
La historia de Timeo combina medicina de alta complejidad, una enfermedad poco frecuente y una decisión familiar que marcó su vida. Nació en 2018 en Buenos Aires y, a pocos días, presentó valores elevados de bilirrubina que no descendían con el tratamiento habitual. Los estudios confirmaron atresia de las vías biliares, una patología rara que impide el paso de la bilis del hígado al intestino y provoca un deterioro progresivo del órgano.
Ante ese diagnóstico, los médicos indicaron una cirugía de Kasai. La intervención ocurrió a los dos meses de vida y estuvo a cargo del cirujano pediátrico Roberto Puigdevall, pionero en Argentina de esa técnica. La operación duró cinco horas y se realizó en una clínica de San Isidro. Aunque una colangitis leve prolongó la internación durante un mes, el bebé se recuperó.
Seguimiento médico y una infancia casi normal
Tras la cirugía, Timeo continuó con controles médicos estrictos. El seguimiento quedó a cargo de la hepatóloga Ivone Malla en el Hospital Universitario Austral. Durante años, los estudios mostraron un deterioro lento del hígado, pero su calidad de vida se mantuvo estable.
El niño creció activo y curioso. Tenía restricciones alimentarias sin sal y sin azúcar para reducir complicaciones asociadas al mal funcionamiento hepático. Entre ellas figuraban hipertensión portal, várices en el esófago y aumento del tamaño del bazo. Esta última condición limitaba el deporte de contacto, aunque un corsé plástico permitió que practicara actividad física con protección.
En la escuela jugaba básquet y fútbol. Mantenía una vida social normal. Sus compañeros conocían su condición y colaboraban con los cuidados necesarios.
Con el paso del tiempo, el hígado empezó a mostrar señales claras de desgaste. Las enzimas aumentaron y el abdomen se distendió. En diciembre de 2024, durante un control en el Hospital Universitario Austral, el equipo médico informó que el trasplante de hígado debía realizarse en 2025.
El proceso de evaluación inició bajo la coordinación del doctor Martín Fauda, director del área de Hepatología Infantil y Trasplante Hepático Pediátrico del hospital. La madre de Timeo, Justine van Dongen, resultó compatible y quedó definida como donante.
Los estudios concluyeron en julio y fijaron la fecha de las cirugías para el 12 de agosto de 2025. Ambas intervenciones se realizaron el mismo día. Madre e hijo ingresaron casi en simultáneo al quirófano. Las cirugías duraron cuatro horas y media en el caso del niño y tres horas en el de la donante. El fragmento hepático funcionó de inmediato.
Recuperación y evolución positiva
Las primeras horas posteriores al trasplante fueron lentas. Timeo no podía comer ni beber. Dos días después, su evolución mejoró de forma sostenida. Jugó videojuegos desde la cama del hospital y mantuvo buen ánimo pese a las sondas y controles.
Los médicos informaron una evolución excelente. En los controles posteriores, los valores descendieron y las enzimas se normalizaron. Por primera vez, el niño presentó un hepatograma dentro de rangos normales.
Justine también evolucionó sin complicaciones. A los pocos días volvió a caminar por los pasillos del hospital y pudo reencontrarse con su hijo despierto y estable.
En octubre de 2025, Timeo regresó al colegio. Al día siguiente asistió a un campamento escolar. No durmió en carpa, pero participó de los juegos y volvió a jugar fútbol.
En su casa escribió dos tarjetas. A su madre le agradeció por el órgano donado. A su padre, Lucas López Touceda, le agradeció el acompañamiento constante.
Hoy vive en Martínez con su familia. Toma inmunosupresores y otros medicamentos, y mantiene controles periódicos. Juega fútbol y básquet, lee libros infantiles y se integra con facilidad a los grupos de su edad. Su rutina se desarrolla con normalidad bajo seguimiento médico.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
