Por: AFP.   17 mayo
Contenedores de la empresa danesa Maersk apilados en el puerto de Saint-Nazaire, en el oeste de Francia. La firma naviera dijo que cesaría sus actividades en Irán debido a la decisión de Estados Unidos de abandonar el acuerdo nuclear y volver a imponer sanciones contra Teherán.
Contenedores de la empresa danesa Maersk apilados en el puerto de Saint-Nazaire, en el oeste de Francia. La firma naviera dijo que cesaría sus actividades en Irán debido a la decisión de Estados Unidos de abandonar el acuerdo nuclear y volver a imponer sanciones contra Teherán.

Sofía. Rusia, China y la Unión Europea (UE) avanzaban este jueves sus peones para seguir comerciando con Irán, pese al jaque mate lanzado por el presidente estadounidense, Donald Trump, contra el acuerdo nuclear iraní para aislar económicamente a Teherán.

La retirada estadounidense y la reimposición de sanciones contra esta república islámica generó de golpe considerables riesgos financieros para las empresas que querían invertir en Irán en virtud de este pacto histórico cerrado en Viena en el 2015 tras años de negociaciones.

Rusia y China, firmantes del acuerdo, buscan aprovechar los eventuales espacios dejados en el tablero comercial iraní por las multinacionales occidentales, que temen las represalias de Washington en base a la extraterritorialidad de las sanciones estadounidenses contra Irán.

Moscú, que mantuvo los vínculos comerciales en tiempos de las sanciones occidentales, firmó este jueves en Astaná un acuerdo preliminar con Teherán en el marco de la Unión Económica Euroasiática, que reúne a Rusia y a varias ex repúblicas soviéticas.

El objetivo de ese acuerdo, en preparación desde el 2016, es crear finalmente una zona de libre comercio reduciendo los aranceles sobre ciertos productos durante tres años y permitir a las empresas rusas estar bien situadas para seguir comerciando con Irán.

Esfuerzos para salvar pacto

Desde el anuncio de Trump de retirarse del acuerdo nuclear, Rusia y los europeos tienen el claro objetivo de salvarlo. Sin embargo, las empresas europeas se muestran más reticentes a continuar con sus actividades a pesar de su grandes inversiones, como muestra el caso de Total.

El gigante petrolero francés afirmó que no terminaría un gran proyecto gasístico emprendido en julio del 2017, si no obtiene una derogación por parte de las autoridades estadounidenses de que no sufrirá el efecto extraterritorial de sus sanciones.

Y el anuncio de este jueves del armador de barcos petroleros danés Maersk Tankers del cese de sus actividades en Irán acrecienta los temores sobre masivos abandonos de empresas europeas por miedo a las represalias estadounidenses.

“Debemos actuar ahora”, subrayó en Sofía el titular de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al anunciar el lanzamiento el viernes del proceso de un reglamento europeo de 1996 para neutralizar los efectos de las sanciones estadounidenses sobre las empresas europeas.

El reglamento, creado inicialmente para eludir la ley Helms-Burton que aplicaba sanciones a quienes comerciaban con Cuba, permite a las empresas y a los tribunales europeos desconocer este tipo de leyes adoptadas por terceros países y estipula que las decisiones de tribunales extranjeros en base a éstas no tienen efectos en la UE.

Los mandatarios europeos acordaron iniciar esta medida en una cena de trabajo en Sofía para responder a Trump, pero no es la única. El primer ministro belga, Charles Michel, planteó también la posibilidad de ampliar el mandato del Banco Europeo de Inversiones (BEI) “para apoyar a los sectores económicos”.

Pero, al mismo tiempo, no se cierran a discutir las preocupaciones de Trump sobre este acuerdo firmado por Irán y el grupo 5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania), que permitió congelar el programa nuclear iraní hasta el 2025, a cambio de levantar parcialmente las sanciones internacionales contra Teherán.

El pacto del 2015 “necesita completarse con un acuerdo sobre la cuestión nuclear post 2025” y “un acuerdo sobre las actividades balísticas”, reiteró el presidente francés, Emmanuel Macron, para quien hay que abordar también el papel del Irán chiita en Oriente Medio, donde apoya al Hezbolá libanés y al régimen de Bashar al Asad en la guerra en Siria.

“El caso iraní probablemente lo que va a suponer es el fortalecimiento de China en la zona”, porque la eventual salida de las empresas europeas para no tener problemas “en su mercado estadounidense” deja “huecos importantes a un potencia que parece que no tendrá ningún problema en ocuparlos”, advierte una fuente diplomática europea.

Los rusos, acostumbrados a hacer negocios en un ambiente de sanciones económicas, no temen oponerse a Washington y China, necesitada de hidrocarburos y primer socio comercial de Teherán, parece que también tiene la intención de hacer caso omiso a las sanciones estadounidenses.

De esta manera, frente a la probable retirada de la francesa Total de un proyecto de desarrollo del extenso campo gasístico iraní Pars-Sud, Irán advirtió inmediatamente que sería reemplazado por el gigante energético chino CNPC, socio de Total en este contrato de $4.800 millones.