Salud

Secuelas neurológicas y psiquiátricas de covid-19 pueden persistir por más de dos años

Estudio dio seguimiento a 1,3 millones de personas que tuvieron covid-19 y encontró riesgo aumentado de problemas en comparación con quienes sufrieron otros males respiratorios

Las manifestaciones de la covid-19 no se limitan a tos, algo de fiebre, dolor de garganta y dificultad respiratoria. Tampoco se limitan a una semana. En algunas personas, los síntomas neurológicos y psiquiátricos persisten incluso por dos años y su incidencia es mayor al compararse con otros virus respiratorios.

Dentro de los padecimientos hay síntomas de depresión y ansiedad, pero el riesgo aumentado de mayor duración es el deterioro cognitivo, también llamado “niebla mental”. Hay psicosis, convulsiones y demencia, esta última se vio principalmente, pero no de forma exclusiva, en adultos mayores).

Estos casos se ven en una minoría de personas que tuvieron el virus, pero existen y deben tomarse en cuenta. Una investigación de la Universidad de Oxford publicado este miércoles en la revista The Lancet Psychiatry dio seguimiento a 1,3 millones de personas que tuvieron covid-19 entre el 20 de enero de 2020 y el 13 de abril de 2022. Estos individuos se dividieron por grupo de edad y se compararon con pacientes de otras enfermedades respiratorias, quienes actuaron como grupo de control.

“Confirmamos hallazgos anteriores de que covid-19 puede incrementar el riesgo de algunas condiciones neurológicas en los primeros seis meses después de la infección, pero este estudio sugiere que esta situación puede durar hasta dos años”, manifestó Paul Harrison, coordinador del estudio.

“Estos resultados tienen implicaciones importantes para los pacientes y para los servicios de salud, pues sugiere que las condiciones neurológicas ligadas a la covid-19 pueden aflorar después de la parte más fuerte de la pandemia. Nuestro trabajo hace ver la necesidad de investigar qué sucede después de la covid-19 y cómo podemos prevenir o tratar esas condiciones”, añadió.

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Los investigadores tomaron los datos de estos 1.284.437 pacientes, cuya información provenía de bases de Estados Unidos, Reino Unido, India, España, Bulgaria y Malasia y los dividieron según grupos de edad. Había 185.748 menores de 18 años, 856.588 adultos entre 18 y 64 años, y 242.101 mayores de 65 años. A cada uno de ellos se le asignó una persona de su mismo grupo de edad con diagnóstico de otra enfermedad respiratoria, se procuró que tuvieran la misma época de diagnóstico.

También se comparó entre el grupo de quienes tuvieron covid-19, según las olas de la pandemia. Por ejemplo, se comparó a las 47.675 personas que se infectaron en la época de la variante alfa, a las 44.835 del período de delta y a las 39.845 del período de ómicron con 132.355 personas que se infectaron durante la primera etapa de la covid-19, cuando eran variantes más similares a la original de Wuhan.

Los autores advirtieron, sin embargo, que hay limitaciones que deben considerarse, por ejemplo, la cantidad de casos asintomáticos o diagnosticados por una autoprueba que no se ven en este tipo de expedientes. Además, falta investigar más a fondo la duración y la severidad de estas condiciones neurológicas y psiquiátricas.

El estudio encontró que, en los adultos y adultos mayores, el riesgo de depresión y de ansiedad sí aumentó posterior a la infección con SARS-CoV-2, pero luego se redujo al nivel de las otras enfermedades respiratorias. A la depresión le tomó 43 días igualarse con el grupo de control, a la ansiedad, 58. Cuando se analizó a los dos años, no se encontró diferencia, se vieron unos 1.100 casos de depresión por cada 10.000 personas y unos 1.800 de ansiedad por cada 10.000 personas.

Sin embargo, sí hubo cambios con otras condiciones neurológicas y mentales. Por ejemplo, en el grupo de edad de 18 a 64 el déficit cognitivo o “niebla mental” fue de 640 casos por 10.000 personas en el grupo de covid-19 y de 550 en el grupo de control. En los adultos mayores 1.540 casos cada 10.000 personas, contra 1.230 en el grupo de control.

La demencia, en los adultos mayores, se vio en 450 casos por cada 10.000 en el grupo de covid-19, mientras que en el grupo de control fue de 330 casos. Los desórdenes psicóticos se dieron en 85 personas por cada 10.000 en el primer grupo y en 60 en el de control.

En los niños, las condiciones fueron mucho más infrecuentes que en los adultos. No hubo diferencias en el riesgo de depresión y ansiedad. Pero los menores sí eran más proclives a ser diagnosticados con otros males neurológicos como convulsiones (260 por cada 10.000 niños en el grupo covid-19, 130 en el de control) y desórdenes psicóticos, que se vieron en 18 casos por cada 10.000 niños con covid-19 versus 6 por cada 10.000 en el grupo de otras enfermedades respiratorias.

“Nuestros hallazgos dan nueva luz a los efectos a más largo plazo que tienen las personas con covid-19. Las buenas noticias son que los riesgos de depresión y ansiedad no son mayores y que los niños no tienen mayor impacto. Sin embargo, sí es preocupante que otras condiciones, como la demencia y las convulsiones sí sean más frecuentes, incluso dos años después del diagnóstico”, señaló Max Taquet, uno de los investigadores.

Cuando se compararon los resultados según la variante, se vio que no hubo cambios entre la variante alfa y las anteriores, pero sí con la llegada de delta. Seis meses después se vio un riesgo aumentado de ansiedad en un 10%, de insomnio en 19%, de déficit cognitivo o “niebla mental” de 38%, y de epilepsia o convulsiones del 26% y de accidentes cerebrovasculares, en un 27%.

Sin embargo, se vio menos riesgo de demencia: con delta se vio un reducción de 40% en relación con olas anteriores.

Los riesgos observados durante la ola de ómicron fueron similares a los de la ola de delta.

“El surgimiento de la variante delta se asoció con un aumento en muchas condiciones, sin embargo, es importante hacer notar que los riesgos de estas condiciones siguen siendo bajos”, destacó Taquet.

Esta edición de The Lancet Psychiatry también contiene un comentario de Jonathan Rogers y Glyn Lewis, especialistas que han estudiado las consecuencias neurológicas de la covid-19 anteriormente, pero no participaron de este estudio.

“Conforme salimos de la fase aguda de la pandemia es crítico entender que hay riesgos persistentes de discapacidad o enfermedad. Este estudio es importante por eso, es el primero en examinar algunos de los aspectos neurológicos y psiquiátricos de la covid-19 a tan largo plazo. Abre la puerta para mayor investigación, que sí es requerida para entender mejor el fenómeno”, concluyeron.

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