
La Asunta
Las luces de una camioneta policial tiñen de rojo y azul una polvorienta calle de La Asunta, en las faldas cordilleranas bolivianas. Es de noche y entró en vigor el toque de queda para los más jóvenes del pueblo, un pueblo donde ya nadie puede beber ni una gota de alcohol.
"Vayan a casa, hay toque de queda", les dicen desde el vehículo a un par de muchachos, ocultos en la penumbra. Este pequeño distrito cocalero, ubicado 130 km al noreste de la ciudad de La Paz, montó en rabia con el caso de la violación de una niña de 11 años el 30 de mayo por parte de un hombre de 18, ebrio, que llegó de una comarca vecina y que está detenido.
La población ya estaba harta por el accionar del narcotráfico y del contrabando de automóviles en la zona. Pero la violación de una niña fue demasiado.

Según los pobladores, el acusado de violación fue paseado por las calles y luego azotado a latigazos por algunos vecinos, como escarmiento.
Y, para evitar hechos similares, prohibieron la circulación de menores de 18 años, desde las 10 de la noche, hasta el amanecer. También está prohibida, las 24 horas, la venta de bebidas alcohólicas, para toda la población.
"Aquí las cosas no eran así. Pero hay mucho consumo de bebidas alcohólicas, robos, atracos. Este hecho mismo de los abusos sexuales. Hemos tenido que tomar esta decisión", dice a la AFP el dirigente vecinal Juan Carlos Coche.

La medida era solo para un mes —que culmina el 3 de julio—, pero se prepara una reglamentación para hacerla permanente. Sobre todo, cuando los pobladores supieron que dos menores habían sido violadas en comarcas vecinas.
En la Asunta creen que el consumo de alcohol está asociado con la delincuencia y que fomenta las agresiones sexuales.
"Justamente porque se ha visto que la violación en La Asunta fue perpetrada por alguien ebrio, es que se ha tomado la determinación", agrega el alcalde Calcina.
Además de tres policías, en la camioneta policial también van vecinos que de día son labriegos o comerciantes, pero que por la noche cumplen tareas de vigilantes ad honorem, sin ningún instrumento de seguridad más que la buena voluntad.

No importa si la temperatura cae a 5°C de noche. Los "guardianes", entre ellos un ama de casa, mascan hojas de coca —una costumbre tradicional en el país— para mitigar el frío y el cansancio.
Los dueños de bares y cantinas admiten un daño económico. Julio Mamani, dirigente de una asociación de comerciantes, pide una flexibilización. "No estamos de acuerdo que nos culpen por los delitos que se cometen", explica.
Sin embargo, reconoce que la ley seca ha traído sus beneficios, pues el poblado, usualmente con temperaturas calurosas durante el día y donde suena con fuerza la cumbia villera, vive con mayor tranquilidad.

Según la Defensoría del Pueblo, en 2014 se registraron en Bolivia 141 casos de violencia sexual contra menores de 12 años y otros 185 contra adolescentes de entre 13 y 17 años.
En Bolivia, la violación se castiga con hasta 20 años de cárcel sin derecho a indulto. Pero en La Asunta ya casi nadie confía en la justicia.
"Si a mi hija le pasara alguna vez (una violación), yo hago justicia propia, con mis manos, lo mato, compro 20 litros de gasolina y lo quemo, así le hago, porque no hay justicia", relata a la AFP Virginia Chuquimia, una campesina y madre de seis mujeres.