
El deterioro de los riñones suele avanzar en silencio. Estos órganos filtran cerca de media taza de sangre por minuto mediante alrededor de un millón de nefronas, estructuras encargadas de separar nutrientes de desechos. Una alimentación inadecuada altera ese equilibrio y favorece enfermedades crónicas.
Especialistas en nefrología advierten que muchas personas presentan daño renal sin síntomas claros. El médico nefrólogo Gabriel Lapman explicó que padecimientos como obesidad, hipertensión arterial y diabetes tipo 2 figuran entre las principales causas de los problemas renales. Estas condiciones mantienen una relación directa con la dieta cotidiana.
Tres grupos de alimentos que requieren control
La Enfermedad Renal Crónica (ERC) depende en gran medida de lo que se consume a diario. Estudios científicos identificaron tres grupos de alimentos que generan un impacto negativo progresivo en los riñones.
Azúcares industriales y bebidas edulcoradas
El consumo excesivo de azúcares añadidos se asocia con resistencia a la insulina, aumento de peso y elevación del ácido úrico. Un metaanálisis publicado en el Journal of Nephrology señaló que el riesgo de daño renal aumenta en personas que ingieren más de siete bebidas azucaradas por semana, entre gaseosas y jugos industriales.
Comidas con alto contenido de sodio
La sal en exceso eleva la presión arterial y daña los vasos sanguíneos del riñón. La Fundación Nacional del Riñón advirtió que muchos alimentos congelados superan los 1.000 miligramos de sodio por porción. Para personas con hipertensión o afecciones renales, la recomendación es no sobrepasar los 1.500 miligramos diarios.
Alimentos con alta densidad de potasio como la papa
En individuos sanos, el potasio se elimina sin dificultad. En pacientes con ERC, esa función se reduce. Investigaciones sobre ingesta de potasio indicaron que este mineral, cuando proviene de la papa, eleva los niveles en sangre con mayor rapidez que otros vegetales. Esta condición aumenta el riesgo de alteraciones en el ritmo cardíaco.
Consecuencias de una filtración deficiente
Cuando los riñones pierden capacidad de depuración, el impacto alcanza a todo el organismo. La nutricionista María Clara Delucchi, del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó que el mal funcionamiento renal se relaciona con anemia, trastornos cardiovasculares, debilitamiento óseo y aumento sostenido de la presión arterial.
La evidencia científica señaló que la dieta representa el factor de riesgo más determinante en la discapacidad o mortalidad asociada a enfermedades renales. El control del consumo de sales, azúcares y ciertos minerales figura como una de las principales medidas para preservar la salud renal.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
