
En 20 años Guatemala pasó de la guerra a la paz y al caos. ¿Qué pasó? ¿Por qué fue incapaz de construir su institucionalidad?
Se perdió la oportunidad. Había miedo de los militares por el tratamiento del pasado; no había una idea clara de los civiles democráticos sobre cómo hacerlo, y se acabó llevando una transición “sucia”: los mandos medios de la nueva policía eran los viejos agentes de la represión, conectados con el incipiente crimen organizado. Las mafias, así, siempre contaron con agentes dentro del Estado y a niveles jerárquicos importantes.
¿Están claros los contrincantes en esta guerra?
No hay una guerra declarada. Hay enemigos tácticos, no estratégicos, y con posiciones móviles. El leit motiv es el control de los negocios. Los empresarios tradicionales tratan de agruparse, pero no hay lealtades entre ellos.
“Los carteles están blanqueando su dinero en muchos lugares de la economía legal, utilizando a veces apellidos de abolengo pero ya sin fortuna. La guerra por eso es coyuntural, salen de uno o varios enemigos hoy, y quienes se posesionan mañana (quizá los francotiradores hoy) vuelven a ser blanco pasado mañana.
“Todo esto se refleja en una tremenda inestabilidad política. Guatemala no es la Italia siciliana, es la Italia de los mercaderes de Venecia”.
Pero se parece a la siciliana...
No, la movilidad de las estructuras es diferente. Las de la mafia siciliana son muy estables, las disensiones se pagan con sangre, la lealtad a la familia es primaria. Acá, como los mercaderes, las estructuras se agrupan, se rompen y se vuelven a reagrupar con relativa facilidad de acuerdo a intereses o ventajas inmediatas.
¿Cómo se entrega un país al crimen organizado?
Las élites políticas y económicas guatemaltecas perdieron legitimidad; los políticos se quedaron en la cancha chica del interés inmediato, negociándolo todo por beneficios pecuniarios. Las élites económicas fueron egoístas y negaron al Estado la base fiscal.
“Los estadistas quedaron marginados y como la política se convirtió en negocio, las mafias invirtieron ahí, cooptaron los mecanismos de representación y de participación democrática”.
Una impunidad del 98%, como la que se atribuye a Guatemala, habla de que no hay justicia...
Los indicadores dicen que este es un estado fallido, pero mantiene la formalidad y la sociedad trata de darse a sí misma una vida lo más normal posible en medio de un clima de inseguridad. Esta es una forma de resistencia pasiva, pues la gente no sabe a quien seguir; los partidos están agotados y los líderes sociales, quemados.
“Como no hay justicia, se trajo a la CICIG, una comisión de la ONU que hace las veces de fiscalía pero se rige por el derecho interno. Al principio las élites la rechazaban, ahora le piden milagros.
¿Cuáles son las condiciones para determinar que un país es un Estado fallido?
El Estado en Guatemala ya está feudalizado, para mí es la antesala de un Estado fallido. Incluso hay porciones del territorio fuera del control oficial (bajo dominio de narcos). Hay estructuras de la policía autónomas. Hace rato el Estado perdió el monopolio de la fuerza y hay casi consenso en negarle base fiscal. El Instituto de Política Internacional ha creado un sistema de indicadores para medir qué tan cerca están los Estados de esa línea. Guatemala se ha ido acercando a ese umbral. Digamos, entonces, que Guatemala es Estado fallido para 80% de la población o más, que no tiene acceso a la justicia y está fuera del ascensor social.
¿Hay interés en revertir este proceso de caída libre?
Hay interés, pero no hay acuerdo de cómo hacerlo, falta liderazgo y una visión de estado comprometida con la reedificación del estado y de la Nación. Lo han intentado gobiernos, como el de Oscar Berger, y acabaron con escandalosas ejecuciones extrajudiciales que en cuatro años cobraron más de 3.000 víctimas.
“Falta crear un centro político estabilizador que le abra horizonte al estado de derecho. Si no se logra en los próximos dos años, estaremos en graves problemas: habrá mayor anarquía, golpes de estado, feudalización del poder, estado fallido. No hay mucho tiempo, los carteles mexicanos estan tomando control del territorio y sin apoyo internacional no podremos hacer mayor cosa”.
