Laura Ávila. 17 febrero
A pesar de que ambas economías son muy distintas hay lecciones que se pueden extraer del principal socio comercial de Costa Rica. Foto: Jeffrey Zamora
A pesar de que ambas economías son muy distintas hay lecciones que se pueden extraer del principal socio comercial de Costa Rica. Foto: Jeffrey Zamora

En setiembre del 2019, Estados Unidos (EE. UU.) registró 3,5% en la tasa de desempleo, el nivel más bajo de los últimos 50 años. Desde ese mes, el indicador se mantiene sin variación estadística y en enero registró 3,6%, lo que demuestra que la potencia otorga gran estabilidad a los trabajadores y además, brinda la confianza para trasladarse a un puesto de mayor calidad, si fuera el caso.

Para alcanzar la histórica tasa de desempleo, esta nación tomó como una ventana de oportunidad la crisis del 2008, pues después de este bache la potencia norteamericana no solo se recuperó, sino que logró sostener el crecimiento a largo plazo.

Las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (US Bureau of Labor Statistics, por su nombre en inglés), muestran que en enero del 2008 la tasa de desempleo era del 5% y en los meses posteriores continuó al alza, hasta llegar al 10% en octubre de 2009

Sin embargo, 11 años más tarde el contexto es muy diferente. Al 2020 la potencia ostenta la expansión económica más longeva y tiene más de una década de crecer, aseguró el economista Melvin Garita.

Los anterior se debe, en parte, al consumo interno.

“La economía de Estados Unidos depende entre el 68% y el 70% del consumo interno, desde la crisis del 2009 las medidas que tomaron las administraciones de Obama, Trump y la Reserva Federal, aumentaron el ingreso disponible de los hogares, levantaron la expectativa de ventas entre los empresarios y aumentó la inversión”, explicó Adriana Rodríguez, directora de Frecuencia Económica.

En este caso, la Reserva Federal tuvo un papel fundamental, pues la institución redujo las tasas e incidió de manera efectiva en el costo del dinero, los créditos y el nivel de liquidez del sistema.

Al influir sustantivamente sobre estas variables se abarató el crédito, se motivó el consumo y se produjo un dinamismo en la economía.

También incidió la Ley de Empleos y Reducción de Impuestos (TCJA por sus siglas en inglés) con la que se implementaron modificaciones en las deducciones, depreciaciones, gastos, créditos tributarios y otras partidas tributarias que impactaban a las empresas.

A enero de este año, el Sentimiento del Consumidor –indicador que usa la Universidad de Michigan para medir la confianza– se situó en 99,8 y el pasado 14 de febrero subió a 100,9, según el dato preliminar, su mayor nivel en casi dos años. Lo anterior, a pesar del juicio político que atravesó el presidente Donald Trump y la aparición del coronavirus, en China.

Ese indicador refleja que los consumidores tienen gran capacidad para recuperarse; esta resiliencia se debe a la baja en la tasa de desempleo y la inflación, entre otros factores, indicó la universidad estadounidense, en su sitio web.

Durante los primeros dos años de administración, el presidente Donald Trump redujo las regulaciones y ahorró más de $30.000 millones; en el 2018 hubo más empleos vacantes que desempleados con 7,6 millones de ofertas laborales; y en esta coyuntura el optimismo de las pequeñas empresas excedió su promedio histórico en cada mes desde el 2016, señaló la Casa Blanca en su portal web.

Lecciones para Costa Rica

Mientras tanto en Costa Rica se registró la tasa de desempleo más alta desde el 2010; al cuarto trimestre del 2019 esta cerró en 12,4%, según la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Inec).

A pesar de que ambas economías son muy distintas, y no son comparables, existen lecciones que se pueden extraer del principal socio comercial de Costa Rica.

Una, es en relación con los créditos. En EE.UU. la política monetaria es una herramienta muy eficaz para manejar la economía y si se decide bajar las tasas de interés, el efecto es casi inmediato y no hay rezagos, comentó Rodríguez.

El efecto es tanto para los créditos nuevos y los que ya están vigentes, lo que promueve un desahogo en el pago de las mensualidades.

En Costa Rica no pasa lo mismo. Generalmente los préstamos se formalizan con una tasa piso (que es igual a la tasa de interés que está vigente cuando se formaliza el crédito), por lo que si el Banco Central baja las tasas de interés, estas personas no se beneficiarán de la medida, comentó esta economista.

“Si una persona sacó un crédito a tasa básica pasiva hace años y en ese momento la tasa de interés era del 9%, por ejemplo, esa es mi tasa piso. Si en el futuro las tasa de interés disminuye, el crédito no va a bajar de ahí a menos que negocie de nuevo, pero la mayoría de gente no lo hace porque hay multa”, manifestó la directora de Frecuencia Económica.

Por su parte, el economista Melvin Garita considera que el mercado laboral en Costa Rica debe ser más flexible, pues parte del éxito de la potencia norteamericana radica en su flexibilidad.

Para lograrlo, el país requiere de mayores regulaciones que permitan contratar a los trabajadores de acuerdo a las necesidades de cada empresa.

“Las jornadas 4/3 son una necesidad real de las empresas y nosotros no podemos implementar esas jornadas con tranquilidad jurídica”, dijo Garita.

Esta es una de las principales quejas del sector productivo.

Por otro lado, la cantidad de requisitos que se exigen para brindar un servicio profesional, es otro obstáculo.

Establecer una personería jurídica o una pyme –con todos los costos que eso implica– para que una empresa pueda hacer una contratación mediante un outsourcing es otro de los síntomas de la inflexibilidad y por lo tanto, produce obstáculos para la empleabilidad.

La ECE no solo dio a conocer la tasa más alta de desempleo desde el 2010, que fue de 12,4%, sino que también evidenció las brechas que existen entre mujeres y hombres, pues la tasa de desempleo para las primeras fue del 16,7% y para los segundos, del 9,6%.