José Andrés Céspedes. 10 marzo, 2020
A Chepito le gustaba mucho bailar y salir a compartir con sus amigos y amigas en Santa Ana, pero en la actualidad, por su seguridad, no sale solo. En 2018 se recuperó satisfactoriamente de una cirugía por hernia en el hospital San Juan de Dios. Foto: Melissa Fernández
A Chepito le gustaba mucho bailar y salir a compartir con sus amigos y amigas en Santa Ana, pero en la actualidad, por su seguridad, no sale solo. En 2018 se recuperó satisfactoriamente de una cirugía por hernia en el hospital San Juan de Dios. Foto: Melissa Fernández

Si usted busca a José Uriel de los Ángeles Delgado Corrales en la página del TSE, se sorprenderá: nació el 10 de marzo de 1900 y tiene 120 años.

Chepito, como le llaman, cumplió esos 120 años este martes y es la persona más longeva de Costa Rica.

Él nació a las 10 p. m. en San Antonio de Escazú y es hijo de Jesús Delgado y Gabrila Corrales, según la página de consultas civiles del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Desde hace 25 años vive en el Hogar de Ancianos de Piedades de Santa Ana, donde se le quiere por su humildad y simpatía hacia las personas.

En 2018 no solo fue a votar en las elecciones nacionales sino que también se recuperó satisfactoriamente de una cirugía por hernia en el hospital San Juan de Dios.

En el Hogar, además de techo, comida y abrigo, recibe terapia física, servicios de salud y, especialmente, mucho cuidado y afecto, lo que le permite tener calidad de vida a sus 120 años. Según ha dicho, no tuvo esposa, ni hijos.

Ya no camina tan rápido como antes y su pequeño cuerpo está un poco más encorvado, lo que lo hace verse aún más bajito de lo que es.

Hace algunos años se intentó ingresar a Chepito a los Récord Guinness como el hombre más longevo del mundo, pero la organización solicitó documentos que no se lograron facilitar, como por ejemplo su primer documento de identidad.

A Chepito no le duele nada, no se queja por el calor o por el frío. Goza de un apetito extraordinario, duerme muchas horas y realiza ejercicios.

Como toda una persona independiente, Chepito también come solo, tiende su cama y no pone ninguna objeción cuando tiene que hacer sus tareas en el hogar.

Su dieta es normal, come lo mismo que los demás adultos mayores que habitan el lugar, de hecho, su apetito se mantiene intacto a pesar de los años.

De su historia se sabe poco. Al parecer no tenía casa y en los años antes de ingresar al Hogar vivía en la calle. Los vecinos le daban café, frutas y demás alimentos. Cuando tenía 95 años se enfermó y alguien lo llevó al hospital, de ahí tramitaron su ingreso al Hogar.

Chepito es uno de los 20.995 adultos mayores que se benefician directamente con las utilidades que genera la Junta de Protección Social (JPS) con la Lotería Estatal.