
La luz de una estrella que explotó hace 40 millones de años llegó a la Tierra el 29 de junio de 2025. Ese día fue detectada como una nueva supernova, designada 2025pht. Lo que parecía un registro más dentro del catálogo astronómico terminó convirtiéndose en un hito: por primera vez, el telescopio espacial James Webb logró identificar la estrella exacta que dio origen a la explosión.
El hallazgo no consistió en observar únicamente el evento reciente. Un equipo de científicos decidió revisar imágenes de archivo captadas en 2024 por el propio Webb.
Al comparar esos datos con observaciones actuales y alinearlos con precisión junto con imágenes del telescopio Hubble, lograron ubicar una supergigante roja exactamente en la misma posición donde hoy brilla la supernova. Esa coincidencia permitió reconstruir la identidad de la estrella antes de su colapso. Los resultados fueron publicados en la revista Astrophysical Journal Letters.
Una pista para un problema antiguo
La relevancia científica del descubrimiento va más allá de la identificación puntual. Desde hace años, la astronomía enfrenta un enigma: las supergigantes rojas más masivas, que en teoría deberían ser las más brillantes antes de explotar, con frecuencia no aparecen en imágenes previas a su muerte.
La estrella localizada por Webb presentaba una característica clave. Era extremadamente roja y estaba rodeada por grandes cantidades de polvo. Ese polvo bloquea las longitudes de onda más cortas de la luz y reduce su visibilidad. Si las estrellas más masivas son también las más polvorientas, podrían estar ocultas en los registros hasta el momento de su explosión. La supernova 2025pht ofrece evidencia concreta que respalda esa hipótesis.
Un entorno rico en carbono
El análisis reveló otro detalle inesperado. El polvo que rodeaba a la estrella sería rico en carbono. Los modelos tradicionales anticipaban una composición dominada por silicatos, por lo que este resultado introduce nuevas preguntas sobre los procesos físicos que ocurren en las etapas finales de estas estrellas.
Una posible explicación es que, poco antes de explotar, la supergigante expulsó material desde su interior, enriqueciendo su entorno inmediato con carbono. Las observaciones en el infrarrojo medio fueron determinantes para identificar esa composición y delimitar el tipo de polvo presente.
Lo que viene ahora
El equipo de investigación busca ahora identificar otras supergigantes rojas con características similares que puedan explotar en el futuro. El próximo telescopio espacial Nancy Grace Roman podría ampliar esa búsqueda gracias a su capacidad en el rango infrarrojo y a su sensibilidad para detectar variaciones en estrellas rodeadas de polvo.