Moscú. Al amenazar a Estados Unidos con una réplica inmediata en caso de ataque nuclear, el presidente ruso Vladimir Putin, que tiene casi asegurado un cuarto mandato en la elección del 18 de marzo, ha dejado claro que la era de tensiones con Occidente está lejos de acabar.
Salvo inmensa sorpresa, el exagente del KGB ganará las elecciones presidenciales del 18 marzo, lo que le asegura el poder hasta 2024. La campaña electoral ha sido inocua a nivel interno pero en cambio estuvo repleta de enfrentamientos diplomáticos entre Moscú y las potencias occidentales.

A principios de marzo, Vladimir Putin, de 65 años, elogió las nuevas armas de Rusia en un discurso marcado por una fuerte retórica militar, y uno de los más belicosos que haya pronunciado en 18 años de poder.
Si Rusia o uno de sus aliados es atacado con armas nucleares nuestra respuesta será inmediata declaró Putin, al presentar nuevas armas rusas calificadas de invencibles.
El 7 de febrero, Washington anunció haber matado en Siria a unos 100 combatientes prorrégimen, entre ellos varios mercenarios rusos. Moscú admitió que cinco ciudadanos rusos murieron, pero que no pertenecían al ejército ruso.
Algunos vieron en el incidente una inédita confrontación directa entre fuerzas estadounidenses y rusas, en momentos en que las relaciones entre Moscú y Washington están en su nivel más bajo, y envenenadas por las sospechas de injerencia rusa en la presidencial de Estados Unidos en el 2016.
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Putin negó esas acusaciones el viernes en una entrevista a la cadena NBC, y desmintió cualquier implicación de Rusia en la elección de Donald Trump.
Polémica
El 6 de marzo, las tensiones con Occidente volvieron a dispararse cuando el exespía ruso Serguéi Skripal, de 66 años, y su hija Yulia, de 33, quedaron entre la vida y la muerte por la administración de un agente neurotóxico. Ambos fueron hallados inconscientes en un banco en Salisbury, en el sur de Inglaterra.
Todas las miradas se dirigieron a Rusia pero Moscú negó estar tras el ataque y denunció ser víctima de una campaña de desprestigio.
Las relaciones entre Rusia y Occidente están en el nivel más tóxico desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y el caso Skripal puede afectarlas aún más, según el sitio Gazeta.ru.
Pero todo ello es positivo para el candidato Putin. La imagen de una Rusia acosada, y acusada de todos los males por Occidente, es un factor que incita a los electores rusos a unirse y votar por él.
Y ello pese a una reducción de su nivel de vida durante el último mandato de Putin, marcado por una recesión económica.
En su último discurso en el Parlamento, el presidente ruso prometió sin embargo medidas para luchar contra la pobreza. Pero las promesas de campaña son vanas e inútiles, recuerda Andrei Kolesnikov, analista del centro Carnegie en Moscu.
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Putin, con un 70% de votos según los sondeos, supera claramente a todos sus rivales. El mejor situado, el comunista, Pável Grudinin, obtendría 7,8% de los sufragios.
Además, el índice de popularidad de Putin se disparó con la anexión de la península ucraniana de Crimea el 18 de marzo de 2014. El cuarto aniversario de esta anexión será celebrado el día de la elección presidencial.
El principal opositor a Putin, Alexéi Navalni, declarado inelegible por la justicia hasta 2024, ha llamado a los electores a boicotear la elección.
Pero pese a sus esfuerzos, los sondeos auguran un índice de participación del 60%, lo que aseguraría a Putin la legitimidad buscada.
Ello podría alentarlo a proponer una serie de leyes que limiten aún más las libertades civiles, y afecten cada vez más a la prensa y la oposición, según alegan los críticos del Kremlin.
“Una tiranía de la mayoría está empezando a emerger” afirma Kolesnikov. “El país sigue unido detrás de los habituales valores antioccidentales, aislacionistas y conservadores”, asegura.