AFP. 9 noviembre
El candidato socialista Pedro Sánchez pronuncia un discurso durante una reunión electoral, antes de las elecciones generales del domingo en Barcelona, España, el viernes 8 de noviembre del 2019. Foto: AP
El candidato socialista Pedro Sánchez pronuncia un discurso durante una reunión electoral, antes de las elecciones generales del domingo en Barcelona, España, el viernes 8 de noviembre del 2019. Foto: AP

Madrid. Los españoles aguantaban la respiración este sábado, en vísperas de unas elecciones legislativas que serán las cuartas en cuatro años y que se celebran bajo el signo de un bloqueo político ya crónico y la emergencia de la extrema derecha.

Tras los mítines de cierre el viernes noche, este sábado es jornada de reflexión, y los partidos tienen prohibido hacer campaña electoral.

A menos de 24 horas de que abran los colegios el domingo, el líder socialista Pedro Sánchez espera, tal como vaticinan los sondeos, una victoria sin mayoría absoluta, como ya lo hiciera el pasado 28 de abril.

Pablo Casado, del conservador Partido Popular (PP), espera liderar la recuperación de su formación, después de cosechar en abril el peor resultado de su historia con 66 diputados, de los 350 que cuenta la Cámara Baja.

Al igual que durante la campaña, las miradas estuvieron este sábado en Barcelona, donde el gobierno de Sánchez había organizado un fuerte dispositivo de seguridad ante la convocatoria de varias protestas llamando a la "desobediencia".

La jornada, finalmente, transcurrió sin incidentes. El acto más destacado fue en la céntrica Plaza de la Universidad de Barcelona, donde una plataforma separatista organizó actuaciones musicales y discursos que atrajeron a miles de personas.

"Queremos sentarnos y hablar (con Madrid), pero allí no se pone nadie", lamentaba Teresa Rubio, una empleada de banca de 55 años, recordando que Sánchez ha presumido en campaña de no responder a las llamadas del presidente regional Quim Torra.

El ambiente festivo contrastaba con las escenas de mediados de octubre, cuando el separatismo respondió con una ola de protestas, algunas terminadas en fuertes disturbios, a la condena de nueve dirigentes a pesadas penas de cárcel por el intento de secesión del 2017.

La situación dio alas a la extrema derecha de Vox, una formación que conoció un ascenso fulgurante en los últimos 12 meses y que según los sondeos podría duplicar resultados (de 24 escaños a unos 50).

"Yo siempre he sido del PP, pero tal como está la situación, creo que hace falta mano dura" en Cataluña, dijo a AFP la noche del viernes Ana Escobedo, quien acudió al mitin de cierre de Vox con sus dos hijos.

Allí, la formación de extrema derecha propone suspender la autonomía, ilegalizar a los partidos separatistas y detener a Quim Torra.

En busca de estabilidad

Durante la campaña, Sánchez recriminó al PP y al partido de centroderecha liberal Ciudadanos sus alianzas con Vox en lugares clave como las regiones de Andalucía y Madrid, y el ayuntamiento de la capital de España.

Pero sobre todo, se presentó como el garante de la estabilidad en una España sumida en una lógica de bloques y en donde, según las encuestas, ninguno de ellos obtendrá la mayoría de 176 asientos en la cámara baja.

"Gobierno y avance solamente lo garantiza el Partido Socialista el próximo 10 de noviembre", dijo al cerrar campaña en Barcelona, añadiendo que busca "un gobierno progresista que frene a la ultraderecha, y un gobierno que frene a los extremistas también aquí en Cataluña, que son los independentistas".

Los comicios del domingo son una repetición electoral, después de que Sánchez fuera incapaz de armar una mayoría parlamentaria con la izquierda radical de Podemos y otras formaciones.

El PSOE ha dejado claro que no quiere explorar la posibilidad de un gobierno de coalición con Podemos, fracasada el pasado verano, y espera que los demás partidos le dejen gobernar, absteniéndose en una futura votación de investidura en la cámara.

La maniobra es complicada ante la fragmentación del panorama político con tres formaciones de derecha (PP, Vox y Ciudadanos), tres de izquierda (PSOE, Podemos y su reciente escisión Más País) y numerosos partidos regionales.

"Lo que tiene clarísimo [Pedro Sánchez] es que con un escaño más que el siguiente partido, toda la presión se traslada a los demás", para dejarlo formar gobierno, comenta a la AFP José Ignacio Torreblanca, director de la oficina madrileña del think tank europeo ECFR. "Quiere un gobierno en solitario, sin ataduras fundamentales", incide.

Steven Trypsteen, economista para España y Portugal del banco holandés ING, añade que "la presión para encontrar una solución después de cuatro elecciones en otros tantos años será más fuerte".

“El desenlace más probable es un gobierno en minoría liderado por el PSOE”, apunta.