Nayib Bukele, el actual presidente salvadoreño, conocido por su enfoque firme y su reputación de “dictador cool”, dejó una marca indeleble en la política de El Salvador. Sin embargo, detrás de la figura presidencial hay un pasado que revela aspectos curiosos de su niñez y juventud.
Quien en su último año de colegio se autodenominó “terrorista de clase”, está a las puertas de una cuestionada reelección. Producto de una cuestionada interpretación de los magistrados de una Sala de lo Constitucional con afinidad al gobierno del Partido Nuevas Ideas.
Nacido el 24 de julio de 1981 en San Salvador, Bukele es hijo de Armando Bukele, un químico industrial y representante de la comunidad palestina, y de Olga Ortez. Desde temprana edad, se le describía como un niño siempre sonriente y aparentemente tranquilo, según relatos de quienes lo conocieron durante su infancia.
Aunque no destacaba como estudiante, siendo calificado como “regular” por Óscar Picardo, quien fue su maestro en la secundaria, ya mostraba su estilo sarcástico. En el anuario escolar, él mismo se autodenominó “Class terrorist” (terrorista de clase), revelando su inclinación por la irreverencia desde joven.
Bukele inició sus estudios en derecho en la Universidad Centroamericana, aunque no llegó a graduarse, optando en su lugar por trabajar desde los 18 años en la agencia de publicidad de su padre. Esta agencia, que gestionaba campañas para el izquierdista Frente Farabundo Martí (FMLN), marcó sus primeros pasos en el ámbito político.
Durante su juventud, además de su incursión en la política, Bukele fue administrador de una discoteca en San Salvador, mostrando una diversidad de intereses y experiencias antes de consolidar su carrera política.
Su participación en el FMLN lo llevó a ser alcalde del pueblo de Nuevo Cuscatlán y de la capital salvadoreña de 2015 a 2018. Sin embargo, su relación con el FMLN se vio truncada en 2017 después de un incidente con una concejal, siendo posteriormente expulsado del partido. Desde entonces, ha declarado no identificarse ni con la derecha ni con la izquierda.
Bukele, conocido por su estilo sarcástico desde la juventud, escaló al poder en 2019 conectando con los jóvenes y aquellos desencantados con los partidos tradicionales. Pese a su éxito político, su pequeño círculo de confianza y su poca tolerancia a la crítica han sido características persistentes a lo largo de su vida.
Contrajo matrimonio en 2014 con Gabriela Rodríguez, una psicóloga y bailarina de ballet, y tienen dos hijas, Layla y Aminah. Este vistazo a la infancia y juventud de Nayib Bukele arroja luz sobre la formación del hombre que hoy lidera El Salvador.Nayib Bukele, el actual presidente salvadoreño, conocido por su enfoque firme y su reputación de “dictador cool”, ha dejado una marca indeleble en la política de El Salvador. Sin embargo, detrás de la figura presidencial hay un pasado que revela aspectos curiosos de su niñez y adolescencia.
No le preocupa que lo llamen autoritario
Al presidente salvadoreño Nayib Bukele no le preocupa que lo tachen de autoritario o de violador de derechos humanos. En la cima de la popularidad, se describe como el “dictador cool” que transformó y rescató a un país aterrorizado por las pandillas.
Con un respaldo del 90% de los salvadoreños, este publicista milenial de 42 años, el presidente más popular de América Latina según el Latinobarómetro 2023, tiene casi asegurada su reelección en los comicios del domingo.
"El Salvador pasó de ser el país más peligroso del mundo a ser el más seguro de América Latina", dice el presidente, quien asegura que las pandillas mataron a por lo menos 120.000 personas desde el fin de la guerra civil en 1992.
Por pedido suyo, el Congreso instauró en marzo de 2022 un régimen de excepción bajo el que más de 75.000 presuntos pandilleros fueron detenidos. La cifra de homicidios cayó en picada.
Pero unos 7.000 inocentes fueron liberados. Organismos de derechos humanos denuncian arrestos arbitrarios, torturas o muertes en prisión. Como respuesta, él los acusa de defender pandilleros.
A pesar de las acusaciones y la polémica, su fama ha sobrepasado fronteras y en otros países del continente saltan voces que piden "un Bukele" para frenar la delincuencia.
Acompañado de militares y policías, acudió en febrero de 2020 al Congreso, dominado por la oposición, para presionar por un crédito para su política de seguridad.
Al año siguiente obtuvo una abrumadora mayoría parlamentaria, que le permitió destituir al fiscal y a los magistrados de la Sala Constitucional que más tarde habilitaron su candidatura a la reelección, prohibida por la Constitución.
El culto a Bukele
De pelo engominado y barba cuidadosamente recortada, suele vestir camisas ajustadas. Nunca corbata. Tampoco hace discursos grandilocuentes, pero cuida la escena para imágenes estilo postal.
En circunstancias apremiantes Bukele reaccionó con vigor: cuando las pandillas corrieron el rumor de que iban a matar gente al azar en respuesta a la represión, amenazó con dejar sin comida a los pandilleros presos.
Popularizó la frase "el dinero alcanza cuando nadie roba", pero sus adversarios le critican que no rinde cuentas a nadie.
Desde antes de ser presidente catapultó su imagen a través de las redes sociales, en las que suele escribir en inglés.
Hace importantes anuncios vía X, en la que se autodenomina "Philosopher king" (rey filósofo) y se burla de sus críticos.
"Un fenómeno de culto que se instaló en el país", gracias a su maquinaria mediática en redes sociales, resume el director de Investigaciones de la Universidad Francisco Gavidia, Óscar Picardo.
Sin embargo, no ha logrado que los salvadoreños usen masivamente el bitcóin, que Bukele introdujo como moneda de curso legal en 2021 a la par con el dólar.
