Cristina Fallas Villalobos. 5 junio
La primera etapa de The Grin Label cuenta con la participación de 16 diseñadores que confeccionaron 16 prendas que tienen una etiqueta que los identifica como un producto sostenible. Cortesía The Grin Label.
La primera etapa de The Grin Label cuenta con la participación de 16 diseñadores que confeccionaron 16 prendas que tienen una etiqueta que los identifica como un producto sostenible. Cortesía The Grin Label.

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, de acuerdo con la Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, una etiqueta poco honrosa que algunos participantes de la industria han comenzado a mitigar.

Los datos del organismo internacional muestran que ese negocio utiliza cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua (con lo que se abastece a cinco millones de personas) y arroja al mar medio millón de toneladas de microfibra (equivalen a tres millones de barriles de petróleo).

Esas cifras podrían estar en aumento gracias a la popularidad de la “moda rápida” que impulsa que los consumidores adquieran y desechen ropa frecuentemente ante los cambios constantes de colecciones a precios bajos.

Por modelos de negocio como ese, según la organización ambientalista sin fines de lucro Greenpeace, se prevé que el consumo de ropa pase de 62 millones de toneladas, en el 2017, a 102 millones de toneladas, en el 2030, para un aumento del 65%.

La última edición del informe The State of Fashion, elaborado por McKinsey en colaboración con The Business of Fashion, muestra que una persona promedio ahora compra 60% más de prendas de vestir que hace 15 años y se queda con ellas la mitad del tiempo de lo que lo solía hacer.

Este panorama encendió las alarmas de una porción de los actores involucrados en la fabricación de ropa y artículos de vestir, quienes decidieron dar pasos para disminuir el impacto de sus productos en el medio ambiente.

Además, algunas de ellas ven en sus iniciativas ambientales –y en algunos casos hasta sociales– una vía para diferenciarse del resto de opciones disponibles en los mercados.

El impacto de la moda en números

Esta es la segunda industria más contaminante a nivel mundial.

FUENTE: CONFERENCIA DE LA ORGANIZACIÓN DE NACIONES UNIDAS SOBRE COMERCIO Y DESARROLLO Y GREENPEACE.    || w. s. / LA NACIÓN.

Iniciativas con origen extranjero

Ochenta firmas internacionales de moda (que representan 15% de la producción mundial de ropa junto a sus proveedores) se comprometieron a eliminar las sustancias químicas peligrosas de sus cadenas de producción, para el 2020.

Detox es una iniciativa promovida por Greenpeace en la que desde el 2011 participan empresas como Adidas, Mango, Puma, Nike y Levi’s.

En un seguimiento en el 2018 se evidenció que todas las compañías estaban embarcadas en la eliminación de los 11 grupos prioritarios de sustancias químicas peligrosas identificadas por la ONG y algunos participantes añadieron más líquidos a la lista.

Además de formar parte de iniciativas grupales, las empresas desarrollan estrategias individuales como es el caso de Adidas que aspira a usar solo plástico reciclado en sus productos para el 2024.

La marca de vestimenta deportiva tiene su línea de productos Parley que incluye calzado deportivo y camisetas de equipos de fútbol elaboradas con material creado a partir de desechos plásticos interceptados en las playas y comunidades costeras.

Algunos de esos artículos considerados sostenibles pueden ser adquiridos en Costa Rica, con precios que pueden comenzar desde los casi ¢40.000.

En el caso de Inditex –dueño de marcas como Zara, Pull&Bear, Stradivarius y Bershka– apuesta por avanzar hacia la economía circular con lo que pretenden que ninguno de sus productos acabe en un vertedero.

Para esto, tiene como meta tener instalados contenedores de recogida de prendas, calzado y accesorios en 2.000 tiendas de 40 mercados alrededor del mundo para el 2020. Los artículos recogidos son reparados, revendidos con fines sociales o reciclados.

Tienda Adidas, Quinta Etapa, Multiplaza Escazú. Productos (camisetas y tenis) amigables con el ambiente realizados con la tecnología Parley, a partir de desechos plásticos interceptados en las playas y comunidades costeras antes de llegar al océano. Foto: Rafael Pacheco
Tienda Adidas, Quinta Etapa, Multiplaza Escazú. Productos (camisetas y tenis) amigables con el ambiente realizados con la tecnología Parley, a partir de desechos plásticos interceptados en las playas y comunidades costeras antes de llegar al océano. Foto: Rafael Pacheco
Ecos en Costa Rica

The Grin Label es un proyecto costarricense, presentado el 16 de mayo, que pretende que los consumidores adquieran una prenda no solo por su belleza, sino también por su impacto social y ambiental.

La primera etapa de esta iniciativa cuenta con la participación de 16 diseñadores que confeccionaron 16 prendas que tienen al menos uno de seis íconos que destacan; por ejemplo, que el origen de los textiles es local o cercano, lo que ayuda a la reducción de emisiones por transporte.

También otras insignias evidencian la ejecución de esfuerzos para reducir el desperdicio de tejidos y materiales en diseño y fabricación. Asimismo, que el cuero, las plumas o pieles utilizadas fueron recolectadas de manera responsable.

Entre los diseñadores y marcas nacionales participantes están Cruda, Espiga de Trigo, Fabrizzio Berrocal, Toribio&Donato, Andrea Kader y Wild Soul Project.

Sobre la segunda etapa de The Grin Label, consiste en crear una certificación para piezas o colecciones completas que garantice que es un producto amigable con el ambiente.

Actualmente, 100% Carbono Neutral (Costa Rica), CarbonFund.org (Estados Unidos) y Co2Blance.com (Reino Unido) estudian cuál es el impacto real que tienen las prendas de vestir para después determinar cuáles serán las herramientas de medición.

Leonora Jiménez, directora de The Grin Label, explicó que con el proyecto pretenden dar a los diseñadores, sobre todo a los latinoamericanos, una herramienta que los diferencie y los haga más competitivos.

Pese a estos esfuerzos, Álvaro Piedra, director de exportaciones de la Promotora de Comercio Exterior de Costa Rica, destacó que son muy pocas las marcas en el país que usan productos amigables con el ambiente en sus procesos de confección.

“Algunos de ellos han utilizado fibras hechas de materiales reciclados para realizar sus productos, pero los costos de producción son elevados, la tecnología es diferente y los procesos llevan cada vez más innovación. En este momento no todos pueden competir con ese diferenciador”, agregó Piedra.

Entre la oferta nacional existente está Fabrizzio Berrocal con una línea de pantalonetas de baño en telas de poliéster reciclado del mar y un traje con tecnología wash & go que permitirá lavarlo en cualquier lavadora de hogar, ahorrando así los contaminantes que utilizan negocios de lavado.

El rango de precios de esos productos va desde los $70 hasta $800.

Otro caso es el de la marca de bolsos de cuero Espiga de Trigo que comercializa productos en los que se usan maderas cultivadas y cuero con valor ecológico, tienen un porcentaje mínimo de desperdicio y se asegura un manejo adecuado de aguas.

“La moda es una de las industrias más contaminantes y queremos reducir este impacto a través de materiales más sostenibles, duraderos y una producción ética y artesanal”, destacó Nancy Cordero, vocera de la empresa.

Los artículos actuales de Espiga de Trigo tienen un costo entre los ¢7.000 y ¢65.000.

Finalmente, la también firma costarricense Cruda confecciona zapatos hechos de materiales reutilizados: prendas de cuero de segunda mano y curadas, madera proveniente de antiguas casas demolidas y muebles desechados.

Sus productos son vendidos con precios desde los $100 a los $240.