
El evento climático El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) ya se instaló en Costa Rica. Sus efectos empezaron a reflejarse en el campo y el bolsillo de los consumidores desde junio pasado.
La proliferación de plagas, favorecida por la falta de lluvias y la imposibilidad de aplicar insumos oportunamente, está presionando al alza los precios de algunos productos agrícolas.
Ante los pronósticos de un fenómeno muy intenso, Wendy Vargas y Henry Morera, productores de arroz en Nandayure, Guanacaste, y Jicaral de Puntarenas, respectivamente, tomaron una decisión difícil: no sembrar este año.
“En la zona de Guanacaste hemos tenido una reducción importante de las lluvias entre abril y junio y, previendo este comportamiento, decidimos no sembrar por el alto riesgo que representa El Niño. Es un tema que preocupa mucho a los productores y tendrá un impacto en la región”, explicó Vargas.
Morera, quien produce melón y sandía para exportación durante la estación seca, comentó que en la época lluviosa acostumbraban sembrar arroz como alternativa. Sin embargo, señaló que la caída en los precios de compra y el panorama poco alentador que presenta el fenómeno climático los llevó a desistir de la siembra.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) informó de que realiza labores de información y capacitación a los productores en todo el país para atender las etapas más críticas, en caso de que se hagan efectivas.
El viceministro Fernando Vargas indicó que se está realizando un monitoreo especial de la producción hortícola y de granos básicos para atender posibles mermas en la oferta de alimentos.
Vargas confirmó que podría haber dificultades, por ejemplo, en la producción de forraje para ganado, razón por la que sostiene comunicación permanente con el sector para prepararse y minimizar los riesgos.
Primer golpe al bolsillo de las familias
La presencia de El Niño también empezó a traducirse en aumentos en los costos que tienen un impacto directo en el bolsillo de las familias en Costa Rica.
De acuerdo con datos del Consejo Nacional de la Producción (CNP), el tomate es uno de los productos que registran el mayor alza en precio entre enero y julio.
La caja de 18 kilogramos de esta hortaliza se vende en ¢18.000. Hace un mes, se comercializaba en ¢14.000, contó el productor Freddy Madrigal.
El kilo pasó de ¢465 a ¢1.275 entre el 25 de enero y el 12 de julio. Lo anterior representa un incremento del 174%, según el registro de precios sugeridos para las ferias del agricultor elaborado por el Consejo Nacional de la Producción (CNP).
En el caso del chile dulce, el costo por unidad tuvo un incremento del 49% para el mismo periodo, al pasar de ¢255 a ¢380.
Además, la información del Centro Nacional de Abastecimiento y Distribución de Alimentos (Cenada) reveló que las condiciones climáticas ya provocan afectaciones puntuales en la oferta, con el consecuente aumento de precios.
No obstante, la entidad señaló que la disminución de la demanda durante el receso lectivo también influyó en el comportamiento del mercado.
La caja de chile dulce de primera calidad (23 kilos) osciló entre ¢33.000 y ¢43.000 durante julio. Por su parte, el tomate mantiene una tendencia al alza, al pasar de aproximadamente ¢13.000 a ¢21.000 por caja.
La coliflor y el repollo también se encarecieron debido a una menor oferta provocada por plagas y enfermedades. La unidad de coliflor se ofrece hasta en ¢1.000, luego de venderse entre ¢650 y ¢700 en junio.
En tanto, el kilogramo de repollo verde pasó de ¢500 a ¢600 en el mismo periodo, indicó Evelyn Morera Villalobos, funcionaria de Servicios de Comercialización del Cenada.
Por otra parte, los resultados de la variación interanual del índice de precios al consumidor (IPC) muestran un incremento relevante en la cebolla, la cual registró un alza del 60,64% a junio con respecto al mismo periodo del 2025.
Otros productos agrícolas con resultados al alza son la vainica (20,03%), el chile dulce (14,06%) y el culantro (10,66%) de acuerdo con los datos registrados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Plagas al acecho de los cultivos
Sigurd Vargas, presidente de la Cámara de Productores y Exportadores de Melón y Sandía de Costa Rica (Caproexmes), señaló que los periodos de sequía y altas temperaturas generan condiciones favorables para el desarrollo del ciclo biológico de los insectos.
