmente no es igual, presencialmente ellos entienden más”, recalcó Pérez.

La modalidad que el Ministerio de Educación Pública (MEP) tuvo que implementar por la crisis sanitaria ha hecho que la labor de explicar materia, que es trabajo del docente, se recargue, principalmente, en las madres.

Así lo confirmó el Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) en el estudio sobre el involucramiento parental educativo en la era covid-19, que realizó el año pasado.

Los resultados de la investigación evidenciaron que las labores de cuido y el involucramiento parental educativo pedagógico son asumidas principalmente por mujeres, quienes ante el incremento de las demandas en el contexto de la pandemia asumieron “una especie de triple jornada”.

En la encuesta participaron 867 personas, un 87% mujeres.

“Son las mujeres quienes, típica y tradicionalmente, han asumido el cuido de la familia, de las personas en esa familia, el cuido del hogar y teniendo labores domésticas, también tienen labores relativas a ingresos económicos y son ellas mismas quienes, mayoritariamente, asumen, de repente y de una manera inesperada, las labores educativas.

“No solo acompañan a sus hijos en las labores educativas, sino en asumirse casi como maestras y docentes en casa. Eso es de sumo interés conocerlo porque implica una sobrecarga, ansiedad y fatiga que también interesa registrar para eventualmente pensar mejores maneras de acompañar a estas familias”, explicó Mónica Salazar, del IIP.

Según el Ministerio de Educación Pública, el 88% de los 1.206.800 estudiantes matriculados en el sistema educativo están asistiendo de forma presencial a las aulas este año, ya sea en formato de educación bimodal, en el cual se asisten algunos días a las instituciones (72%) o, exclusivamente, de forma presencial todos los días de la jornada educativa (16%).

Sin embargo, el MEP desconoce cuántos días a la semana o al mes, en promedio, asisten los estudiantes a la presencialidad. Entre más grande sea la población de la escuela o colegio, menos días acuden a las aulas y más días deben continuar su educación desde la casa.

Además, hay 400.000 estudiantes sin conectividad y equipos, para quienes se dificulta o imposibilita acudir a sus profesores durante la educación combinada.

Fue esa carencia, precisamente, la que motivó al MEP a optar por suspender el curso lectivo por un mes debido al pico de contagios de covid-19 que vive el país. Considerar solo clases virtuales no era posible por la cantidad de alumnos que quedarían excluidos.

La medida aplica desde el 24 de mayo hasta el 25 de junio, cuando comienzan las vacaciones de medio año. De esta forma, los escolares y colegiales volverán a lecciones el 12 de julio.

Con dificultad

El estudio del IIP indicó que la personas que respondieron la encuesta aceptaron que no podían cubrir el trabajo de enseñanza como lo hacen los docentes al tiempo que atienden sus propias obligaciones laborales y las responsabilidades de la casa, en medio de la nuevas circunstancias impuestas por la covid-19.

Esa es la realidad en las casas, aunque no es lo que recogen las Orientaciones de Mediación Pedagógica para la Educación Combinada, que emitió el Ministerio para el curso lectivo 2021.

Según esos lineamientos, el rol de la familia en este proceso educativo se debe centrar en monitorear la realización de los trabajos por parte de los estudiantes, permanecer en contacto con el docente, revisar las comunicaciones enviadas por los educadores, organizar los horarios y rutinas de los estudiantes.

Nunca se indica en el documento que sean los miembros de la familia los que deban explicar la materia.

Melania Brenes, viceministra académica, lo ratificó al insistir en que es a los docentes a quienes los alumnos deben recurrir cuando tienen dudas de la materia vista.

“El docente, como principal tomador de decisiones, es el que define cómo aborda los aprendizajes esperados de los estudiantes a su cargo, a partir de los Informes de Logro que cada uno recibió en el año 2020 e incluyendo las estrategias más pertinentes en los encuentros presenciales o a distancia (por medio de sesiones sincrónicas o asincrónicas), para abordar materia nueva, repasar conocimientos previos y aclarar dudas en caso de que surjan”, manifestó la funcionaria.

Sin embargo, como reveló la investigación de la UCR, en muchos hogares el comedor se transformó en el aula, mientras que la madre o el padre se convierten en maestros cuando los estudiantes no entienden la materia para resolver las Guías de Trabajo Autónomo (GTA) y no tienen los medios para electrónicos para hacer la consulta a sus docentes.

Las GTA son trabajos que los docentes asignan para cada materia, y que el niño o adolescente debe realizar en el hogar durante las clases a distancia.

El desempeño de los estudiantes en esas guías es lo que el educador usa como insumo para evaluar al alumno y determinar si debe pasar o no al grado siguiente. Son fundamentales en el sistema que el MEP utiliza desde el 2020.

