Punta Mala Lodge, una finca de 120 hectáreas en el Pacífico Central, se convirtió en refugio para familias en búsqueda de tranquilidad y armonía con la naturaleza durante los meses más hostiles de la crisis sanitaria, una situación que le permitió mantener la visitación en plena pandemia.
Pero no solo logró eso, también aumentó la capacidad de hospedaje de tres a cinco casas, abrió tours por los senderos del bosque y la playa para dar trabajo a guías, y prepara el terreno para recibir a personas en teletrabajo.
En octubre del 2020, debido a la demanda, este hospedaje abrió una nueva casa y en el mes de noviembre del 2021 se concretó la apertura de otra. Hace dos meses instaló Internet en una de estas unidades y pronto lo hará en otras.
Este desarrollo turístico es una empresa familiar, su eje es la conservación y, aparte del turismo, tiene una área de producción de palma aceitera y otra de árboles maderables (teca), que se usan en muebles, camas y la construcción de las casas. Sus propietarios lograron conservar y desarrollar, durante décadas, el bosque y, con ello, la fauna y la flora, lo cual afianzó a la finca como un santuario natural.

Sofía Araya, gerente de operaciones, destacó cómo esos esfuerzos de muchos años rindieron más frutos en una época inesperada de emergencia, como la pandemia.
Después del cierre total del segundo trimestre y algunos meses más del 2020 y pese a restricciones como los horarios cortos en la playa, el turista comenzó a reservar en esta finca. ¿La causa? La necesidad de alejarse del estrés, de olvidarse de todo en un lugar lleno de naturaleza, playa, animales, calor y poco contacto con el mundo exterior.
Punta Mala Lodge ofrece casas incrustadas en la naturaleza, situadas cerca del mar y con respeto a la zona marítimo terrestre. Son instalaciones totalmente equipadas, por lo que las familias pueden preparar sus alimentos a gusto de los miembros.
Así que los integrantes de la familia y muy especialmente los niños, pueden observar aves, mamíferos y flora de diferente tipo, mientras caminan por los senderos. Y además, pueden tomar el sol en las playas del sitio.
Enamorados del lugar
Fernando Araya, piloto aviador, papá y abuelo de los actuales administradores y propietarios de Punta Mala, llegó al sitio en la década de los años 40 del siglo pasado. Viajó a recoger enfermos en un avión, aterrizó en la playa y se enamoró del lugar, según recordó Araya, nieta del piloto.
Araya volvió al sitio, pero esa vez no como parte del trabajo sino como visitante y para averiguar más de la zona. Quería conocer si podía adquirir tierras en la región. Poco a poco fue comprando terrenos, hasta que en un momento la finca llegó a tener un área de 700 hectáreas. Eran tierras con mucha área dedicada a la ganadería, actividad que realizó Araya, pero también inició el proyecto de conservación y regeneración.
El dueño original falleció en 1996 y la finca ya estaba repartida entre los hijos. La mayoría de ellos vendió su parte, pero dos hermanos comprometidos con la conservación y la naturaleza mantuvieron sus tierras. Hacia el 2.000 nació el proyecto como Punta Mala Lodge, aunque desde décadas atrás el abuelo de la familia había impulsado su establecimiento.
La finca colinda con el refugio de vida silvestre Playa Hermosa y está en la desembocadura del río Tulín, por lo que son dueños consideran que está en una zona privilegiada.
La protección y desarrollo del santuario natural se afianzó hasta que hoy es un sitio donde es común encontrarse con diversas especies de animales, de plantas, tener la playa a escasos metros, alejarse del ruido y del estrés diario y caminar por diversos senderos cerca de las casas.
Uno de los proyectos es la protección de las tortugas marinas que llegan a la playa, por lo cual los turistas pueden participar en esta actividad si coordinan su hospedaje con el arribo de las especies, entre julio y diciembre. La actividad se realiza en coordinación con las autoridades oficiales.
La empresa ofrece hoy un programa de tours (el cual se inició en plena pandemia), entre los que se cuentan el tour de la finca y el Night Tour. Los dos se realizan con guías naturalistas de la zona y ahora hoteles de la región están interesados en ofrecerlos como parte de sus actividades a los huéspedes.
Los dos proyectos que se concretaron recientemente son una línea exclusiva de productos naturales con la marca Punta Mala, la cual incluye repelente, gel de sábila, acondicionador, champú, gel de ducha, jabón de manos y pronto el bloqueador, así como la instalación de servicio de Internet en una de las casas y se espera llevarlo a otras.
