
Muchos de los grandes líderes de Silicon Valley pasan día y noche de las bondades de sus empresas. A veces demasiado, como ha demostrado Elon Musk, capaz de tuitear más de lo que respira. Otro que habla a menudo es Alex Karp, de Palantir, cuyo poder no deja de crecer en la carrera armamentista impulsada por la inteligencia artificial. Ahora publica un manifiesto entero.
En El Señor de los Anillos, Palantir es una piedra esférica que sirve para ver sitios distintas o hasta comunicarse con otros en la distancia. Tiene orígenes nobles, pero cuando la conocemos, está en manos de un mago corrupto que cree que la controla y que puede comunicarse con Sauron, el máximo villano, y hasta congraciarse con él por medio de la Palantir.
Algún consejero de marketing advertiría contra tal uso, pero la empresa es hoy de las más prominentes en seguridad y continúa expandiéndose con contratos en Estados Unidos, Europa y el resto del mundo.
Palantir ofrece, en esencia, herramientas de vigilancia e inteligencia masivas, apoyada en su capacidad de reunir y analizar vastas bases de datos. Por eso, cuando Karp publicó su “manifiesto”, despertó tantas alarmas por las aparentes aspiraciones que exhibe.
En medio de una intepretación histórica muy negativa con respecto al desarme posterior a la Segunda Guerra Mundial, pregona un rearme con inteligencia artificial. Contra un “pluralismo vacío y superficial”, propone un gobierno estadounidense empoderado por la tecnología para una vigilancia masiva “contra el crimen”, así como, implícitamente, restricciones a la prensa y, al final, que lo molesten menos como figura pública.
Pero todo viene envuelto en un lenguaje bélico que preocupa por lo extendidos que están sus sistemas de vigilancia en las democracias “occidentales”. El crítico Cas Mudde advirtió: “El manifiesto de Palantir sobre su aspirada ‘República Tecnológica’ es una de las cosas más inquietantes que he visto en mucho tiempo”.
“Es un llamado a un mundo dominado por un Estados Unidos autoritario, generado por inteligencia artificial (tanto la declaración como el propio mundo) y gobernado por empresas de vigilancia tecnológica. ¡Tecnofascismo en estado puro!“, alerta el académico, quien hace pocos meses visitó Costa Rica con advertencias similares.

Uno de los cofundadores e inversionistas clave de Palantir es Peter Thiel, quien ejerce una influencia extraordinaria sobre el gobierno estadounidense, según múltiples reportes. Además, fue mentor en cierto modo de JD Vance, vicepresidente actual y presunto sucesor de Trump en el poder. Entre otros pasatiempos, recién paseaba por Roma pregonando la figura de un “Anticristo” de la era tecnológica; en esencia, Thiel habla de una forma de gobierno posdemocrática donde las élites tecnológicas (o sea, él) tomen las riendas allí donde la democracia liberal ha “fallado”.
Por todos esos motivos, el manifiesto publicado por Alex Karp ha despertado alertas; no se trata solo de su lenguaje disparatado, sino de la influencia que, en la vida real, están ejerciendo estas figuras sobre industrias y gobiernos de todas partes.
El filósofo Mark Coeckelbergh escribe: “Mi punto no es que la tecnología de IA conduzca inevitablemente al tecnofascismo, sino que, sin vigilancia y en el contexto de un proyecto tecnofascista, puede facilitarlo, de manera silenciosa, eficiente y con una apariencia de inevitabilidad”. Para él, el documento de Palantir ofrece un vistazo a esa deriva tecnofascista “como un mundo que ya está en construcción”.
Un mundo con salud, seguridad, inteligencia y control privatizados en un puñado de compañías interrelacionadas suena como invento de ciencia ficción. Pero es el sueño de hombres de carne y hueso, muy presentes en la vida pública contemporánea, que ahora abren un debate en sus términos. Cabe preguntarse si la democracia liberal podrá resistirse o si quiere hacerlo del todo.

