Juan Fernando Lara. 9 mayo, 2010
 En noviembre del 2004, el papa Juan Pablo II bendijo a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Maciel fue un violador de niños y niñas cuyos actos, según el Vaticano, revelan una vida sin escrúpulos. AP.
En noviembre del 2004, el papa Juan Pablo II bendijo a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Maciel fue un violador de niños y niñas cuyos actos, según el Vaticano, revelan una vida sin escrúpulos. AP.

Los escándalos de pedofilia ligadas a sacerdotes podrían sugerir que los católicos tienen un problema mucho más grande con el abuso de menores que otras confesiones y la población en general.

No obstante, cifras y expertos en el tema indican que dicha tesis carece de fundamento.

Ningún estudio comparativo formal ha desglosado el abuso sexual infantil según credo y solo la Iglesia Católica ha publicado información detallada de sus casos, según un análisis publicado el 8 de abril en la revista estadounidense Newsweek.

Basados en encuestas y estudios hechos por diversas denominaciones en los últimos 30 años, expertos que estudian el maltrato infantil dijeron a la revista que ven “pocas razones para concluir que el abuso sexual es principalmente una cuestión católica”.

“No vemos la Iglesia como un semillero de este mal o de un lugar que tiene un problema más grande que cualquier otro”, expresó Ernie Allen, presidente del Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados.

“Puedo decir sin vacilar que hemos visto muchos casos en diversas denominaciones religiosas, ministros evangelistas, rabinos y otros”, afirmó Allen.

Problema social mayor. Lo que sí tienen en común todos los agresores es que la mayoría poseen lazos preexistentes con sus víctimas.

Eso incluye, sin duda, guías espirituales, pero también familiares, amigos, vecinos, maestros, entrenadores, guías scouts , grupos de jóvenes voluntarios y médicos.

Estudios federales de EE. UU., apuntan a que tres cuartas partes de los abusos los cometen miembros de la familia u otros del “círculo de confianza de la víctima”.

Además, en el caso de Estados Unidos, donde primero estalló en el 2002 el escándalo por abusos sexuales de sacerdotes, las cifras de agresión en el clero son mucho menores frente a las estadísticas generales.

A la fecha, entre la poca información divulgada por un grupo religioso figura el informe La naturaleza y el alcance del problema de abuso sexual de menores por sacerdotes católicos y diáconos en Estados Unidos , comúnmente llamado el Informe John Jay del 2004, investigación encargada por la Conferencia Episcopal de EE. UU.

Al ser, a la fecha, el estudio más completo de abuso sexual clerical en EE. UU., es la fuente más citada de estadísticas sobre el tema.

El informe determinó que, de 1950 al 2002, 10.667 personas denunciaron abusos sexuales de religiosos. También se halló que 149 sacerdotes fueron responsables de más de 25.000 casos de agresión en esos 52 años.

El Vaticano se ha defendido y ha dicho que se trata de un mal global de toda la sociedad; argumento que a menudo suscita más ira y frustración de los críticos que ven en esa postura un disimulo o justificación de una conducta criminal. Las cifras, no obstante, parecen respaldar al Vaticano.

Entre 1990 y 1994, en cada uno de esos años, los casos de abuso sexual infantil confirmados superaron los 140.000, según estadísticas del Sistema Nacional de Datos de Abuso Infantil y Negligencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos del Gobierno estadounidense.

A partir de 1995, hubo una caída de 40% de agresiones, pues estas pasaron de 139.000 en ese año a 80.000 en el 2000. Las últimas cifras disponibles en el sitio del Departamento de Salud y Servicios Humanos indican que, en el 2008, se detectaron 70.252 agresiones sexuales contra niños.