Fátima/ Lisboa (DPA). Todo era fiesta en la visita del papa Benedicto XVI a Portugal. El pontífice se había dado baños de multitudes y se había ganado elogios con sus severas condenas a los casos de abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica.
Pero tras una misa multitudinaria en el santuario de Fátima, Joseph Ratzinger, arremetió hoy duramente contra el aborto y el matrimonio homosexual e incomodó con ello a muchísimos de sus anfitriones, desatando una ola de críticas.
Uno de los ciudadanos más respetados en Portugal, el médico humanitario Fernando Nobre, reaccionó alegando que la ley sobre el aborto existente desde 2007 en Portugal, que permite la interrupción del embarazo hasta la décima semana de gestación.
“Esta ley, es la más adecuada para que no sean encontrados bebés en inodoros o en los peñascos, como en el pasado" dijo el candidato a la presidencia de Portugal.
En un encuentro con unos 9.000 representantes de instituciones de caridad, el Papa expresó "profundo aprecio por todas aquellas iniciativas sociales y pastorales que buscan luchar contra los mecanismos socioeconómicos y culturales que llevan al aborto".
Los asistentes al encuentro, realizado en la iglesia de la Santísima Trinidad en el santuario de Fátima, ovacionaron al jefe de la Iglesia católica cuando éste advirtió que el aborto y el casamiento homosexual eran "peligrosos desafíos al bien común".
Benedicto defendió asimismo todas "aquellas iniciativas que tienen como objetivo tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, así como de la familia, fundada sobre el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer".
Las reacciones, entretanto, no se hicieron esperar. Nobre, católico nacido en Angola y fundador de la ONG "Asociación Médica Internacional" (AMI), afirmó que el tema del matrimonio homosexual es "una cuestión de derechos humanos".
La ministra de Salud de Portugal, Ana Jorge, afirmó que respetaba la posición de la Iglesia, "pero no es la nuestra".
"La interrupción del embarazo no representa de manera alguna la solución de todos los problemas pero lleva a una mejor calidad en materia de salud previniendo situaciones más graves", dijo Jorge.
Por su parte, el activista homosexual Miguel Vale de Almeira, diputado del gobernante "Partido Socialista" (PS), calificó las declaraciones del Papa de "infelices".
Cualquier dirigente religioso, agregó, "tiene el derecho de manifestar públicamente sus opiniones, pero sin inmiscuirse en los asuntos políticos de un Estado".
La "Unión de Mujeres Alternativa y Respuesta" (UMAR) criticó lo que calificó de intento de "colocar en el ostracismo los derechos de las mujeres y de las personas con orientación sexual diferente".
El matrimonio homosexual fue aprobado recientemente por el parlamento luso, pero se dice que el presidente, Anibal Cavaco Silva, estaría evaluando la posibilidad de interponer su veto ante las críticas de los obispos portugueses.
Antes de desatar la polémica en torno al aborto y al casamiento homosexual, el papa Benedicto XVI había presidido hoy una misa multitudinaria con peregrinos en el santuario de Fátima, en lo que fue el acto más importante de su visita de cuatro días a Portugal.
Según medios, cerca de medio millón de personas participó de la misa en este santuario situado unos 120 kilómetros al norte de Lisboa.
Ni siquiera el popular antecesor de Benedicto, Juan Pablo II, consiguió alcanzar este número de asistentes en alguna de sus tres visitas a Fátima.
Cuando se celebran 93 años de la supuesta aparición de la virgen María a tres pastores, los fieles recibieron al pontífice al grito de "¡Viva el Papa!", ondeando banderas de sus países de origen.
"Vine a agradecer a la virgen las gracias que me concedió", señaló uno de los peregrinos, Maria de Conceicao, de 55 años.
"También vengo como peregrino de María", dijo Benedicto XVI en su prédica. El pontífice católico rezó por la humanidad, a la que dijo amenazan miserias y dolores.
Al acto del Papa acudieron entre otros el presidente de Portugal, Anibal Cavaco Silva, el ministro de Exteriores, Luis Amado, y un millar de sacerdotes de múltiples nacionalidades.
Tras la misa Benedicto XVI bendijo a 428 personas que sufrieron distintas enfermedades, asegurándoles que podrán "superar el sentimiento de inutilidad y sufrimiento" manteniéndose "en la firme roca del amor".
Durante su viaje en avión a Portugal, Bendedicto XVI realizó una de las más duras críticas de los últimos meses contra los casos de supuestos abusos de menores en el seno de la Iglesia católica Habló de una "verdad aterradora", de un "ataque interno" a la Iglesia. Advirtió asimismo que el "perdón no puede reemplazar a la justicia".