Andrea Vargas tiene a sus dos hijos, de 5 y 11 años, en la escuela Fray José Antonio de Liendo y Goicoechea. Decidió que solo iban a recibir clases a distancia porque el menor es asmático. Como otras madres, Vargas también ha tenido que fungir de maestra de sus hijos al tiempo que debe trabajar.

“No he pagado clases particulares, pero sí acudo a personas que tengan los conocimientos para evacuar lo que yo no sé. Mi hermana medio me colabora con Ciencias y mi papá con Matemáticas. La comunicación con los docentes es relativamente buena, pero no con todos. Hay maestros con los que es prácticamente imposible comunicarse. Las guías las resuelven los chicos con uno, no con el maestro; busco ayuda o yo misma me instruyo y les explico”, manifestó.

Yorlenny Fernández tiene tres niñas de escuela y un varón (el menor) que asiste a una escuela de enseñanza especial.

Todos los niños, quienes van a educación bimodal, usan el teléfono de la madre para poder mantener el contacto con sus maestras y buscarlas para aclarar dudas.

“Ellas están en sexto, cuarto y segundo grado. Me dedico un día a cada uno aunque con tantas guías (GTA) a veces no alcanza el tiempo. Van dos veces a la semana cada uno, aunque no se logran aclarar todas las dudas, pero al menos es un apoyo para uno como padre de familia que muchas veces no sabe cómo explicarles y me toca ayudarles sola y con ayuda de Google”, expresó Fernández.

Nazly Arce también vive estas congojas con su hijo que está en primer grado en la escuela Carlos Monge Alfaro, en Ochomogo, San Nicolás de Cartago.

Arce relató que, en lo que va del año, el niño ha ido “como dos veces” a la presencialidad, con la maestra de apoyo.

“Definitivamente, le hace falta la presencialidad, especialmente, por el grado en el que está, yo tengo que ser maestra, mamá, esposa y ama de casa, es toda una odisea. La maestra de él se conecta, les da la materia, les explica, pero nada más, al menos, en mi caso, nunca ha llamado para darle seguimiento. Mi hermana menor Génesis, está en el Colegio de Guadalupe y va 1 o 2 veces presencial a la semana cada 22 días. Si hay algo que no entiende, se va a puro Google y hay ocasiones que debe buscar profesor aparte para que le explique”, contó Arce.

Como publicó La Nación el 12 de mayo, algunos padres incluso pagan para que otras personas resuelvan las guías de trabajo de sus hijos. Así lo revelaron quienes ofrecen sus servicios en Internet por tarifas que van de ¢1.500 a ¢5.000.

“Dicen las madres que los docentes no les ayudan y no explican bien la materia, piden los trabajos con poca anticipación y que su hijo no entiende nada de lo que el profesor explica”, mencionó una vecina de San José, quien se dedica tiempo completo a resolver las GTA.

Sin preparación

Un sondeo realizado en 2020 por el investigador del Estado de la Educación, Dagoberto Murillo, reveló que menos de la mitad de los padres se sienten bien preparados para ayudar a sus hijos con la educación en el hogar obligada por la emergencia sanitaria.

La consulta pretendía conocer cómo había cambiado la vida de las personas y, en especial, la educación. Se recopiló información de 2.546 hogares de los cuales 62,7% tenía presencia de estudiantes de preescolar, primaria y de secundaria.

Según los resultados, dados a conocer en octubre, cuando se les preguntó qué tan preparados se sentían para ayudar a las niñas, niños y jóvenes con el aprendizaje y las tareas, el 42% indicó que “mucho”; 41% que “algo”; y el porcentaje restante (17%) “poco o nada”.

La posibilidad de dar un mayor apoyo aumentó conforme mayores eran las personas o mayor nivel de escolaridad tenían.

“Se trasladó el espacio educativo a los hogares donde hay algunos que sí tienen condiciones y otros, no. En el aula, está el docente, en la casa, solo los padres. Hay espacios como Teams para aclarar dudas, pero hay limitaciones tecnológicas. Muchas veces no es que los padres no quieran, es que no tienen los recursos o preparación para dar el apoyo como sí lo tiene el docente que tienen formación pedagógica”, expresó Murillo.

Otro aspecto que se debe evaluar es que, en este momento, la educación no está entre las prioridades de muchas familias.

De acuerdo con la investigación desarrollada por el IIP, contar con ingresos económicos y buenas condiciones de salud es ahora más importante debido al impacto de la pandemia. Satisfacer esas necesidades está por encima de otros intereses como el curso lectivo o el avance de los hijos en su educación.

Incluso, el Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP) elaboró una serie de videos, por medio de los cuales brinda recomendaciones a las familias para afrontar los diversos efectos de la crisis sanitaria en las dinámicas cotidianas.