‘Dios me dejó con vida para seguir’: monseñor Javier Román relata su misión en territorios indígenas tras superar un infarto
Cinco meses después de un infarto, caminó hasta siete horas por zonas de difícil acceso en Alto Coen y San José Cabécar, para constatar el limitado acceso a salud territorios indígenas de Costa Rica
Monseñor Javier Román Arias retomó sus giras en territorios indígenas tras un infarto, convencido de continuar su misión en estas comunidades. Eco Católico
Monseñor Javier Román Arias retomó sus giras en territorios indígenas tras un infarto, convencido de continuar su misión en estas comunidades. (Eco Católico/Cortesía)
El presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica recorrió caminos de montaña junto al padre Fabio Flores, de 72 años; el doctor Gilberth Castro y su sobrino Luis Miguel Benavides. El trayecto incluyó largas caminatas entre ríos y barro, en zonas donde el acceso es limitado.
Según narró a La Nación, ese episodio marcó su decisión de continuar con su labor.
“Yo creo que lo que me hace volver es que, gracias a Dios, me dejó con vida y con todas mis facultades. Después de consultar a los médicos, me dijeron que podía hacer mi vida normal. Entonces siento que hay un milagro: Dios me dejó aquí para algo”, explicó.
Román dijo que la gira también tuvo un significado personal.
“Sigo con mi vida, con mi misión como obispo, pero también con el compromiso en la zona indígena. Por eso decidí hacer esta gira, también como una prueba personal y hasta como terapia”, indicó también al Eco Católico, quienes compartieron con La Nación las fotografías.
Durante el recorrido, el grupo caminó hasta siete horas en una sola jornada. “El segundo día caminamos cerca de siete horas, con tramos muy exigentes, subiendo y bajando. El cansancio ya pesaba bastante y costó llegar al campamento, pero gracias a Dios lo logramos”, relató.
En la visita, documentaron condiciones de acceso limitado a servicios básicos, especialmente en salud. Según Román, la atención médica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) llega a estas comunidades aproximadamente cada tres meses.
“La situación es muy precaria, sobre todo en salud. La atención médica llega muy poco y ellos no tienen los recursos para salir a buscarla”, afirmó.
La gira permitió documentar que en estas comunidades la atención médica puede tardar meses y el acceso a servicios básicos es limitado. (Eco Católico/Cortesía)
También describió limitaciones en educación y alimentación. “Reciben pocas clases y no tienen condiciones adecuadas. La alimentación es limitada. Una mujer me decía que no comen arroz todos los días para que les rinda”, comentó.
San José Cabécar… una comunidad a la que se llega caminando cerca de siete horas. Siete horas que no son solo distancia, sino reflejo de lo lejos que aún están muchos de nuestros hermanos.
Al final, uno no recuerda el cansancio. Recuerda los rostros.
Y entiende: No volví para descansar.
Volví para servir.
— Monseñor Javier Román
“Dormimos sobre tablas de madera, así viven, así descansan. Hubo frío en la noche, cansancio en el cuerpo y hasta picaduras de avispa.
“Algunos perdieron sus zapatos en el camino. Yo mismo, por momentos, me pregunté si podría seguir.
“Más de uno intentó disuadirme, con cariño, con preocupación. Pero hay algo que comprendí en ese lecho donde casi muero: la vocación no se negocia. Y la mía es clara, estar con los pobres entre los pobres”.
“Ellos, que tienen tan poco, nos sostuvieron”, recordó.
“Ellos, que tienen tan poco, nos sostuvieron”, monseñor Javier Román rescata la humanidad de la comunidad indígena que visitó en su gira misionera. (Eco Católico /Cortesía) El obispo Javier Román retomó su misión tras un infarto y documentó el limitado acceso a salud en Alto Coen y San José Cabécar. ( Eco Católico /Cortesía) El obispo Javier Román retomó su misión tras un infarto y documentó el limitado acceso a salud en Alto Coen y San José Cabécar. ( Eco Católico /Cortesía) El obispo Javier Román retomó su misión tras un infarto y documentó el limitado acceso a salud en Alto Coen y San José Cabécar. ( Eco Católico /Cortesía)
La experiencia, comentó, deja en evidencia una deuda histórica con estas comunidades, que enfrentan limitaciones en salud, educación, alimentación y acceso.
“Lo que más duele no es el cansancio del camino, es el abandono”, expresó.
El mensaje, tras la visita, es directo: las autoridades deben volver la mirada hacia estos territorios y garantizar condiciones dignas. “Ellos no son menos, son iguales”.