
El Cairo
El mes sagrado musulmán del ramadán comienza el lunes en la mayoría de los países de esta confesión religiosa de Oriente Medio, según anunciaron este domingo sus principales autoridades.
El Gabinete Real de Arabia Saudí, basándose en una investigación del Tribunal Supremo, aseguró este domingo, en un breve comunicado emitido por la agencia oficial SPA, que el mes musulmán del ayuno empezará el lunes en el país.
Por su parte, el gran muftí de Egipto, Shauqi Alam -máxima autoridad religiosa musulmana-, anunció que su país se une también a aquellos que celebran el Ramadán a partir de lunes.
Asimismo, los musulmanes jordanos también comenzarán a ayunar a partir de este lunes, según aseguró el juez supremo de la Corte Hachemí, Ahmad Hlayel.
En Irak, la máxima autoridad religiosa sunita anunció en un comunicado que el actual mes de shaaban, el octavo en el calendario musulmán, no se alargará hasta los 30 días y de este forma el mes de ramadán empezará también el lunes para la comunidad sunita en este país.
Igual decisión tomaron las autoridades religiosas en Siria, Líbano,y grupos chiitas de ese país, aunque no así para el movimiento Hizbulá, que seguirá el anuncio realizado por Irán, país aliado de esta organización y de mayoría chiita. Otros países como Sudán, Yemen, Catar, Baréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos también inician la celebración este lunes.
El Ramadán es un mes de gran importancia y simbolismo para los musulmanes, en el que los creyentes se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta del sol.
Según la tradición islámica, este fue el mes en el que el profeta Mahoma empezó a recibir la revelación del libro sagrado, el Corán.
El cumplimiento del ayuno es uno de los cinco pilares del islam y sólo quedan exentos las mujeres embarazadas o con la menstruación, los enfermos, los niños y los viajeros, tal y como establecen las normas religiosas.
El mes sagrado trastoca la vida de 1.700 millones de personas que profesan el islam en el mundo y suponen un 22% de la población global.
Las horas de abstinencia, entre el alba y el ocaso, obligan a adaptar durante todo un mes horarios de trabajo, cambiar fechas de exámenes, modificar citas profesionales, y sobre todo alteran por completo el ritmo cotidiano de cada persona, concentrando en la noche todas las actividades.
En Ramadán se vive de noche, porque es en las horas nocturnas cuando los creyentes comen, se reúnen, van a la mezquita, vuelven a comer, ven la televisión y hasta celebran conferencias y reuniones de trabajo.

Resultado: son muchas las personas que duermen poco y mal (debido a las digestiones de comidas copiosas) durante el mes de Ramadán, y en Marruecos, por ejemplo, la Sociedad del sueño y la vigilancia ha lanzado una campaña para sensibilizar a los conductores para no tomar el volante si no han dormido sus ocho horas.
Este año, como los anteriores, al caer el Ramadán en pleno solsticio de verano, las horas de sol son larguísimas: en España, en mitad del mes sagrado, el ayuno durará 17 horas y 20 minutos, quedando menos de siete horas para la ruptura.
Similares son los tiempos en el mundo árabe, y aún más rigurosos (con más horas de luz y de abstinencia) cuanto más al norte, con la población musulmana del norte de Europa sufriendo los ayunos más largos.
En algunos países, como en Marruecos, el gobierno adapta el reloj y lo retrasa una hora durante todo el mes: aunque el tiempo de abstinencia sea el mismo, la hora de la ruptura llega antes y es más llevadera.
No solo los hogares "tiran la casa por la ventana" para presentar una mesa llena de manjares durante todo el mes; también las cadenas de televisión hacen en Ramadán sus mayores inversiones anuales en programas de entretenimiento, entre los que triunfan las series locales, las comedias o los programas de cámara oculta.
El consumo de televisión en Ramadán bate todos los récords, pues se aguarda la ruptura del ayuno en familia, mirando la televisión, y el aparato sigue encendido entre la primera comida (el "iftar") y la cena: un "prime time" de más de dos horas.
Pero lo que sin duda bate los récords es el consumo de alimentos: la cantidad de huevos, dátiles, leche, harina, azúcar y carne es en este mes, paradójicamente, muy superior a cualquier mes del año, porque si hay algo triste para un musulmán es pasar hambre en las noches de ramadán.
También los nutricionistas se afanan en Ramadán dando consejos sobre el buen comer y el buen dormir, recordando (sin mucho éxito) que los diabéticos y enfermos no deben ayunar y que el deporte debe hacerse de forma moderada, y en ningún caso (como sucede con frecuencia) justo antes de la ruptura del ayuno.
La asistencia a las mezquitas también aumenta durante el Ramadán: si durante el año la gran mayoría de creyentes acude solo una vez por semana, para el rezo de los viernes, son muchos los que en este mes acuden al templo una y hasta dos veces al día, para el rezo de la noche y para una oración especial típica de este mes llamada Tarawih.
Ramadán es un mes de prosperidad para los comerciantes, y sobre todo los de alimentos, pero en el resto de sectores la productividad baja varios enteros, aunque no existan casi estudios al respecto, ya que supondrían cuestionar las bondades del mes sagrado.