
Madrid. Andalucía, bastión histórico del socialismo, celebra este domingo unos comicios regionales que abrirán una serie de citas electorales en España, y en los que tanto el gobierno central socialista como sus rivales de izquierda y derecha se juegan mucho.
La región más poblada del país, con 8,4 millones de habitantes, elige a los 109 integrantes de su Parlamento.
Será la primera prueba de fuego antes de las elecciones municipales, regionales y europeas de mayo del 2019, y de unas elecciones generales esperadas ese mismo año.
Los socialistas, a quienes los sondeos auguran una victoria sin mayoría absoluta, se juegan seguir dominando una región que gobiernan sin interrupción desde 1982, y que es su principal vivero de votos y mandos dirigentes en España.
“Estamos iniciando un nuevo ciclo electoral, y un batacazo sería muy duro de tragar” para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), advierte el politólogo Jean-Baptiste Harguindeguy, de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.
Pedro Sánchez, al frente del gobierno más minoritario de la democracia española, dejó de lado su difícil relación personal con la presidenta andaluza y candidata a la reelección, Susana Díaz, a fin de intentar fortalecerse de cara a un esperado adelanto de las elecciones generales.
Por su lado, las dos agrupaciones de derecha, el veterano Partido Popular (PP) y el joven Ciudadanos, juegan por partida doble: primero, ver quién lidera el campo conservador, y segundo, desbancar juntos al socialismo andaluz, con la vista puesta en desalojar a Sánchez del poder a medio plazo.
Un desafío en el que no descartan contar con el apoyo de Vox, un novedoso partido ultraderechista que espera entrar en la cámara regional y que durante la campaña cargó duramente contra los inmigrantes africanos que casi a diario desembarcan en las costas andaluzas.
“Lo veo poco probable, pero por qué no” una inédita mayoría conservadora, apunta Harguindeguy.
Según él, quien más arriesga en la derecha es Pablo Casado, sucesor de Mariano Rajoy al frente de un PP que nunca logró gobernar en esta tierra y cuyo líder regional, Juanma Moreno, reconoció que “las campañas siempre son complicadas para el PP en Andalucía“. Casado “corre el riesgo de quemarse”, incidió Harguindeguy.
Por último, la sección andaluza de la izquierda radical de Podemos espera corregir la caída del partido a nivel nacional, y presentarse como alternativa a un socialismo desgastado.
Sin descartar del todo salir en su ayuda para mantener la hegemonía de la izquierda en la región, pues según dijo su líder, Teresa Rodríguez, “somos garantía de barrera a las derechas”.

Entre los temas de fondo de la campaña estuvo el desempleo, en una región con casi un 23% de paro a finales del tercer trimestre, muy por encima de la media española (14,5%).
Otro tema fundamental fue la corrupción, cuando sigue en curso en Sevilla un macrojuicio contra 22 exdirigentes socialistas andaluces, entre ellos los expresidentes regionales Manuel Chaves y José Antonio Griñán, por el presunto manejo fraudulento de un fondo público de 854 millones de euros entre el 2000 y el 2011.
El caso se sumó a otro abierto recientemente en contra del que fuera director de un fondo público de formación para desempleados andaluces, sospechoso de gastarse el dinero del mismo en burdeles.
Por todos estos casos le han llovido a Susana Díaz los ataques de sus rivales, que califican el dominio socialista de “sistema clientelar”, “cortijo” y “susanato”. ”Quien quiera coaliciones en negativo tiene donde elegir”, pero quien prefiera “estabilidad” tiene “al Partido Socialista y me tiene a mí”, expresó Díaz a modo de defensa en un debate televisado con sus rivales.