
El Telescopio Espacial Hubble captó una nueva imagen de la Nebulosa del Huevo, ubicada en la constelación de Cygnus. Se trata de la nebulosa preplanetaria más joven y cercana conocida hasta ahora, en una fase breve que antecede a la formación de una nebulosa planetaria.
La Nebulosa del Huevo, también llamada CRL 2688, permite estudiar con detalle la etapa preplanetaria, un periodo que dura pocos miles de años. En esta fase, el gas expulsado por la estrella moribunda aún no se ioniza por completo y brilla principalmente por la luz reflejada desde su núcleo central.
La imagen muestra dos rayos gemelos que emergen desde el interior de un denso disco de polvo. Estos iluminan lóbulos polares que se desplazan a gran velocidad y atraviesan arcos concéntricos más antiguos. Según los astrónomos, las formas y movimientos sugieren interacciones gravitacionales con una o más estrellas compañeras ocultas en el polvo.
Estrellas similares al Sol expulsan sus capas externas cuando agotan el hidrógeno y el helio. El núcleo expuesto alcanza temperaturas elevadas y luego ioniza el gas circundante. Ese proceso origina estructuras brillantes como la Helix Nebula, la Stingray Nebula y la Butterfly Nebula. En el caso de la Nebulosa del Huevo, el sistema aún no alcanza esa etapa.
Los patrones simétricos descartan un evento explosivo como una supernova. Los investigadores atribuyen las formas a episodios coordinados de expulsión de materia desde el núcleo enriquecido en carbono. Ese material constituye parte del polvo cósmico que más tarde da origen a nuevos sistemas estelares y planetarios.
El Hubble observó esta nebulosa en ocasiones anteriores. En 1997 utilizó la cámara NICMOS en infrarrojo cercano. En 2003 la cámara ACS reveló la extensión completa de las ondas de polvo. En 2012 el instrumento WFC3 se enfocó en la nube central y en los flujos de gas. La nueva imagen combina datos previos con observaciones adicionales, lo que permite el análisis más preciso hasta la fecha.
La comparación entre imágenes tomadas a lo largo de más de una década facilita medir cambios en la evolución de la envoltura polvorienta. Estos datos fortalecen los modelos científicos sobre la formación de nebulosas planetarias y otros estallidos estelares similares.
Con más de 35 años de operación, el Telescopio Espacial Hubble mantiene una base de datos de alta resolución que permite revisitar objetos astronómicos en distintas etapas de su transformación.