
París. Decenas de miles de “chalecos amarillos” se manifestaron en toda Francia este sábado, poniendo a prueba el debate nacional convocado por el presidente Emmanuel Macron para intentar apagar estas protestas antigubernamentales.
En total, el Ministerio del Interior contabilizó unos 27.000 manifestantes en todo el país, frente a 32.000 el sábado pasado a la misma hora.
En París, pese a un frío invernal, un cortejo de varios miles de manifestantes salió hacia el mediodía de la explanada del Palacio Nacional de los Inválidos, en pleno centro de la capital, en un ambiente festivo, constató un periodista de la AFP. Los manifestantes, que gritaban “¡París de pie, levántate!”. Recorrieron 14 kilómetros, custodiados por 5.000 policías.
“Seguimos manifestando por un mayor poder adquisitivo, para vivir decentemente”, dijo Mathieu, un profesor de música de 30 años, que sale a manifestar cada sábado (ya van diez sábados) para denunciar la brecha “cada vez mayor” entre los pobres y los ricos.
Por su parte, Michel, un ingeniero informático de 53 años, participó en su novena protesta. Este padre de familia, con tres niños, no tiene intención de participar en la consulta organizada en torno a las principales preocupaciones planteadas por los “chalecos amarillos”. “Se acabó. Nos estamos divorciando de nuestras élites y no puede haber vuelta atrás”, consideró.
Otras zonas
Además de París, miles de manifestantes desfilaban en las principales ciudades de Francia en medio de un despliegue policial de 80.000 agentes.
En Toulouse, unos 5.000 “chalecos amarillos” salieron a las calles al grito de “¡Macron, dimisión!”. En Lyon, la Policía lanzó gases lacrimógenos contra manifestantes que intentaron acceder al centro de la ciudad, constató un periodista de la AFP.
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“Macron habla, pero no nos escucha... El combate continúa”, declaró Laeticia, una mujer que manifestaba en Rennes, junto a unas 2.000 personas.
Algunos manifestantes llevaban una rosa blanca en homenaje a las personas muertas o heridas por la causa. Desde mediados de noviembre, 10 personas murieron en accidentes relacionados con las manifestaciones, la mayoría de ellas durante cortes de carreteras, y 3.000 resultaron heridas (manifestantes y policías).

El movimiento de los “chalecos amarillos”, que comenzó como una revuelta contra el alza de un impuesto sobre los combustibles, se ha convertido en protestas semanales en toda Francia contra la política fiscal y social de Macron, que en varias ocasiones resultaron en violentos enfrentamientos con la policía.
El colectivo Desarmar, un grupo local que hace campaña contra la violencia policial, documentó 98 casos de heridas graves desde las primeras protestas nacionales, incluyendo 15 casos de personas que perdieron un ojo, sobre todo por el uso de balas de goma por parte de la Policía.
Pese a las críticas, el ministro del Interior, Christophe Castaner, defendió el uso de balas de goma para mantener el orden público. Sin esta arma, la policía no tendría otra opción más que el contacto físico y habría muchos más heridos, estimó.

El denominado “acto 10” pone a prueba el gran debate nacional de dos meses que Macron lanzó esta semana para intentar desactivar las protestas.
El presidente de 41 años mantuvo esta semana dos reuniones con cientos de alcaldes y representantes locales para abordar las principales preocupaciones de los franceses. Se realizarán también en todo el territorio reuniones en las que los franceses podrán expresar sus principales reivindicaciones.
Este es el segundo intento del mandatario centrista por apagar las protestas, después de que suspendiera la tasa sobre los carburantes que desató las protestas a mediados de diciembre y lanzara un paquete para mejorar el poder adquisitivo valorado en unos 10.000 millones de euros.
Las protestas seguirán durante el domingo en varias ciudades del país.
