Álvaro Cedeño. 19 agosto

Finaliza el año fiscal. Ha sido un año con larga y singular campaña política, honda preocupación fiscal y desaceleración económica y entonces nos preparamos para que los resultados no sean los que esperábamos cuando hicimos el presupuesto, hace un año. Habrá que repensar las empresas. Sus mercados, sus productos. Sus procesos. La competencia. La gestión.

Las juntas directivas son órganos importantes. Encabezan la dirección de las empresas, pero ¿se autoevalúan? ¿Cómo deberían hacerlo?

Sin ánimo de que esto resulte exhaustivo, lo primero sería evaluar el clima de trabajo. Por ejemplo, es buena práctica que en las sesiones se pueda discrepar constructivamente y no que haya que andar con pies de plomo para decir las cosas. Una buena junta no debe ser un espacio de tensión. Tampoco ha de ser un club de amigos, pero sí debe ser un espacio disfrutable, constructivo, en el cual sus miembros valoren lo que aprenden y lo que ocurre con sus aportes.

¿Son todas las sesiones de pensamiento convergente? Este está regido por la racionalidad, por la lógica. Tiende a encontrar soluciones. Pero en este entorno VICA (volátil, incierto, complejo, ambiguo) debe cultivarse el pensamiento divergente. Es lo que se llama pensar fuera de la caja. Pensar, no para encontrar soluciones sino para visualizar posibilidades “voladas”, salidas de lo rutinario, creativas. Eso solo se logra si nos damos permiso de jugar. Si consideramos que jugar no es serio, hasta ahí llegamos.

¿Se piensa en la estrategia solo una vez al año, cuando se aprueba el plan? La mayoría de las agendas de juntas directivas están gobernadas por el análisis de los resultados del mes pasado. Se dedica a eso grandes porciones de tiempo. Es necesario lograr que la junta dedique en todas las sesiones un cierto tiempo al pensamiento estratégico. Y si no colocamos eso en las agendas, no lo lograremos.

Debe evaluarse el desarrollo de la empresa. No solo ventas y contribución. Sino nuevos clientes y mercados, nuevas alianzas, nuevos talentos, imagen. En suma, ¿Hemos aumentado nuestro músculo competitivo? Y hay que evaluar sistemáticamente al gerente y luego retroalimentarlo con propósito de apoyo y mejoramiento, tarea que cumplen pocas juntas directivas.

Álvaro Cedeño, columnista de Economía
Álvaro Cedeño, columnista de Economía