
Lo que comenzó como una tradición milenaria en Japón y luego se convirtió en tendencia en redes sociales, hoy se transforma en una oportunidad de negocio en Costa Rica. En ese contexto, el auge del té verde matcha no solo impulsa su consumo, sino también el surgimiento de nuevas marcas que buscan posicionarse en un mercado en expansión.
La Nación conversó con los emprendimientos WatchaMatcha y Calma, especializados en el negocio del matcha en el país. Desde Palmares hasta Curridabat, ambas iniciativas surgieron desde cero, impulsadas por el interés de acercar una parte del mercado asiático a Costa Rica.
Pese a los desafíos enfrentados en el camino, ambas propuestas lograron consolidarse en sus respectivas localidades y convertirse en puntos de referencia para quienes buscan probar este producto.
‘La razón principal de consumir matcha es por comunidad’
¿Cómo traer a Costa Rica una bebida que formaba parte de su vida en el extranjero y que no encontraban al regresar? Esa fue la pregunta que dio origen a WatchaMatcha.
Yolybeth Moreno, de origen estadounidense y guatemalteco, y Daniel Moreno, mexicano, se conocieron en California y, tras mudarse a Palmares, decidieron replicar la experiencia del té verde matcha en el cantón.

La iniciativa también respondió a la falta de espacios de encuentro social y de oferta del producto en la zona. Así, apostaron por abrir el primer “matcha bar” de Palmares, enfocado en transmitir la experiencia asiática, pero diversificar con bebidas que varían cada mes e incorporan sabores como lavanda, maracuyá o calabaza, además de repostería con influencias internacionales.
Aunque al inicio enfrentaron dudas y debieron explicar el concepto —pues muchos desconocían el producto y su sabor—, el interés creció con el tiempo.
Hoy, señalan, el local atrae tanto a familias como a personas interesadas en opciones con beneficios para la salud. Este 15 de abril celebraron su primer aniversario y aseguran que ya se expandieron al local contiguo para atender la demanda.

De ventas en Instagram al ‘matcha bar’ en menos de dos años
Lo que comenzó en el 2023 como una página de Instagram para vender infusiones y té, sin local físico, terminó por transformarse en uno de los primeros espacios dedicados al matcha en el país.
Yuliana Calderón, diseñadora de profesión, incursionó en el negocio sin experiencia en importaciones, pero con la premisa de apostar por calidad y educar al consumidor.
En ese proceso, el matcha —hasta entonces un producto poco conocido— empezó a ganar terreno entre sus clientes, impulsado por tendencias de salud y la influencia de la cultura asiática.

El crecimiento fue acelerado. En enero de 2025 abrió su primer “matcha bar”, donde la preparación del producto frente al consumidor se convirtió en parte de la experiencia.
En menos de un año, la demanda la obligó a ella y su equipo a ampliarse a un local más grande. Hoy, el negocio no solo gira en torno a bebidas, sino que incorporó nuevas presentaciones, como repostería y helado de matcha, inspirado en referencias internacionales.
La evolución responde a una mezcla de curiosidad del público, educación constante —incluyendo cursos dedicados a la preparación e historia del matcha— y una oferta que va más allá del producto para centrarse en la experiencia.