Entre ellos, mencionó la mosca blanca, los pulgones, los trips, los ácaros y los gusanos barrenadores.
A esto, añadió, se suma la reducción del inventario de insecticidas por factores relacionados con el registro de agroquímicos y la normativa de los países importadores.
La escasez de agua, los fuertes vientos, las variaciones de temperatura y el aumento de plagas son algunos de los efectos de El Niño que ya experimenta Freddy Madrigal, productor de tomate y chile dulce en San Antonio de Escazú, San José.
Según Madrigal, los cambios bruscos de temperatura, combinados con lluvias esporádicas, favorecen la propagación de bacterias y plagas.
“Un verano prolongado ha provocado que las plagas de insectos no se erradiquen y terminen adaptándose”, afirmó el agricultor.
La falta de lluvias también redujo las áreas de siembra de pepino y vainica de este productor.

Producción arrocera se encoge
Henry Morera, productor arrocero de Jicaral, contó que ha disminuido de forma sostenida la producción del grano básico. Hace seis años cultivaba 350 hectáreas; el año pasado sembró 150 y este año la cifra bajó a cero.
“Con la caída de los precios y ahora con las consecuencias de El Niño ya no se puede sembrar, es inmanejable. Estamos pasando una situación complicada en la Península; ha llovido muy poco, los productores de ganado han tenido que venderlo porque no lo pueden mantener”, relató el productor de 55 años.
Oscar Arias Moreira, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), confirmó que productores de arroz de la península de Nicoya decidieron no realizar la segunda siembra, luego de las cosechas de melón y sandía.
Fenómeno El Niño será más fuerte
El ENOS, en su fase de El Niño, alcanzará una intensidad muy fuerte en el país, de acuerdo con los pronósticos del Instituto Meteorológico Nacional (IMN). La entidad prevé que sus efectos más relevantes se perciban entre julio y diciembre.
El déficit de lluvias podría llegar hasta un 50% en el Pacífico, la zona norte y el Valle Central.
En contraste, en el Caribe las precipitaciones podrían registrar un excedente de hasta un 15%, señaló Karina Hernández, coordinadora de Pronósticos Climáticos Estacionales del IMN.
A esto se suma un aumento de hasta dos grados Celsius (°C) en la temperatura media del océano Pacífico, según las proyecciones del IMN.
Kevin Gómez, director ejecutivo de la Corporación Hortícola Nacional, afirmó que con base en estos pronósticos, es de esperar que este episodio de El Niño sea particularmente severo, por lo que estima que en las zonas más secas no será posible sembrar los cultivos habituales.
“Sí estábamos esperando las lluvias de agosto para mantener el cultivo, hay que pensarlo dos veces porque podría ser el pico de la sequía”, advirtió Gómez.
El panorama no es alentador. Para el trimestre de octubre, noviembre y diciembre existe una probabilidad del 81% de que se presente un episodio de El Niño “muy intenso”, explicó Raquel Ramírez, docente de Meteorología de la Universidad de Costa Rica (UCR).
La especialista recomendó al sector productivo mantenerse atento y prepararse de acuerdo con las condiciones de cada región.
Alimentación del ganado en riesgo
El fenómeno climático también está afectando la alimentación del ganado.
Debido a la falta de lluvias, la producción de maíz se ha visto diezmada en las zonas secas, reveló Guido Vargas, secretario general de la Unión de Pequeños Productores Agropecuarios Costarricenses (Upanacional).
Un efecto inverso ocurre en la región Caribe, donde el exceso de humedad y la falta de luz solar provocan que los pastos no se desarrollen.
La Corporación Ganadera (Corfoga), con base en las proyecciones oficiales, alertó de que los efectos más intensos del fenómeno podrían presentarse a inicios del 2027.
Corfoga sostiene que el principal alimento del ganado bovino es el pasto y que su disponibilidad se ve comprometida tanto por la escasez como por el exceso de precipitaciones.
