
Madrid, España. El director de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, Kash Patel, ha aceptado someterse a una prueba de consumo de alcohol tras un tenso intercambio en el Congreso con el senador demócrata Chris Van Hollen, que ha aludido a un artículo de The Atlantic que alude a un presunto comportamiento errático y ausencias inexplicables por parte de Patel debido a una ingesta excesiva de alcohol.
“Vamos (...) Uno al lado del otro”, ha terminado por responder el jefe del FBI tras discutir airadamente con el senador, que le ha reclamado que realice una encuesta de diez preguntas conocida como Prueba de Identificación de Trastornos por Consumo de Alcohol (AUDIT), solicitada por los demócratas del Comité Judicial de la Cámara de Representantes.
Antes de eso, Van Hollen ha aludido al citado artículo de The Atlantic, rechazado por Patel. “Realmente no me importa su vida personal, siempre y cuando sea capaz de desempeñar sus responsabilidades públicas y oficiales, que son responsabilidades enormes”, ha subrayado, antes de apuntar que “múltiples informaciones, incluida una de The Atlantic, han alegado episodios de consumo excesivo de alcohol, ausencias inexplicables y comportamientos que preocupan a funcionarios actuales y antiguos del FBI y del Departamento de Justicia”.
“Cuando sus actos privados le impiden desempeñar sus funciones públicas, tenemos un grave problema. No puede desempeñar esas funciones públicas si está incapacitado”, ha advertido el senador, que también ha preguntado a Patel y a los responsables de otros cuerpos de seguridad cómo actuarían ante un empleado que pareciera beber en exceso.
En el mismo tono, ha proseguido aseverando que “estos informes sobre su conducta, incluidos los que indican que estaba tan borracho y con tanta resaca que su personal tuvo que forzar la entrada a su casa, son extremadamente alarmantes. De ser ciertos, demuestran un grave incumplimiento de su deber y una traición a la confianza pública”.
Patel, en cambio, ha tachado tales informaciones como “inequívocamente falsas” y ha respondido con sus propias acusaciones, asegurando que Van Hollen bebió “margaritas en El Salvador a costa del contribuyente con un violador convicto”, en alusión al encuentro entre el senador y Kilmar Ábrego García, un hombre deportado irregularmente que se encontraba encarcelado allí en ese momento, que no ha sido acusado de agresión sexual y tampoco ha sido condenado por ningún delito, contrariamente a lo afirmado por el jefe del FBI.
Con respecto a los “margaritas”, Patel ha hecho referencia a unas bebidas colocadas, según el senador demócrata, por terceras personas del Gobierno del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, para “engañar a la gente”.
“Que quede bien claro: ninguno de los dos tocó las bebidas que teníamos delante”, declaró en aquel momento, una postura que ha reafirmado en esta ocasión: “Nadie bebió margaritas, agua con azúcar ni nada parecido”.
En tal situación, Van Hollen ha afeado al director de la agencia estadounidense que, ante la oportunidad de responder a las acusaciones, haya hecho “declaraciones demostrablemente falsas” que ha calificado como “una especie de leyenda urbana en los medios de derecha”.
“Que un director del FBI haga declaraciones demostrablemente falsas en una audiencia como esta es sumamente preocupante, y me lleva a preguntarme si las demás cosas que ha dicho también son falsas”, ha manifestado el senador, que ha terminado por preguntar repetidamente a Patel si sabía que mentir al Congreso era un delito, a lo que el director ha negado en cada ocasión haber cometido perjurio durante su comparecencia.
De cualquier modo, el jefe del FBI ha accedido así a realizar la prueba reclamada por los demócratas sobre el presunto consumo de alcohol por el que llegó a demandar a la revista y a la periodista que firma, Sarah Fitzpatrick, exigiendo una indemnización de $250 millones (más de 212 millones de euros).
La revista, con todo, prometió proteger la publicación y a su periodista, quien a su vez defendió haber entrevistado a “más de dos docenas de personas”, incluyendo “funcionarios actuales y exfuncionarios del FBI, personal de agencias policiales y de Inteligencia, trabajadores de la industria hotelera, miembros del Congreso, operadores políticos, lobistas y exasesores”.
