AFP . 4 junio

La telefonista británica Marie Scott, de 92 años, revive aún los gritos de los soldados cargando contra los enemigos nazis cuando recuerda el Día D, en que transmitió órdenes desde Inglaterra a las tropas que desembarcaban en las playas de Normandía.

Con solo 17 años, fue una de las nueve operadoras de telecomunicaciones que transmitieron mensajes entre el cuartel general y los soldados en el campo de batalla en las costas del noroeste de Francia.

Desde su puesto en Portsmouth, en el sur de Inglatera, Scott oyó "la lucha y los disparos".

"Yo sabía que esos hombres luchaban por su vida. Me golpeó la realidad de la guerra", explica a la AFP en su apartamento del sur de Londres. "Es día me hice mayor", asegura.

Marie Scott tomó esta foto donde se ve al rey Jorge VI (centro) visitando los cuarteles aliados en Portsmouth. / AFP
Marie Scott tomó esta foto donde se ve al rey Jorge VI (centro) visitando los cuarteles aliados en Portsmouth. / AFP
“Tan jóvenes”

Scott empezó a trabajar como telefonista a los 16 años. Un año después, en marzo de 1944, se presentó voluntaria para formar parte de la sección femenina de la Marina Real.

Tras dos semanas de entrenamiento, fue destinada a Fort Southwick, en Portsmouth, que sería el centro neurálgico de comunicaciones para el desembarco aliado del 6 de junio, conocido con el nombre de Operación Overlord.

Recibió una formación de un mes para aprender a operar la radio VHF que utilizó el Día D.

"Había excitación pero también aprensión", recuerda. "Nos preguntábamos '¿Lo van a conseguir? ¿Cuál será el coste humano?'".

Pero "una vez que oímos el ruido de la batalla" estos sentimientos dieron paso al "pavor". En sus oídos resuenan aún esos "disparos continuos" como fondo de los mensajes cifrados que transmitía a los hombres en el frente.

"Sus vidas estaban en juego. Era bastante aterrador. Éramos todas tan jóvenes... y ellos también", afirma. "Los disparos continuaron durante todo el tiempo que pasamos mensajes y nuestro corazón estaba con esos hombres", agrega.

"Estaba destrozada y horrorizada, pero teníamos que hacer llegar las órdenes", agregaba. Una misión de la que hoy, 75 años después, se declara aún "orgullosa".

Scott fue reconocida con la Legión de Honor, la más alta distinción honorífica francesa que ella considera no merecer porque no combatió, aunque dice sentir un "enorme orgullo" por el esfuerzo colectivo.

"Es como si la recibiese por toda la gente en Fort Southwick, que aquel día trabajaron para facilitar la operación Overlord".

La ceremonia de condecoración oficial tendrá lugar el miércoles, en Normandía.

Pero son sobre todo una de sus hijas, que en 2001 obtuvo la nacionalidad francesa, y sus tres nietos los que la hacen sentir cerca del país que contribuyó a liberar.

"Ahora tengo un lazo directo con Francia, en lugar de una línea directa" de comunicación, bromea.

Marie Scott, hoy con 92 años, será condecorada este miércoles en Francia.
Marie Scott, hoy con 92 años, será condecorada este miércoles en Francia.
“Un poco más de humanidad”

Pese a su avanzada edad, Marie Scott lleva a cabo de forma autónoma su rutina diaria. Se despierta a las seis, pasea, come en casa, hace la siesta y no mira la televisión hasta última hora de la tarde. En su apartamento bien ordenado se ven numerosos discos y casetes de ópera. Las fotos de su familia cubren las paredes.

"Por más oscura que haya sido mi vida, también ha sido plena. Banal pero inmensamente afortunada. He tenido una vida feliz y buena", dice, consciente de las vidas robadas por la Segunda Guerra Mundial.

Tras el conflicto trabajó como secretaria y después como funcionaria, pero Marie siempre conservó de sus años como telefonista una cierta facilidad con las tecnologías de comunicación: la nonagenaria tiene un celular para las emergencias, se familiariza ahora con un iPad... y tiene un último mensaje para las jóvenes generaciones que, espera, nunca tengan que conocer los sacrificios de su época.

“Sean tolerantes con los demás, con quienes tienen una vida diferente, tengan amabilidad y compasión para quienes son menos afortunados”, pide. “Las guerras ocurren porque la gente olvida su humanidad. Así que un poco más de humanidad no estaría de más”.