
El Senado estadounidense confirmó este miércoles 13 de mayo a Kevin Warsh, nominado por el presidente Donald Trump, como jefe de la Reserva Federal (Fed) para un mandato de cuatro años.
Warsh hereda un banco central cuya independencia está bajo ataque del Ejecutivo y una economía en la que la inflación se sitúa en su nivel más alto de los últimos tres años.
El Senado votó 54 a favor y 45 en contra para confirmar a Warsh, quien, al igual que Trump, ha abogado por tipos de interés más bajos.
Oriundo del estado de Nueva York, este jurista de formación de 56 años dejó prematuramente su primer mandato en la junta en 2011, tras expresar diferencias en materia de política monetaria.
Ahora vuelve para dirigir por cuatro años la Reserva Federal, encargada, entre otras cosas, de combatir la inflación en Estados Unidos y garantizar el máximo empleo.
Lo hace en un momento de presión política sin precedentes sobre la independencia de la Fed.
Trump criticó e insultó con frecuencia al predecesor de Warsh, Jerome Powell, por la falta de recortes de tasas.
Su administración puso además a Powell en la mira de una investigación penal y todavía intenta destituir a otra gobernadora de la Fed, Lisa Cook.
En su audiencia de confirmación ante la comisión bancaria del Senado, Warsh prometió preservar la independencia de la Fed, afirmando que no sería “en absoluto” el títere del presidente.
“Me honra que el presidente me haya nominado para el cargo y seré un actor independiente si se confirma mi nombramiento como presidente de la Reserva Federal”, dijo.
Críticas a la Fed
Nacido en Albany, la capital del estado de Nueva York, Warsh es licenciado por la Universidad de Stanford y la Facultad de Derecho de Harvard.
Está casado con Jane Lauder, nieta de la legendaria magnate de los cosméticos Estée Lauder.
Warsh comenzó su carrera en el gigante de la inversión Morgan Stanley, especializado en fusiones y adquisiciones.
Más tarde se incorporó al gobierno del entonces presidente estadounidense George W. Bush, donde se desempeñó como asesor de política económica de la Casa Blanca de 2002 a 2006, antes de ser nominado para el Directorio de la Reserva Federal.
Warsh formó parte de la junta durante la crisis financiera mundial y finalmente se marchó en 2011 por desacuerdos sobre cómo debía afrontarla el banco central.
Desde entonces ha trabajado en Wall Street y en los directorios de diversas empresas, incluida la mensajería UPS.
“Vi a la Fed y a su gente en su mejor momento, pero también fui testigo de una institución tentada a desempeñar un papel más amplio en la economía y la sociedad”, dijo Warsh en su audiencia de confirmación.
Ese lenguaje encaja con los argumentos de Trump, cuya administración ha pedido que la Reserva Federal se ciña a su ámbito y ha alegado que el banco central atraviesa una crisis de credibilidad.
Ex “halcón”
Durante su periodo en la Fed, Warsh trabajó de cerca con su presidente Ben Bernake en la respuesta del banco central a la crisis financiera que sacudió la economía global en 2008.
Surgió como un puente clave de comunicación entre los responsables de la política monetaria y los mercados financieros, incluso a medida que aumentaba su escepticismo frente a algunas acciones de la Fed, como los recortes de las tasas de interés para mitigar los daños.
Renunció como gobernador de la Fed en 2011, años antes del fin de su periodo en 2018.
Al momento de su salida del banco central, Warsh era visto como un “halcón”, es decir, un responsable de política monetaria que se inclina por atender el lado de la inflación del mandato, generalmente subiendo las tasas de interés.
Durante su primera presidencia, Trump consideró a Warsh para nominarlo como presidente de la Fed, pero finalmente se decantó por Powell.
En un discurso el año pasado, Warsh aseguró que la Fed se alejó de su misión, hacia ámbitos políticos en los que no tiene experiencia. Acusó a la Reserva de frenar un mayor crecimiento de la economía estadounidense.
