Washington.

El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, dijo hoy que las pruebas de que dispone su país sobre la responsabilidad del régimen de Bachar al-Asad en el ataque del pasado 21 de agosto en Damasco con armas químicas son "claras y convincentes", y que las decisiones que se tomarán no se parecerán a las de Irak.
Kerrry aseguró en una declaración ante los medios, en la que enumeró algunas de esas evidencias, que EE. UU. tiene " alta confianza" en el hecho de que el responsable de los ataques es el presidente sirio y que, pese a que Washington no podrá desclasificar ciertos detalles, sabe que fuerzas leales a al-Asad se prepararon para el ataque y lo llevaron a cabo.
"Obama va a asegurarse de que EE. UU. toma sus decisiones cuándo y cómo cree conveniente y, creánme, todos estamos cansados de la guerra", señaló Kerry. "Cualquier decisión que tomemos no se parecerá a la de Irak, Afganistán e incluso Libia".
"No repetiremos aquel momento", declaró Kerry en una rueda de prensa sobre el conflicto en Irak de hace 10 años. "Nuestros servicios de inteligencia han revisado y revisado con cuidado la información sobre este ataque", precisó el jefe de la diplomacia estadounidense en referencia al ataque del 21 de agosto a las afueras de Damasco que dejó, según dijo Kerry, 1.429 víctimas, entre ellas 426 niños.
"Obama y yo creemos en la ONU y respetamos su trabajo, pero como su secretario general ha dicho, la investigación de la ONU no establecerá quién usó las armas químicas y dado el veto de Rusia, la ONU no va a poder liderar la respuesta como debería", dice Kerry.
"Esto tiene que ver con Irán y con Corea del Norte y con Hezbolá. ¿Recordarán ellos que el mundo no hizo nada tras el ataque de Asad o que sí reaccionó?", continuó.
"Esto importa para nuestra credibilidad. América está tranquila porque sabemos que no estamos solos en este empeño", continuó el secretario, aludiendo a las declaraciones de la Liga Árabe, Turquía, Francia o Australia que ha condenado el ataque de Asad.}
Ayer Reino Unido desistió de atacar al régimen tras una votación en el Parlamento.