
Sochi, Rusia. El acuerdo entre Rusia y Turquía, suscrito el martes en Sochi, balneario ruso sobre el mar Negro, supone el fin de la autonomía ‘de facto’ de los kurdos en el noreste de Siria, opinan los analistas.
Los kurdos sirios esperaban que su decisivo apoyo a la comunidad internacional en la lucha para derrotar al "califato" del grupo Estado Islámico (EI), iba a reportarles reconocimiento.
Pero, en lugar de ello, Estados Unidos anunció la retirada de sus tropas de la región, dejando desprotegidos a los kurdos sirios.
El acuerdo de Sochi supone una verdadera debacle para las fuerzas kurdas, que hasta hace dos semanas controlaban casi una tercera parte del territorio de Siria, y ahora están a punto de perderlo totalmente.
“Para los kurdos, esto supone el fin de Rojava, de sus sueños de autonomía”, opinó Fabrice Balanche, un geógrafo especializado en Siria.
El futuro de Rojava -el nombre que los kurdos dan a su región- quedó sellado tras el acuerdo entre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo ruso, Vladimir Putin.
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Rusia y Turquía desplegarán patrullas conjuntas en el noreste de Siria para garantizar el retiro de las milicias kurdas de la zona.
Erdogan precisó que el acuerdo con Rusia -aliada del gobierno sirio- abarca los sectores noreste de ese país, donde se desarrollaba la ofensiva de Ankara contra las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas, a las que considera “terroristas”, para establecer una “zona de seguridad”.
Turquía y Rusia controlarán la mayor parte de la frontera turco-siria.
Kurdos desprotegidos
El acuerdo obliga a los kurdos a desarmarse y a retirarse, lo que supone que dejan de controlar buena parte de sus principales localidades.
“En términos de pérdida de territorio, pierden prácticamente todo”, aseguró Balanche.
La ofensiva turca, comenzada el 9 de octubre en el noreste sirio y suspendida la semana pasada, fue posible merced a la retirada de las tropas de Estados Unidos, desplegadas a lo largo de la frontera para interponerse entre su aliado de la OTAN, Turquía, y las milicias kurdo-sirias.
La retirada de Estados Unidos dejó a los kurdos en la estacada, obligándolos a pedir ayuda al régimen de Damasco ante la ofensiva turca.

Ahora, “Damasco aspira a controlar todo aquello que Turquía no ocupa” en el noreste del país, explicó Balanche. El régimen de Bashar Al Asad quiere seguir reconquistando el territorio nacional que empezó a perder desde el inicio de la guerra, en el 2011.
El único punto positivo para los kurdos del acuerdo Putin-Erdogan es que frena la ofensiva turca y evita un posible baño de sangre y una catástrofe humanitaria.
Decenas de civiles murieron durante los días que duró la ofensiva turca, así como más de 250 combatientes kurdos.
Además, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición árabe-kurda, ha perdido a 11.000 combatientes en cinco años de operaciones militares contra el Estado Islámico, junto a la coalición internacional liderada por Estados Unidos.
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El comandante de las FDS, Mazlum Abdi, había dejado claro tras el inicio de la reciente ofensiva turca que era mejor llegar a un acuerdo que correr el riesgo de un “genocidio”.
Los kurdos “se han librado de una mayor ofensiva turca que los habría expulsado muy lejos de sus tierras”, indicó Balanche.
Estos establecieron una región semiautónoma de hecho en el noreste de Siria tras el caos provocado por la guerra en el país.
Ahora, las milicias kurdas “podrían convertirse en fuerza combatiente pero bajo la égida del ejército sirio”, opinó el investigador experto en Siria Samuel Ramani.
“Rusia no va necesariamente a ayudar a los kurdos, pero al mismo tiempo quiere reducir la magnitud de la presencia militar de Turquía, y por eso desea que el mayor número de zonas kurdas se reintegren al régimen de Bashar Al Asad y a Siria”, explica Ramani.