Irene Rodríguez. 4 noviembre
La hipertensión arterial es la enfermedad crónica más común en el mundo. Este mal se caracteriza por un aumento sostenido de la presión arterial. Fotografía: Archivo/Shutterstock
La hipertensión arterial es la enfermedad crónica más común en el mundo. Este mal se caracteriza por un aumento sostenido de la presión arterial. Fotografía: Archivo/Shutterstock

Cada vez que estamos sentados y nos ponemos de pie nuestra presión arterial cae vertiginosamente. No obstante, terminaciones nerviosas llamadas barorreceptores actúan en cuestión de fracciones de segundo y le indican a nuestro corazón que debe bombear más sangre para así normalizar la situación.

Por esto, no nos desmayamos y ni siquiera nos sentimos incómodos.

La ciencia conocía la existencia de este fenómeno desde hace años, pero investigadores de diversas ramas se cuestionaban por qué sucedía. Era un misterio. Durante más de 100 años no se halló una respuesta.

Científicos del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla, California, EE. UU., dieron con la llave para este enigma. Y este descubrimiento podría ser la clave para –dentro de muchos años y muchas pruebas de laboratorio– hallar nuevos medicamentos contra esta enfermedad crónica, la más común en el mundo.

Los barorreceptores se adaptan cuando realizamos cualquier actividad, no solamente cuando realizamos ejercicio o nos llevamos una emoción fuerte. La ciencia sabía de este fenómeno desde hace años, pero desconocía cómo se llevaba a cabo, y eso es precisamente lo que el equipo liderado por Wei-Zheng Zeng encontró: dos proteínas decisivas para esto.

Estas proteínas se llaman PIEZO1 y PIEZO2, y su misión consiste en “sentir” esos cambios de presión, clasificarlos y enviar señales para que el sistema circulatorio se regule. Los científicos bautizaron este proceso como mecnotrasducción.

El estudio paso por paso

El documento, publicado en la más reciente edición de la revista Science, explica cómo los científicos llegaron a estas conclusiones.

El primer sitio de estudio fue en células de laboratorio. Allí, los investigadores comprobaron que los genes que codifican estas proteínas se expresan justamente en las neuronas responsables de este reflejo.

Posteriormente, ellos investigaron en ratones y vieron que ambas proteínas son imprescindibles para mantener la presión arterial.

¿Cómo lo hicieron? En el laboratorio “desactivaron” ambos genes para que no codificaran estas proteínas, inmediatamente la presión arterial y la frecuencia cardíaca (velocidad de latidos del corazón) se desplomaron. Cuando probaron silenciar solo un gen, la respuesta era menor, pero igual se registraban bajas tanto en la circulación como en los latidos cardíacos.

“En este momento estamos en una investigación de ciencia básica, pero sabemos que podría tener implicaciones para la medicina. Estas proteínas podrían ser ‘dardos terapéuticos’ para buscar medicamentos que ayuden a personas con hipertensión con resistencia a drogas (en la que las personas no responden al tratamiento”, señaló Zeng en un comunicado de prensa.

Kara Marshall, coautora del estudio, añade: “Ahora sabemos la identidad de estos ‘sensores de la presión arterial’ y nos alegra saber que puede haber esperanza para quienes no tienen una forma fácil de tratar esta enfermedad”.

Por ahora, los científicos recomiendan estudiar más cómo las proteínas PIEZO1 y PIEZO2 trabajan juntas y cómo pueden influir en diferentes poblaciones de neuronas.

“También nos interesa entender cómo los diferentes genes de las personas pueden afectar la regulación y función de estas proteínas y, con ello, afectar la presión arterial”, expresó Marshall.

La importancia del hallazgo

Más allá del mérito científico, esto abre la puerta de tratamientos de una enfermedad que afecta a millones de personas en el mundo.

Cerca de un 10% de ellas es resistente a los medicamentos comunes y el control se torna más complicado para los médicos, quienes deben recurrir a mayores combinaciones de fármacos o buscar otro tipo de procecimientos médicos. Uno de los mayores problemas con la hipertensión es que si no se controla esta afecta a los órganos mayores del cuerpo.

El corazón es de los que más sufre con una presión arterial fuera de control. La obstrucción de las paredes de las arterias hace que sea más difícil para la sangre llegar al corazón y que este pueda bombearla.

Además, las paredes de este órgano se engrosan para transportar mejor la sangre, pero esto también disminuye el espacio en el órgano.