
Este 8 de enero marca el momento de mejor visibilidad del cometa 24P/Schaumasse, un objeto de período corto que completa una órbita alrededor del Sol aproximadamente cada ocho años.
Según información recopilada por el medio especializado Space.com, el cometa alcanza hoy su perihelio, es decir, su punto de mayor cercanía al Sol. En esta fase, el aumento del calor solar provoca la sublimación del hielo en su núcleo, lo que alimenta la coma de gas que refleja la luz solar y eleva su brillo aparente.
El brillo máximo del cometa ronda la magnitud 8, un nivel que lo mantiene fuera del alcance del ojo humano sin ayuda, pero accesible mediante telescopios o binoculares de gran aumento, especialmente bajo cielos oscuros y con baja contaminación lumínica. De acuerdo con los registros, el cometa seguirá siendo observable hasta finales de febrero.
Los datos de The Sky Live indican que actualmente el cometa se encuentra en la constelación de Virgo, con una magnitud observada cercana a 9,5, según el Comet Observers Database (COBS). Desde la Tierra, se ubica a una distancia aproximada de 88,9 millones de kilómetros.
El mejor momento para intentar observarlo ocurre durante las horas previas al amanecer, cuando la constelación de Virgo se eleva con mayor altura sobre el horizonte. Para facilitar la localización, las plataformas de astronomía recomiendan apoyarse en aplicaciones móviles de observación del cielo, que permiten ubicar con precisión la posición del cometa según la ubicación del observador.
El cometa 24P/Schaumasse fue descubierto en diciembre de 1911 por el astrónomo Alexandre Schaumasse, quien lo observó por primera vez con un telescopio de 16 pulgadas ubicado en un observatorio de Niza, Francia. Desde entonces, este objeto ha sido identificado como un cometa de período corto, es decir, uno de los cuerpos helados del sistema solar que regresan de forma periódica a las cercanías del Sol.
De acuerdo con los registros astronómicos citados por Space.com y datos de la NASA, el cometa sigue una órbita que lo lleva más allá de la trayectoria de Júpiter antes de volver a internarse hacia el Sol aproximadamente cada ocho años. Este comportamiento lo convierte en un visitante recurrente del cielo terrestre, cuyo brillo y visibilidad varían en cada paso, dependiendo de su interacción con la radiación solar y de su distancia respecto a la Tierra.